Últimas palabras: epitafios curiosos de escritores (II)

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Las palabras definitivas antes de entregar nuestra carne a la eternidad: seguimos con algunos epitafios de escritores, como ya empezamos con la primera entrega de esta serie de posts.

H.P. Lovecraft

“Yo soy Providence.”
El más grande e influyente escritor norteamericano del género de terror murió a los 47 años en su ciudad natal. Dejó tras de sí una obra que con el tiempo sería considerada como un hito en la historia del horror literario. El epitafio de su tumba no fue idea suya: el pequeño monumento fue pagado por sus admiradores muchos años después, y se puso como lema una de sus características despedidas postales.

Marqués de Sade

“Epitafio a D.A.F., Marqués de Sade,
arrestado bajo todos los regímenes:
Paseante, arrodíllate para rezar
por el más desdichado de los hombres.
Nació en el siglo pasado
y murió en el que vivimos.
El despotismo, con su horrible mueca
en todo momento le hizo la guerra.
Bajo los reyes, ese monstruo odioso
se apoderó de su vida entera;
bajo el Terror reaparece
y pone a Sade al borde del abismo;
Bajo el Consulado revive:
Sade vuelve a ser la víctima.”
El polémico escritor murió en el psiquiátrico de Charenton, después de haber sido declarado loco debido a sus relatos pornográficos (como podéis ver ficcionalizado en la película ‘Quills’).

Mariano José de Larra

“Aquí yace media España,
murió de la otra media”.
Uno de los más representativos autores del Romanticismo español, Larra se suicidó a los 28 años de un disparo. Este famoso epitafio lo dedicó el escritor y periodista a su país, pero en su tumba con consta ningún escrito.

Octavio Paz

“Quiso cantar, cantar para olvidar su vida verdadera de mentiras
y recordarsu mentirosa vida de verdades.”
El gran poeta y ensayista Octavio Paz muró en 1998, a los 84 años. Premio Nobel de Literatura 1990, se le considera uno de los más grandes escritores del siglo XX.

Jonathan Swift

“Aquí yace el cuerpo de Jonathan Swift, doctor en Sacrosanta Teología, deán de esta catedral, donde la feroz cólera ya no puede lacerar su corazón. Sigue adelante, viajero, e imítale si puedes, ya que fue un hombre que por encima de todo defendió la libertad.”
El celebre autor de ‘Los viajes de Gulliver‘ escribió su propio epitafio en latín, y años más tarde lo tradujo al inglés el gran poeta Yeats. Fue enterrado al lado de su amor de toda la vida, Esther Johnson, con quien al parecer se había casado en secreto.

William Shakespeare

Epitafio de Shakespeare en Stratford. Epitafio de Shakespeare en Stratford.
“Buen amigo, por Jesús, abstente
de cavar el polvo aquí encerrado.
Bendito sea el hombre que respete estas piedras
y maldito el que remueva mis huesos.”
Esta advertencia que hacía el bardo de Avon venía a cuento porque en la época era muy usual que los cuerpos se sacaran de las tumbas para enterrar cadáverres más recientes y así aprovechar el espacio. Shakespeare murió el 23 de abril de 1616 a la edad de 53 años. Fue enterrado en el presbiterio de la iglesia de la Santísima Trinidad de Stratford, su pueblo natal.

William Butler Yeats

“Con una fría mirada
a la vida, a la muerte.
¡Jinete, pasa!”
Los versos de la tumba del poeta y dramaturgo irlandés, que murió a los 73 años en un hotel de Francia, fueron tomados de uno de sus últimos poemas: ‘Under Ben Bulben’.

Charles Bukowski

“No lo intentéis.”
El provocador escritor norteamericano murió de leucemia poco después de terminar su última novela, ‘Pulp’. Según su esposa, el enigmático epitafio quiere decir que no hay que “intentar” hacer las cosas, sino hacerlas directamente (ya sabéis, el lema que también decía Yoda en ‘Star Wars’).

Emily Dickinson

“Me llaman.”
Fue una de las poetisas norteamericanas más admiradas, pese a que sólo publicó en vida siete poemas. Poco después de su muerte, su hermana Vinnie encontraba en su habitación más de 800 poemás inéditos.

John Keats

“Esta tumba contiene todo cuanto fue mortal de un joven poeta inglés, quien en su lecho de muerte, en la amargura de su corazón, en el poder malicioso de sus enemigos, deseó que grabaran estas palabras en su sepultura: ‘Aquí yace aquel cuyo nombre fue escrito en el agua’.”
El poeta romántico quería que sólo constara el último verso en su tumba, el resto fue añadido por sus amigos Joseph Severn, pintor y cónsul en Roma, y Charles Brown. Keats murió en Roma de tuberculosis, tras una breve estancia en la ciudad.

Próximamente continuaremos con más epitafios en la última entrega de esta serie de artículos.

Fuente | ‘El libro de los finales’, de Albert Angelo (Ed. El Aleph)
En Papel en Blanco | Últimas palabras: epitafios curiosos de escritores (I)
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