Después de leer la reseña de mi compañero Fausto de Tráfico, de Tom Vanderbilt, no pude evitar añadir este libro a mi Pila (link). Y es que todos los que conducimos nos hemos formulado las preguntas que este libro responde. Y los que no conducen, también. E incluso los que no os las habéis formulado, no importa: después de esta lectura, vuestros conocimientos en psicología, ingeniería, física y matemáticas habrán aumentado varios enteros.
Tom Vanderbilt es la clase de divulgador que no puedo evitar consumir a gran velocidad, como A. J. Jacobs, Danny Wallace, Malcolm Gladwell, Steven Johnson o Natalie Angier. Es decir, la clase de divulgadores que trufan sus textos de una curiosidad muy interesante cada dos páginas. No en vano, Vanderbilt escribe de todo (diseño, tecnología, ciencia, cultura) y para todos los medios (Wired, The London Review of Books, Gourmet, The Wall Street Journal, The New York Times, Rolling Stone o Popular Science). Una enciclopedia andante, como si dijéramos.
En Tráfico, trata de responder de manera amena y divertida, y también rigurosa (aunque no siempre puntualizando los experimentos referidos y señalando bibliografía al respecto), a preguntas como: ¿Por qué puedes verte atrapado en un atasco que no parece tener origen? ¿Por qué un “incidente” de 10 minutos provoca 100 minutos de embotellamiento? ¿Realmente la gente tarda más en abandonar un aparcamiento cuando alguien está esperando aparcar en él o sólo lo parece? ¿Hasta qué punto son peligrosos los camiones de grandes dimensiones? ¿Por qué hay ciudades donde la gente cruza la calzada casi sin mirar, y en otras no ocurre así? ¿El tráfico de Nueva Delhi es realmente caótico o no lo es tanto como parece?
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