'La Naranja Mecánica', de Anthony Burgess

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La Naranja Mecánica

La palabra “clásico” es una de esas con las que se nos llenan la boca y nos gusta pronunciarla para hablar, normalmente bien, de una obra. Ya sea película, cómic, libro… Es un término o condición que normalmente adjudicamos a las obras más o menos antiguas (ya la edad no importa) que han marcado mucho el género en el que nos encontremos. Creo que ‘La Naranja Mecánica‘, que cumplió recientemente medio siglo desde su publicación, reúne todas las condiciones para ser un clásico de la literatura.

Evidentemente no he sido el primero, ni seré el último, en tratar esta obra como un clásico. Pero si bien hay obras “clásicas” que solo lo son por haber sido publicadas hace más de una cantidad al azar de años hay otras que lo son por méritos propios. Creo que ‘La Naranja Mecánica’ es más de la segunda clase, aunque su fama se deba principalmente a la mutilada adaptación de Stanley Kubrick.

‘La Naranja Mecánica’, del cual ha sacado hace poco Minotauro una edición 50 Aniversario, nos cuenta la historia de Álex, un joven que se dedica con sus amigos a divertirse. Principalmente a través del sexo y de la ultraviolencia, como se denomina en el futuro en el que se desarrolla esta historia. Veremos en tres actos la evolución de Álex. De delincuente juvenil a preso reformado y de ahí a hombre libre condicionado, tras un experimental proceso de condicionamiento de aversión a la violencia.

Álex y sus circunstancias

Anthony Burgess elige relatar esta historia desde el punto de vista de Álex, que se llama a sí mismo “Vuestro Humilde Narrador”, ejerciendo como tal y narrando en primera persona sus vivencias. Una decisión que se me antoja de las más acertadas del libro ya que mientras que en otras novelas narradas en primera persona da casi igual que si fuera en tercera, en esta aprovecha no solo para plantar todo un léxico nadsat, jerga de los adolescentes de la época, sino que Álex nos desnuda su alma de una manera fascinante. Logramos empatizar con él e incluso entenderle incluso en la más rara de sus decisiones. Y eso es algo que no siempre pasa en la literatura.

Lo que hace Burgess es invitarnos a conocer a un Álex lleno de matices. Eso sí, al igual que vemos todos los matices de Álex no somos capaces de detectar la profundidad de los demás. Un sacrificio que hace Burgess para ser coherente con la visión del mundo del protagonista. No llegamos a conocer del todo bien a los “Hermanos” de Álex: Pete, Georgie y el Lerdo, y cuando se habla de ellos es siempre desde el filtro distorsionado de Álex.

¿Condicionamiento o maduración?

El hecho de que ‘La Naranja Mecánica’ cuente con una adaptación mucho más famosa y referenciada que la obra original ocasiona el problema de que los que hayamos leído el libro pensemos en dos finales. La película, siguiendo la edición americana (de la que partió la primera edición española), carece del capítulo 21, una suerte de epílogo que otorga al libro un nuevo nivel.

O más que nivel un nuevo tema, uno que no había aparecido hasta entonces… ¿hasta que punto puede madurar una persona? ¿ha sido solo una “adolescencia rebelde”? ¿hacía de verdad falta el condicionamiento, ese llamado método “Ludovico”? ¿o es precisamente toda la experiencia del pasado lo que le ha hecho salir adelante?

Burgess confiesa en la introducción de esta edición que una de las razones por las que menosprecia esta obra es que le salió más moralista que artística. Que al intentar destacar, predicar como él dice, la importancia de la elección moral traiciona lo que debe ser un buen libro. Sinceramente, si bien es un aspecto bastante presente en el libro, no me sentí “predicado”.

Por último, mención aparte merece el uso del vocabulario nadsat, que bebe del ruso y del cockney principalmente, para escribir el libro. Al principio cuesta un poco acostumbrare, pero a las pocas páginas uno absorbe de manera casi natural la verborrea de Alex. Y como muestra un botón, con el que nos despedimos:

Cuando salimos del Duque de Nueva York videamos al lado de la iluminada vidriera principal del bar un viejo y gorgoteante pianitso o borracho, aullando las sucias canciones de sus padres y eructando blerp blerp entre un trozo y otro, como si guardase en la tripa podrida y maloliente una hedionda y vieja orquesta. Ésa es una vesche que nunca pude aguantar. Nunca pude soportar la vista de un cheloveco roñoso, tumbado, eructando y borracho, fuera la que fuese su edad, pero muy especialmente cuando era de veras starrio como éste.

La Naranja Mecánica (A clockwork orange)
Anthony Burgess
Ediciones Minotauro
ISBN: 978-84-450-0087-8
206 páginas; Cartoné; 17,95 euros

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