Si recuerdo bien, es la primera vez que leo algo de un escritor japonés. Ya sabéis como pasan estas cosas: estás en la librería, te acercas a los libros de novedad, y ¡uy! ahí está, un libro aparentemente insignificante, un único ejemplar entre montañas de un mismo título. Y eso es lo que me ocurrió con El ganso salvaje de Ogai Mori, editado en castellano por Acantilado.
‘El ganso salvaje’ cuenta la historia de un amor apenas insinuado, entre la bella Otama, hija de un anciano empobrecido que se ve obligada a convertirse en la mantenida de un usurero para mantener a su padre, y Okada, un estudiante de medicina que la entrevé en sus paseos diarios. Y así, una historia que a priori puede parecer un drama tremendo y un dechado de páginas lacrimosas no es ni una cosa ni otra. Una bella estampa japonesa que capta un momento concreto.
Toda la historia está narrada por un personaje prácticamente ajeno a los hechos, una sutil contemplación que nos lleva por una historia elegantemente escrita. Los personajes están bien formados, y en apenas ciento cincuenta y ocho páginas encontramos grandes personalidades. Otama, hermosa y joven, obligada a convertirse en amante, que acepta su destino con filosofía y sin pesadez, convirtiéndose en una persona más fuerte e independiente de lo que ha sido nunca. Suezô, el usurero, a mi parecer el mejor personaje de todos, un ser despreciable por su trabajo, pero que muestra más humanidad que cualquiera de los otros. Okada, el estudiante, tal vez el personaje más flojo, sumido en sus estudios y sus paseos, cautivado por la imagen de una joven hermosa en la ventana.
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