Probablemente, la mayoría de los que hemos leído los cuentos de Edgar Allan Poe en castellano lo hayamos hecho a través de la traducción de Julio Cortázar; después de más de cincuenta años la versión del argentino continúa siendo la más aclamada.
Este trabajo monumental le fue encargado en 1953 por la Universidad de Puerto Rico. Por aquel entonces, Cortázar ya había establecido su residencia en París con su primera esposa, Aurora Bernárdez; era una época de penurias económicas en la que su principal sustento partía de las traducciones. Cortázar tradujo toda la obra en prosa del estadounidense, y lo acompañó de un prólogo, una reseña biográfica y notas a cada uno de los cuentos. La dificultad y la densidad del encargo lo absorbieron durante meses; de hecho, puede decirse que no respiró con tranquilidad hasta que supo de la recepción en destino de los paquetes con el texto:
Todo este tiempo estuve temiendo vagamente que alguno de los paquetes se perdiera, y se pusiera verde de humedad, o una rata se comiera un pedazo… la sola idea de tener que rehacer un pedazo me daba náuseas.
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