Moda

Como decíamos en la primera entrega de este artículo, por ejemplo, veamos un ejemplo de mercado en el que no hay demasiada presión de la mercadotecnia: la música clásica. A pesar de que en la música parece que el factor determinante parece ser el talento, lo cierto es que también hay otros factores muy familiares, como argumenta el economista Sherwin Rosen:

El mercado de la música clásica nunca ha sido tan amplio como hoy; sin embargo, el número de instrumentistas profesionales sólo ronda el centenar (y mucho menos si el instrumento es la voz, el violín o el piano). Los músicos de primera fila constituyen un grupo diminuto dentro de estas cifras ya de por sí pequeñas y, por supuesto, ganan mucho dinero. Hay diferencias tremendas entre sus ingresos y los ingresos de los músicos de segunda fila, aunque la mayoría de los consumidores serían incapaces de detectar la más mínima diferencia en una prueba con los ojos vendados.

En resumen, si los expertos, los auténticos connoisseurs, desprecian a Luciano Pavarotti no es porque no tenga talento, sino porque es demasiado “popular”. Todo esto sucede de forma natural, tan natural que poco o nada se puede teledirigir.

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