[Un relato a la semana] Las verdes colinas de la Tierra, de Robert Heinlein

Rogamos por un último aterrizaje
en el globo que nos vio nacer.
Que podamos contemplar las lanudas nubes en el cielo
y las frescas, verdes, colinas de la Tierra.
El cuento en el que aparece este poema, que me tomo la libertad de traducir, se llama ‘Las Verdes Colinas de la Tierra’ y su autor es Robert Heinlein. Se publicó por primera vez en 1947 con el título original ‘The Green Hills of Earth’ en The Saturday Evening Post y en español yo lo leí en la ‘Historia del Futuro’ de Acervo.
De todos los versos escritos por poetas espaciales no hay ninguno que pueda, como éste, sencillo y breve, meláncolico y sublime, inundar de lágrimas los ojos de los que cincunnavegan las estrellas.
Cuando los hombres del espacio, duros y casi sin alma, saltan entre fogonazos inconmesurables, cuando cualquiera de ellos tiene un momento para el recuerdo, musita este poema y piensa, piensa en retornar y volver a ver, antes de morir, las verdes colinas de la Tierra. Es un poema para la Humanidad y habla del deseo de retorno al hogar lejano.
Su autor, Rhysling, es, como deben ser los poetas míticos, ciego. Nunca habría visto las colinas amadas, incluso si hubiese podido volver. Pero como todos los poetas que cantan la épica de un pueblo nuevo, importa poco lo que hizo. Lo que queda es lo que es capaz de evocar.
Cuenta la historia de un piloto que quedó ciego tras un accidente con un reactor nuclear y que, vagabundo y superviviente, finalmente moriría debido a la radiación. Son los peligros a los que se enfrentan los hombres del espacio en un universo donde se usan naves propulsadas por fisión nuclear. Pero es también una historia de frontera, de burdeles en los confines del mundo civilizado y del heroísmo de los olvidados por la fortuna. La fatalidad planea en la historia. Desde el comienzo presentimos el final inevitable y consentimos en que el personaje abrace su destino.
El poeta aparece mencionado en otras obras de Heinlein, como en ‘Tiempo para Amar’, donde, Lazarus, de forma directa o indirecta, lo menciona cuando se lamenta pues las colinas de la Tierra ya no son verdes o cuando habla de cierto poeta ciego de hace 2000 años que vivió acogido en un burdel de Marte.
Quiza la más curiosa referencia al poeta de este cuento se produjo en el viaje del Apolo XV a la Luna, cuando los astronautas localizaron y nombraron un cráter en su honor e intentaron leer el poema, aunque no pudieron hacerlo por necesidades operativas.
Pensando en él, la Asociación de Poetas de Ciencia Ficción, SFPA, entrega desde 1979 los prestigiosos premios Rhyshiling a los mejores poemas del año.
Se trata de uno de los relatos indispensables del autor y de la más clasica ciencia ficción. Dentro de la obra de Heinlein, compacta en sus referencias a un universo coherente, tiene un sabor especial. Es emotiva y marca, en pocas lineas, la idea de esos curiosos personajes de la primera diáspora, en la que el cielo era un lugar inóspito y romántico, paralelo al western o a lo que en realidad debió ser siempre La Frontera.
Texto | Letras perdidas
Más información | The Heinlein Society, Nitrosintetic RAH, The Moon.wikispaces
En Papel en Blanco | Lazarus Long, Un relato a la semana
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