Nicholas Carr

Seré sincero: lo que pensé cuando supe del lanzamiento de este libro fue algo así como “vaya, otro opúsculo alarmista y ludita sobre los riesgos de la tecnología; otro intelectual apolillado defendiendo su forma de obtener conocimientos, superior y más romántica, sobre cualquier otra que se haya forjado después de su nacimiento; otro autor que se atreve a decir que las nuevas generaciones son menos instruidas cuando diversos estudios demuestran lo contrario; otro defensor de lo clásico simplemente por clásico; otro ignorante de cómo funciona Internet, que no sabe que Wikipedia adolece de menos fallos que la Enciclopedia Británica“.

Sin embargo, a las pocas páginas de Superficiales, tuve que tragarme mis prejuicios. Y al terminar la obra de Nicholas Carr, admití que había cambiado de opinión: Internet nos está volviendo imbéciles (aunque esto lo matizaré más adelante).

Y Carr no ha usado devaneos románticos o miedos de perder el statuo quo para armar su idea, ni siquiera da lugar para opiniones personales: se limita a presentar las decenas de investigaciones científicas que se han hecho al respecto en el campo de las neurociencias o la historia.

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