Cuando hace ya casi un mes (¡cómo pasa el tiempo!) os comentaba que Quim Monzó había escrito un microrrelato para la nevera, os decía que precisamente estaba inmerso en la lectura de uno de sus libros de relatos. Y aquí está ya la excelente impresión que me ha dejado Mil cretinos. Como con algún que otro autor, a Quim Monzó lo conocía de sus artículos en los dominicales, que me parecían bastante buenos, tanto los más divertidos como en los que se ponía más serio. Pero curiosamente nunca había leído un libro suyo, lo que me parece aún más extraño teniendo en cuenta su predilección por los relatos, cosas que pasan…
Así, que ahí estaba yo aquella tarde en la librería cuando llegué a la ‘M’ de la estantería y me topé con Monzó. Como era una de las excursiones largas que suelo hacer de vez en cuando, estuve echando un vistazo a todos los libros que allí tenían de él y acabé llevándome este ‘Mil cretinos’, del que llegué a leer no pocos relatos en la misma librería.
Así nos encontramos con diecinueve relatos en los que rebosa el humor negro por todas partes, tiene un sentido del humor que hace que te rías incluso cuando habla de los temas más serios, y en alguna ocasión, te quedas preguntándote cómo puede ser tan buena la frase que acabas de leer. También he de reconocer que la primera comparación que se me vino a la cabeza fue con el gran Saki (que no es poca cosa…), tanto por conseguir sacarte la sonrisa en todo momento, como por lo breve de sus relatos.
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