¡Cuidado! Que vienen los fundamentalistas del plagio (III)

4 comentarios

La copia que había perpetrado Beastie Boys, como os refería en la anterior entrega de este artículo, era tan mínima que no ascendió a la categoría de robo, según los tribunales.

A pesar de que el compositor Andrew Lloyd Webber se copia a sí mismo en algún tema musical, como La canción del fantasma, no se considera robo porque el material en cuestión no pertenece a su acusador; de conformidad con la ley de propiedad intelectual, la cuestión no es si uno copió el trabajo de otro sino qué se copió y cuánto.

Gladwell habla así de un experto en música, Lawrence Ferrara, catedrático de Música de la Universidad de Nueva York, cuando se refiere al caso de Lloyd Webber. En este caso, Ray Repp, un compositor de música folclórica católica, alegaba que los primeros compases de “La canción del fantasma” (1984) de Lloyd Webber, que forma parte de El fantasma de la ópera, tenían una semejanza aplastante con su composición “Till You”, escrita seis años antes, en 1978.

Veamos todo lo que Andrew Lloyd Webber escribió antes de 1978: Jesucristo Superstar, Joseph, Evita (Ferrara repasó las partituras y en Joseph and the Amazing Technicolor Dreamcoat encontró lo que buscaba). Ésta es la canción: “Benjamín Calypso” (Ferrara se puso a tocarla. La sensación de familiaridad era inmediata). Es la primera frase de “La canción del fantasma”. Incluso usa las mismas notas. Pero espero, falta lo mejor. Esto es “Close Every Door”, de una función de Joseph en 1969”. (…) Era la segunda frase de “La canción del fantasma”. “La primera mitad de “La canción del fantasma” está en “Benjamin Calypso”. La segunda mitad está en “Close Every Door”. Son idénticas. Sobre el papel. En el caso del primer tema, de hecho “Benjamin Calypso” está más cerca de la primera mitad del tema objeto de litigio que la canción del demandante. Lloyd Weber escribo algo en 1984 y se copia así mismo.

Cuando la propiedad intelectual atañe a la vida de los seres humanos, las leyes son más laxas. Por ejemplo, la cura para el cáncer de mama. Durante un tiempo será propiedad del laboratorio que haya invertido ingentes cantidades de dinero para hallarla. Pero transcurrido un tiempo, esta propiedad pasaría al dominio público, porque también va en el interés de la sociedad el permitir que el mayor número de personas posible copie esta invención; sólo entonces otros podrán aprender de ella, edificar sobre ella, ofrecer alternativas mejores y más baratas.

Pero en el asunto del plagio literario es diferente. Cuando se trata de literatura, por alguna razón hemos decidido que copiar NUNCA es aceptable. Por ejemplo, no hace mucho el profesor de Derecho de Harvard Laurence Tribe fue acusado por plagio del material del historiador Henry Abraham. ¿Sabéis cuál fue el crimen? Copiar 18 palabras: “Taft declaró públicamente que Pitney era “un miembro débil” del Tribunal, por lo que no podía asignarle casos”.

Esta hiperprotección de la literalidad de los textos empieza a parecerse peligrosamente a las argucias legales que emplean las grandes empresas para privatizar lo que en puridad es público: un grupo de música que quiso registrar el silencio, el azul usado en Pepsi a fin de que nadie más pudiera usarlo, la prohibición de usar un disfraz de dinosaurio de color púrpura en algunos estados de Norteamérica porque fue registrado por sus creadores, la prohibición de cualquier uso de Mickey Mouse ad calendras graecas, etc.

Esta tendencia sólo sirve para enriquecer unos pocos. Y además ahoga el proceso creativo, como os explicaré en la siguiente entrega de este artículo.

Vía | Lo que vio el perro de Malcolm Gladwell

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Comentarios

  • 1

    !
    | 1 estrellas

    Muy curiosos los posts. La verdad es que un exceso de defensa es algo horrible, pero es que también te molestaría si alguien copia tu idea y la hace pasar por suya, luego si es tu idea pero no lo parece es como todo, la mujer del Cesar no solo debe ser buena si no parecerlo... Yo defendería que se cite y poner las fuentes pero si te copia un párrafo o una idea muy claramente o casi textualmente para adaptarla a su obra... pues es más un collage, una falta de originalidad o un simple abuso de la reputación o calidad del otro autor.

    La protección es buena cuando tiene sentido, pero es que últimamente se puede asistir a verdaderas barbaridades en cuanto a propiedad intelectual sobre todo en la música... (vease cobrar en las peluquerias por poner la radio) Las industrias deben adaptarse y no las personas de a pie o es que acaso cuando se inventaron las neveras las empresas que distribuían hielo mandaron al gobierno a prohibir el nuevo invento...

  • 2

    interesante

    Avatar de empresaurio !

    Citar fuentes no cuesta esfuerzo ni dinero, se cumple con la ley y se da a cada uno lo suyo (iustitia romana).

    Espero la siguiente entrega para pronunciarme sobre el último párrafo de la entrada porque, con la misma lógica, podría deducirse justo lo contrario: la creación desaparecería porque los "instalados" se aprovecharían de las ideas de los demás, como ocurre en los ámbitos universitario y empresarial.

    -- editado por última vez a las 22:51

  • Respondiendo a #2:
  • 3

    interesante

    Avatar de Yunni !

    El actual modelo de negocio no da de comer a la mayoría de autores sino a una minoría privilegiada (y por supuesto a los innumerables intermediarios). Para cambiar el modelo de negocio, entre otras cosas hay que redefinir qué son los derechos de autor: ellos privilegian a un puñado de empresarios y empobrecen económicamente al autor, y culturalmente a la sociedad. La supresión de los derechos de autor no sería descabellado, porque siempre hubieron, hay y habrá autores dispuestos a crear aunque no se les pague por ello (el ejemplo existe hoy en día: la mayoría de los autores crea obras artísticas a pesar de que está mal pagado o directamente no se paga).

  • Respondiendo a #3:
  • 4

    brillante

    Avatar de empresaurio !

    También hay autores que crean con la expectativa de que se les pague por ello, aunque el pago sólo consista en el reconocimiento que supone que otros usen sus obras. Todos estos dejarían de crear si cualquiera pudiera atribuirse sus ideas, aunque "de facto" se haga (las reclamaciones son puntuales), porque siempre está en la mano del autor poder reclamarlo, que es lo que en realidad se cuestiona en esta serie de entradas, y que es algo tan antiguo como la escritura y más o menos resuelto desde hace algunos años.

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