Como bien apunta Eduardo Mendoza en el prólogo de este Tres vidas de santos, los tres relatos que componen la obra no se refieren a santos en el sentido hagiográfico del término, ni de santos ejemplarizantes o con milagros en su haber. Los santos que protagonizan las tres historias de Mendoza son simples hombres que son santos en la medida en que consagran su vida a una lucha agónica entre lo humano y lo divino.
O de una forma más prosaica: Mendoza escribe sobre luchadores quijotescos, cuyos objetivos a veces trascienden a lo humano. Como el marinero que perseguía la ballena blanca en Moby Dick. Son santos expulsados del mundo, como condenados al ostracismo, y también son santos expulsados del santoral.
Casualmente, el primer relato se titula “La ballena”. Es el relato más largo: más de la mitad del libro. Centrado en Barcelona, como las mejores obras de Mendoza, se inicia en el Congreso Eucarístico de 1952.
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