Ésta es una antología de cuentos fundamentalmente ucrónica. Si una utopía es (ou = ningún; topos/topia = lugar, localización) un lugar inventado, una ucronía es una reformulación lógica de los acontecimientos históricos en base a uno o más cambios en la historia; algo así como “qué hubiera pasado si…”. En Páginas perdidas, del originalísimo e iconoclasta Paul di Filippo, sólo hallaremos salvajes ucronías protagonizadas por personajes conocidos por muchos. Y todas ellas están organizadas por décadas: una ambientada en los años 20, dos en los años 30, otras dos en los años 40, una más en los años 50 y finalmente tres más en los años 60. En total, 10 ucronías; la primera, sin embargo, es un pequeño ensayo que trata sobre las causas del declive de la ciencia ficción.
La mayoría de la obra de Paul Fi Filippo (Rhode Island, 1954) continúa inédita en España, pero sin duda esta antología captura toda la esencia poliédrica de un autor inclasificable. Todo sazonado con sentido del humor, algo de surrealismo y mucha reflexión soterrada.
Así pues, dejando aparte el ensayo que abre la antología, que recurre a la emisión de un episodio de Star Trek para reflexionar acerca de la percepción que tiene la gente sobre un género tan serio y profundo como es la ciencia ficción, el resto de cuentos poseen unos argumentos tan disparatados que uno, por morbosa curiosidad, no puede evitar lanzarse a leerlos con fruición.
Por ejemplo, El último caso de la Grajilla está protagonizado por un Franz Kafka que viven en Nueva York y que, en los años 20, trabaja como redactor en una columna que tiene bastante de consultorio sentimental. Por las noches, no obstante, Kafka se pone un disfraz de superhéroe político. Ana está protagonizado por Ana Frank, pero una Ana Frank que logra escapar de las garras nazis para trasladarse a Estados Unidos, convertirse en estrella de Hollywood y protagonizar la adaptación cinematográfica de El mago de Oz, sustituyendo así a Judy Garland.
En el resto de historias aparecen el autor de El principito, Saint-Exupery, que se estrella en el Valle Feliz, perdido en Kenia, mientras escapa de una epidemia mundial; el famoso editor de ciencia ficción Joseph Campbell; Von Neuman; Thomas Pynchon, Philip K. Dick; Alfred Bester; Theodore Sturgeon… la lista es grande.
Uno pudiera pensar que el uso de todos estos personajes mundialmente conocidos sea un cebo del autor para atraer a los lectores. Puede haber de eso, quién sabe. Pero en la mayoría de ocasiones, los personajes están perfectamente integrados en la historia: las historias no serían lo mismo sin ellos. Y en otros cuentos, los guiños de los personajes que aparecen pueden ser tan exclusivos que a muchos les pillará desprevenidos. Por ejemplo, ¿cuántos de nosotros captarán la ironía de que el presidente de los Estados Unidos sea nada menos que el escritor Robert Heinlein? Sólo los que hayan leído su obra y sepan de sus ideas fascistoides.
Así pues, Paul di Fillipo no pretende atraer a lectores comunes, aunque a primera visto pudiera parecerlo. El lector que de verdad quiera disfrutar de este Páginas Perdidas en toda su amplitud, con toda su retranca, no deberá quedarse en la superficie idiosincrásica de los famosos que lo protagonizan. Más allá hay mucho mordiente. Aunque el autor lo presente todo con una simplicidad estilística y formal que sería capaz de atrapar la atención de un adicto a la playstation. Quizá el cuento más experimental a nivel formal sea el de Inestabilidad, en el que Von Neuman protagoniza un viaje sexual a Las Vegas, de modo que he escogido un fragmento de este cuento para ilustrar la reseña:
Jack y Neal, vagos y malditos, están sentados en los escalones del desvencijado portal de la chabola en Texas de Bill Borroughs. Borroughs está fuera, en el patio, catatónico en su caja de orange, una copia de los códices mayas sobre su regazo. Ya se había metido morfina dos veces hoy. Neal está limpiando las semillas de una caja de zapatos llena de marijuana. El tiempo pasa denso y lento como la miel. En la distancia, el silbido del mediodía de la compañía de entrega suena largo, agudo e insistente. La compañía de entrega es una fábrica donde cortan en pedazos a las vacas que están demasiado enfermas para enviarlas a Chicago. Disparan y cortan y cocinan para sebo y consomé enlatado de cáncer.
Editorial Grupo Ajec
Colección Albemuth Internacional
238 páginas

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