‘El mapa del cielo’ de Félix J. Palma

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La química y el misticismo están íntimamente ligados. Sin drogas, sobre todo enteógenas, las religiones no hubieran proliferado como lo han hecho. Creer en lo increíble siempre ha sido la verdadera función del soma védico, el maná judío, el vino báquico, el cáñamo indio, el peyote mexicano, la ayahuasca amazónica o el kava Fiji.

O la de la literatura.

En ese sentido, El mapa del cielo, segunda entrega conceptual de la trilogía iniciada con El mapa del tiempo, es pura química literaria, droga ficcional, el néctar lisérgico para creer en lo imposible. En este caso, una inverosímil invasión marciana con reminiscencias de la emisión radiofónica de La guerra de los mundos con la que Orson Welles hizo creer a miles de personas que la ficción se mezclaba con la realidad. Y todo por amor. Es decir, la seducción de las palabras, la seducción de la fantasía, la seducción del engaño, en este caso en forma de literatura (en otros casos, en forma de plantas y mejunjes enteógenos).

Pero Félix J. Palma (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1968) añade más elementos atractivos a su obra, más ingredientes psicotrópicos. Por ejemplo, el misterio que escondía Edgar Allan Poe, quien dará a conocer una versión del origen de La narración de Arthur Gordon Pym. O un encuentro con alienígenas en el contexto de una expedición a la Antártida, a bordo del ballenero Annawan, con el aventurero Jeremiah Reynolds como líder, en busca del pasaje a las entrañas de la Tierra, que nos remitirá poderosamente a La cosa, el filme de John Carpenter.

Y Emma Harlow, la mujer que solo se enamorará del millonario Montgomery Gilmore si éste consigue reproducir la invasión marciana descrita en La guerra de los mundos.

Si bien la primera parte de este tríptico victoriano, El mapa del tiempo (Premio Ateneo de Sevilla 2008), un thriller con viajes en el tiempo con guiños a la saga Terminator protagonizado por H. G. Wells, resultó toda una sorpresa, El mapa del cielo no queda relegado a un segundo puesto. Repite fórmula, repite algunos personajes, y sin embargo consigue atrapar al lector desde la primera página, como una buena novela de aventuras.

Quizá la única pega del libro es esa voz omnisciente del narrador que, en ocasiones, se dirige con un exceso de complicidad y compadreo al lector (imitando al mercachifle que vende folletines decimonónicos), y que resulta un tanto cargante o demasiado meliflua. Afortunadamente, ocurre en pocos momentos. Y ya en un plano más personal, como lector que ha seguido los pasos de Félix J. Palma desde su inicios, echo un poco de menos aquella prosa suya más culterana y henchida de figuras estilísticas que tanto le caracterizaba.

Con todo, leer a Palma siempre es una delicia, tanto por la musicalidad de su prosa como por la inteligencia y los continuos guiños que hay diseminadas por la trama.

La conclusión de la trilogía victoriana llegará en 2014 y combinará la historia de El hombre invisible, de H. G. Wells, y El sabueso de los Baskerville, de Arthur Conan Doyle, más una buena dosis de espiritismo, según ha adelantado Palma. Habrá que permanecer atentos para recibir nuestra próxima dosis de droga ficcional, la que nos hace soñar más que ninguna otra, tal y como se refiere precisamente en El mapa del cielo:

Esos fueron los inesperados efectos que la broma de Locke tuvo sobre la sociedad americana, por lo que fue él quien, tras vencer su propia incredulidad, extrajo una lección de todo ello: el hombre necesitaba soñar. Sí, necesitaba creer en los espejismos, creer que su vida era algo más que la miserable y hostil realidad que lo asfixiaba. Y él había sido un sastre lo suficientemente habilidoso como para confeccionar una ilusión a medida para aquel hombre desencantado.

Editorial PLAZA & JANÉS
744 páginas
ISBN: 9788401339554

Sitio Oficial | El mapa del cielo

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