Nación

La primera sensación que me embarga nada más cerrar este libro es de tristeza. Me sigue alucinando que una mente tan privilegiada como la de Terry Pratchett pueda estar pasando por la dura enfermedad del Alzheimer. Y es que, con Nación, nos trae una novela en la que es muy fácil dejarnos llevar guiados por su mano en un mundo (demasiado parecido al nuestro) en que la Historia no es lo que parece.

En esta ocasión, no hay mucho que contar en cuanto a por qué decidí leerlo: autor de sobra conocido del que he leído algún que otro libro y que nunca decepciona. Aunque quizás sí que pesó en mi decisión el hecho de que no tenga nada que ver con su famosísima saga de Mundodisco, y que fuera escrita justo después de que conociera el padecimiento de su enfermedad. Así que como podréis imaginar, ‘Nación’ es una obra muy especial, muchos ya hablan de que es su mejor novela, pero eso ya habría que discutirlo largo y tendido.

Sí me gustaría advertir que quizás no sea su libro más representativo. Y me refiero a la forma en que está narrado. Su sentido del humor sigue siendo el mismo y sigue usando esa gran habilidad para tratar (y criticar en ocasiones) las preocupaciones y cuestiones más universales, como la muerte, el amor o la religión, que en esta obra tiene una especial importancia y gira en torno a ella. ¿Qué cambia entonces? Pues el hecho de que en esta ocasión lo hace de una forma mucho más sosegada, con más calma. Así, aunque empieza la novela con un ritmo vertiginoso, poco a poco irá diluyéndose en un ritmo más pausado, tal y como requiere la misma.

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