El relato es un género literario apasionante y lleno de fuerza que, por desgracia, siempre queda ensombrecido en nuestro país por la influencia de la novela. Para animar un poco el gusanillo lector, voy a recomendar cada semana un relato de un autor diferente. Lo lógico sería empezar con algún peso pesado como Cortázar o Chejov, pero ahora estoy releyendo los cuentos del padre Brown y creo que, al fin y al cabo, no es un mal comienzo.
‘Unos pasos extraños’ se incluyó en la primera recopilación de historias de este personaje: El candor del padre Brown (1911). Podemos etiquetar estos relatos dentro del género policiaco y detectivesco, aunque nos quedaríamos muy cortos. De primeras, el padre Brown es un personaje atípico. Este cura menudo y bonachón comparte con Sherlock Holmes y Hercules Poirot una enorme capacidad analítica, la facultad de ver lo que al resto de los mortales nos pasaría desapercibido. Pero al margen de su afilado ingenio, su modus operandi es muy diferente.
Brown tiene su propio sentido de la justicia y contempla al crimen y al criminal desde una óptica espiritual que, eso sí, nunca cae en la superchería religiosa. Los crímenes a los que se enfrenta son enrevesados y enigmáticos, como en la mejor tradición del género, pero, y esto es lo más importante de sus historias, lo primordial no es su resolución.
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