'Cuentos desde el Reino Peligroso', de J.R.R. Tolkien

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Cuentos desde el Reino Peligroso


Fantasía es una tierra peligrosa, con trampas para los incautos y mazmorras para los temerarios. Fantasía no puede quedar atrapada en una red de palabras; porque una de sus cualidades es la de ser indescriptible, aunque no imperceptible.

Hacía años que no leía a Tolkien, de quien, confieso, hasta ahora sólo conocía su obra más importante (‘El Señor de los Anillos’) y sus “anexos” (‘El Hobbit’ y ‘El Silmarillion’). Me enfrenté a estos Cuentos desde el Reino Peligroso con cierto temor a encontrarme con textos de calidad e interés muy inferior a los mencionados que, en cada nueva lectura, sigo encontrando maravillosos. Sin embargo, se trata de una curiosa y acertada selección de cinco relatos y una conferencia que nos ofrecen una visión bastante ajustada de la evolución de Tolkien como escritor de textos fantásticos. Para broche, el volumen se completa con las siempre bellísimas ilustraciones de Alan Lee, también autor del epílogo.

Eso sí, admito que me salté las normas derivadas del índice y comencé la lectura por el final, es decir, por la conferencia titulada ‘Sobre los cuentos de hadas’ que Tolkien impartió en 1939. Ya sólo por ella vale la pena el libro. No me arrepiento de mi “trampa”, pues me permitió apreciar los textos bajo una perspectiva global, valorarlos dentro de la trayectoria del autor.

Tras haber concluido el libro me doy cuenta de que mi favoritismo hacia un relato u otro sigue exactamente el orden marcado, que no es más que el orden “evolutivo” de la propia literatura de Tolkien.

El volumen se inicia con ‘Roverandom’, cuento que no se publicó hasta 1998 pero que surgió como narración oral en 1925. Rover o Roverandom es un pequeño perro que, como castigo por ofender a un mago, es convertido en un minúsculo perro de juguete; a partir de ahí, el autor nos cuenta sus aventuras por diversos escenarios. De todos, es el relato más infantil, literariamente más sencillo, aunque cargado de imaginación y elementos fantásticos muy sugerentes; una historia que me hubiera encantado leer de niña.

‘Egidio, el granjero de Ham’ abandona ya el tono inocente, refleja un humor más adulto (más pícaro), bucea en la tradición y juega con el lector, de hecho se nos presenta como una traducción de un texto latino. Egidio es un apacible granjero que, prácticamente por azar, se ve implicado en una lucha contra gigantes y dragones (casi como Bilbo en ‘El Hobbit’).

Llegamos a ‘Las aventuras de Tom Bombadil’, uno de los personajes más misteriosos de ‘El Señor de los Anillos’. No estamos ante un relato sino ante dieciséis poemas escritos en épocas muy diferentes y publicados, en su mayoría, entre 1920 y 1930 de forma dispersa. En 1962 Tolkien los revisó en profundidad y, aprovechando que para entonces ‘El Señor de los Anillos’ era bien conocido, los integró en esa obra como si se tratara de anotaciones marginales. Esto le permitió añadir versos muy distintos que no tenían conexión directa con la Tierra Media. Las ilustraciones de Alan Lee que me han resultado más sugerentes pertenecen a esta parte.

Los últimos dos relatos son los de corte más adulto, también más agridulce y donde el autor nos introduce en el País de las Hadas con mayor profundidad. En ‘El herrero de Wotton Mayor’ se nos acerca a Fantasía precisamente desde la incredulidad. Es un texto dulce, triste, con ese halo de misterio que, en el fondo, nunca debería faltar en un cuento de hadas.

Finalmente, en ‘Hoja de Niggle’ vemos una especie de “testamento literario” de Tolkien; por algo se afirma que contiene fuertes elementos autodescriptivos. Parece que el origen de la historia fue un sueño angustioso, como angustiosos son los días que Niggle pasa sin concluir su gran cuadro, o como los que quizás atravesaba Tolkien en esa época, con el texto de ‘El Señor de los Anillos’ que avanzaba con lentitud y el del ‘Silmarillion’ que llevaba redactando desde hacía veinte años. En ‘Hoja de Niggle’ Tolkien nos presenta su idea de otro mundo, aquel en el que los sueños se cumplen, aunque el primero, el “real” siga siendo tan triste como al principio. Niggle se adentra en sus pinturas, como Tolkien lo hizo en su literatura.

Leídos los cinco relatos, la conferencia sobre los cuentos de hadas es una perla inmejorable que nos ayuda a articular las páginas anteriores. En ella, Tolkien intenta responder a cuestiones como qué son los cuentos de hadas, cuál es su origen o para qué sirven, y comienza narrando su interés por ellos a través del estudio filológico (como queda bien demostrado con las distintas lenguas que creó para sus pueblos literarios). Sorprende leer que no se consideraba ni mucho menos un experto en el género, sino más bien un “explorador sin rumbo”.

Lo más destacable de la conferencia es la reflexión que hace sobre la importancia de la fantasía y sobre el desprestigio que ésta ha tenido a lo largo de la historia, recluida al ámbito infantil y considerada impropia de un adulto. Tolkien niega con rotundidad la vinculación del género únicamente al público infantil, y afirma que no son los niños quiénes más valorarán y más cosas obtendrán de su lectura. Después del valor artístico, lo que nos ofrecen los cuentos de hadas son “Fantasía, Renovación, Evasión y Consuelo”, valores todos que precisan más los adultos que los niños. La fantasía, innata al ser humano, no contradice a la razón: la Fantasía creativa se basa […] en el reconocimiento de una realidad, pero no de la esclavitud a ella.

Su gran desventaja es que es difícil de alcanzar, por este motivo en muchas ocasiones se recurre a ella con ligereza.

Crear un Mundo Secundario en el que un sol verde resulte admisible, imponiendo una Creencia Secundaria, ha de requerir con toda certeza esfuerzo e intelecto, y ha de exigir una habilidad especial, algo así como la destreza élfica. Pocos se atreven con tareas tan arriesgadas. Pero cuando se intentan y se alcanzan nos encontramos ante un raro logro de Arte: auténtico arte narrativo, fabulación en un estadio primario y más puro.

Para mí Tolkien logró todo eso. Me creo a sus hobitts, a sus orcos y a sus elfos. Me creo el paisaje de Niggle y el poder de la estrella plateada. De hecho, lo que me costaría sería no creer en la existencia de esos mundos.

Editorial Minotauro
400 páginas

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