Harvey Pekar no tiene una vida que a priori parezca excitante o atractiva como para quedar plasmada en las páginas de un cómic. Vive en Cleveland, Ohio, desde su nacimiento allá por 1939; trabajó durante décadas como archivista de un hospital de veteranos; su casa, su mujer y sus actividades cotidianas son como las de cualquier mindundi de EE.UU. o de Villaconejos de Abajo. ¿Qué le hace, pues, especial?
Por una lado, las peculiaridades de su carácter. Pekar se muestra como un tipo gruñón, algo obsesivo, apasionado coleccionista de música jazz, observador y con un ojo especial para la realidad cotidiana. En sus guiones, cuenta historias desprovistas de héroes que se sustentan principalmente en los diálogos, con un humor que deambula entre la sutileza y la acidez.
Otro punto que sin duda le hizo destacar del montón fue el hecho de ser amigo del dibujante Robert Crumb. Bueno, sobre todo, de conseguir convencerle para que ilustrara algunos de sus guiones. El resultado fue American Splendor, un retrato fiel y sin adulterar de la vida diaria en una pequeña ciudad estadounidense, con todos sus combates cotidianos (como diría Manu Larcenet) y sus arquetipos sociales. Una serie de cómics en la que posteriormente también contaría con los lápices de Frank Stack y Joe Sacco, entre otros.
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