El libro que os traigo hoy me ha cogido por sorpresa. Tenía pensado leer otro, pero un regalo me trajo esta joyita, y fui incapaz de resistirme a sus encantos. Ya veis, yo soy así de fácil. Los 13 relojes, de James Thurber es, como bien dice su contraportada, una fábula para adultos y un cuento fantástico para niños. Publicado por primera vez en 1950, tiene todo ese encanto de los cuentos de hadas más clásicos combinado con un macabro y agudo sentido del humor que hace que cada página sea un auténtico placer. ¡Y además está ilustrado! Justo el tipo de libro que me gusta, ya veis.
Esta edición, además, cuenta con un prólogo de Neil Gaiman, otro de mis “chicos” favoritos, por lo que era inevitable resistirse, fue un amor a primera vista. Eso sí, os voy a contar ya lo único que no me ha gustado del libro: el precio. Y es que, aunque en este caso ha sido un regalo y está feo que se hable del precio de los regalos, los 16 euros que cuesta el libro me parecen absolutamente excesivos. Que es una monada, pues sí; que es una joya recuperada del baúl de los recuerdos y la editorial que lo publica, Ático de los libros, está comenzando su andadura, pues también; pero, sinceramente, con mi maltrecha economía se me hace muy cuesta arriba gastarme tanto dinero en un libro como este. 16 euros para 120 páginas y en rústica me parece demasiado, y, sinceramente, creo que en este caso el precio sí podría ajustarse algo más, aunque no es el único caso que podemos ver en las librerías, y es que los precios de los libros en trade están que asustan.
Dicho esto, vamos con lo que realmente nos interesa. ‘Los 13 relojes’ nos trae la historia del malvadísimo Duque del Castillo del Ataúd, donde vive dedicado única y exclusivamente a hacer el mal de todas las maneras posibles. Allí tiene recluida a su sobrina, la hermosa princesa Saralinda, y el mayor pasatiempo del duque es plantear pruebas imposibles a todos aquellos que osan pedir la mano de la princesa. El Castillo del Ataúd cuenta además con los famosos trece relojes, parados todos ellos a las cinco menos diez, porque hace mucho, mucho tiempo, el duque decidió asesinar al tiempo en su propio castillo, con toda impunidad y alevosía. Sin embargo, un buen día aparecerá un príncipe disfrazado de trovador, y aquí es donde comienzan todas las aventuras…
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