Ken Goffman se propone en este curioso libro el contar la historia de la humanidad bajo una lupa que sólo aumente los aspectos contraculturales, iconoclásicos o librepensadores de todos los personajes y acontecimientos. En definitiva, analiza las rupturas de pensamiento que han hecho avanzar al mismo. Como el mismo subtítulo indica: “De Abraham al acid-house”. Ahí es nada.
La tarea es encomiable, y en muchos aspectos reveladora: confirma algo que ya sospechamos, que la mayoría de cambios sociales o avances del pensamiento intelectual o moral se deben a unos pocos personajes que en su día, en su mayoría, fueron juzgados como raros, locos o desviados. Pero en ocasiones, las tesis de Goffman parecen un poco cogidas por los pelos. Como si tratara que todo, absolutamente todo, encajara en su visión contracultural. Como si estuviéramos en un libro de ficción más que de no ficción.
Y es que es difícil deslindar el concepto de cultura (en principio todo lo que es creado por el ser humano) del de contracultura. Pero, aún así, La contracultura a través de los tiempos constituye una interesante mirada a las formas culturales minoritarias o ampliamente criticadas.
Así pues, desde el punto de vista de Goffman (que suscribo en cierta medida), las revoluciones culturales no nacieron en los años 60 a rebufo del LSD sino mucho antes, cuando por ejemplo Prometeo robó el fuego a los dioses. Y más tarde siguieron otras revoluciones, como la de Sócrates, el taoísmo, el zen, los sufíes, los trovadores medievales o los artistas del París bohemio, que dieron paso al dadaísmo, el cubismo y el surrealismo. Incluso Goffman se proyecta hacia el futuro, con otra de las grandes revoluciones contraculturales, la que se sucede en Internet, en el cibermedio.
¿O es que los hackers informáticos no actúan en cierta medida como Prometeo, liberando los cerrojos que evitan que el conocimiento tenga libre circulación?
Ken Goffman tampoco se toma demasiado en serio su propio libro, ni a él mismo, impregnándolo todo de cierta ironía: Goffman se hace llamar a sí mismo R.S. Sirius, lo cual nos recuerda un poco a Jocker. Además, aprovecha de vez en cuando para soltarnos perlas autobiográficas que están llamadas a entender por qué el propio Goffman se ha convertido en un antisistema.
El prólogo está escrito por el apóstol del LSD Timothy Leary (otro antisistema que fue expulsado de un colegio de jesuitas, de la academia militar West Point y de la Universidad de Harvard por sus ideas corrosivas) , y sólo por eso ya merece su lectura. Goffman se muestra un poco más cauto que Leary, eso sí, respecto al uso de las drogas para trasponer ciertos umbrales de conocimiento (recordemos que Leary solía consumir diariamente tres tazas de café, un paquete y medio de cigarrillos, cuatro copas de champán, doce globos de óxido nitroso, tres rayas de cocaína y cuatro galletas de cannabis) y quizá adolece de una hondura intelectual menor que la de Leary. Pero, con todo, La contracultura a través de los tiempos tiene algunos fragmentos fracamente iluminadores.
Editorial Anagrama
Colección Crónicas
528 páginas
Sitio Oficial | Ficha en Anagrama

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