Estamos ante un libro más para admirar que para leer, más para consultar anecdóticamente que para consumir de corrido, más para guardar que para usar. No en vano, este libro fue fruto de un acuerdo suscrito entre el autor y el Museo del Louvre.
El vértigo de las listas, pues, sigue la estela de otras obras de Umberto Eco como Historia de la belleza o Historia de la fealdad: obras confeccionadas a base de fragmentos de otras obras e innumerables obras pictóricas que guarden alguna relación.
En esta ocasión, Eco nos ofrece los fragmentos más destacados de la literatura donde se enumeran cosas. Cualquier clase de cosa. Olvidaos de Perec, Prévert, Whitman o Borges: hay muchos más autores que, en algún momento de su vida literaria, se han sentido atraídos por la fascinación de las listas, por su cualidad ordenada, clasificatoria y, sobre todo, hipnótica.
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