El caso megaupload o por qué creo que deberían suprimirse o flexibilizarse los derechos de autor (I)

Sigue a Papelenblanco

En estos días, todo el mundo ha saltado a la palestra para comentar su particular visión del caso Megaupload. Ya sabéis: un fulano que se ha hecho de oro poniendo a disposición del respetable un servicio para subir y bajar películas, libros, música o lo que se terciara. Voy a intentar no hacer ninguna valoración legal sobre el asunto, pero sí que me gustaría hacerla desde un punto de vista conceptual.

Conceptualmente, Megaupload solo es un tipo de negocio que funcionaba. Si tal negocio funcionaba tan bien, es porque los responsables de los contenidos que allí se alojaban no habían desarrollado un modelo de negocio similar. Claro, pensaréis, pero eso no es posible: los contenidos pertenecen a sus creadores, de modo que no deberían estar a disposición de los usuarios. Es como dejar la puerta de tu casa abierta para que todo el mundo coja lo que quiera.

Pero no es exactamente así. Pongamos el ejemplo de un libro. Si yo tengo una casa con 100 libros y permito que la gente entre a cogerlos, probablemente me quedaré sin ellos. Del mismo modo, si alguien tiene un libro y yo tengo otro diferente, si los intercambiamos, los dos seguiremos teniendo un único libro. Diferente, sí, pero solo una unidad. Un libro.

Pero imaginaos que, al intercambiar ese libro con el desconocido, pudiéramos quedarnos con toda la información que hay escrita en nuestro libro. Al llevar a cabo el trueque, resulta que acabaríamos en posesión del libro nuevo, del libro físico, pero conservaríamos la esencia del libro que antes fue nuestro. Así, finalmente, resulta que tendríamos dos libros. De hecho, eso siempre ha sido posible: basta con tener buena memoria para aprenderse todas las páginas de un libro, así podremos conseguir una lectura nueva sin tener que desprendernos de la vieja (la viaje siempre sobrevivirá en nuestro cerebro).

Hasta ahora, la industria editorial nunca se ha preocupado de que podamos albergar en nuestra mente los libros que editan. Realmente es muy poca la gente que puede memorizar un libro entero; y menos para, así, conseguir uno nuevo. Nadie nos denunciará por violar los derechos de autor si conseguimos memorizar un libro para explicarlo a otras personas. Pero las cosas han cambiado desde que disponemos de sistemas para guardar libros de forma fácil, barata y fiel: ya no usamos nuestra memoria sino la memoria de un disco duro. Ya no usamos neuronas, sino bits.

Ahora imaginemos el anterior supuesto, pero con un disco duro. Yo tengo un libro, tú otro. Lo intercambiamos. Pero nuestros libros están guardados en sendos discos duros de ordenador. De este modo ha ocurrido algo milagroso: al intercambiar hemos conseguido que ambos, tú y yo, dejemos de tener un libro para pasar a tener dos. Si este proceso lo repetimos con otra persona que previamente ya lo haya realizado, en poco tiempo tendremos cuatro libros (y la otra persona, también). Y así sucesivamente. Hasta que mucha gente, por no decir toda la gente, pueda tener todos los libros que existen.

Cuando ya no usamos nuestra memoria biológica y, sin embargo, usamos una memoria digital, entonces los escritores se envaran. Oigan, que ese libro es mío, dicen. También dicen que esos libros han sido escritos con el sudor de su frente y que, por tanto, es ilegal que nos apropiemos de ellos. Que son suyos. Bien, podemos responder, tenga usted aquí su libro, que yo simplemente lo guardo en mi memoria digital. Puede quedárselo, si tanto lo quiere. No, no, yo no quiero el libro físico, lo que no quiero es que tengas una copia digital del mismo. ¿Por qué? Porque es mío. Pero si es tuyo, cógelo, ¿qué más te da si lo memorizo? Porque si lo memorizas podrás dárselos a otros, y esos otros, entonces, ya no querrán comprar mi libro, porque ya se lo sabrán de memoria.

En el fondo, pues, todo se reduce a cómo un autor puede ganar dinero. Algo totalmente legítimo, por supuesto. Aunque no es legítimo a cualquier precio. Pero eso lo detallaremos en la próxima entrega de este artículo.

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

4 comentarios