Un hombre extraordinario en fuerza física y moral. Catilina, llamado por nacimiento e inteligencia a conseguir honores y poder, pero perseguido una y otra vez por una maldición que el mismo parece provocar. Este es Catilina. Su conjura y caída las narra Salustio Crispo, un historiador que vivió poco después de los acontecimientos y que conoció a muchos de los protagonistas del drama.
La figura de este patricio, presentada a la Historia por los que fueron sus enemigos, no pierde por ello esa grandeza convulsa de los que son precursores de la destrucción de mundos caducos y de la construcción de nuevos mundos.
Quizá Catilina no acabase con la vida de sus familiares más cercanos ni planease que los hijos de los romanos asesinaran a sus padres en mitad de la noche, quizá todo eso sea mentira. Pero el joven Sergio Catilina había ascendido a la sombra del último Sila, el terrible cercenador de cabezas y reconstructor del patriciado. No debía ser inocente.
Así que aunque algunos aspectos de su conjura no fuesen tal como Cicerón los presenta ni tal y como Salustio narra, sucedió algo que convulsionó Roma y de lo que fue el protagonista. Ni siquiera las pruebas presentadas en las obras de sus enemigos son completamente consistentes. Pero todo esto fue el preludio del Fin de la República y Catilina, ambicioso y revolucionario, representó el comienzo del fin. La caída de la República estaba gestándose desde hacía un siglo, pero hasta Catilina los romanos parecían se daban cuenta de hacia donde caminaban. Por eso este personaje obscuro, pasional pero frío, está cargado de un aura maldita que llevará para siempre.
Pasiones y ambiciones en el Senado y en la Guerra. Los jóvenes de una ciudad convulsa, enfrentada a cambios que no logra asimilar, entregados a conjuras y a escándalos. Un adulterio descubierto en mitad de una reunión de la Curia por Catón, paradigma de la rectitud moral, y hermano Servilia, la sibilina dama licenciosa que advierte en una nota interceptada a su amante de los acontecimientos, mientras todo sucede ante los ojos de su marido, cónsul en ese momento.
Los que un cercano día serán dueños del destino de la ciudad, César y Craso, en mitad de la tormenta, saldrán finalmente reforzados de esta aventura que, siendo el mayor triunfo político de Cicerón termina siendo su Némesis.
Todo esto sucede en esta breve obra de ritmo ágil y casi novelesco, con discursos fascinantes e intrigas de todo tipo. Salustio trata de brindarnos datos, pero también motivaciones y causas. Como fuente histórica, estudiada con la necesaria cautela, sigue siendo imprescindible.
Las obras clásicas pueden descubrirnos una y otra vez el fondo de las pasiones humanas. Sus reediciones son siempre una grata sorpresa que merece atención, pues la pervivencia del estudio de los clásicos es indispensable para la salud cultural de nuestra sociedad. En esta ocasión os presento esta, editada por Losada, con traducción y notas de Maria Eugenia Steinberg.
“Casi todos los genios conocen como una de sus evoluciones la “existencia catilinaria”, un sentimiento de odio, venganza y rebeldía dirigido contra todo lo que ya es, en vez de devenir… Catilina; la forma de preexistencia de todo César.”.
La interpretación de la figura de Catilina que hizo Nietzsche siempre me ha fascinado, sabiendo que es literatura sobre literatura, eso no la hace menos real, sino más. Nunca sabremos como sucedió todo aquello ni quien era aquel hombre, pero se ha convertido en un simbolo de enorme intensidad y malvada fascinación.
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