éxito

La gente suele otorgar demasiada importancia a la genialidad y a la precocidad. Solemos recordar con más facilidad que determinado novelista consiguió la gloria antes de los 30 años, o que un científico ganó el Nobel cuando apenas había salido de la facultad.

Así pues, cuando los aspirantes a escritor me preguntan cuál es el secreto para escribir un buen libro, lo que esperan recibir es algo así como una receta que, por arte de birlibirloque, les nimbe de una aureola especial. Un atajo por el cual llegar al premio gordo. Un método a fin de reducir en lo posible años de pruebas y errores.

Si bien pueden existir algunos consejos para superar determinados obstáculos iniciales, siempre he sido de la opinión de que el mejor consejo que puede darse a un aspirante a escritor es el siguiente: transpira, transpira durante mucho, mucho tiempo.

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