A propósito del revuelo (mayormente internauta) generado por el Proyecto de Ley Sostenible, vale la pena aclarar unos cuantos puntos. Todos ellos, puntos de vista muy subjetivos, muy viscerales y, por tanto, muy criticables (para eso están vuestros comentarios). Pero tal vez mis puntos permitan abrir nuevas vías de debate.
El primero y más importante, el título de este artículo. Malditos derechos. Sí, malditos. Porque se han vuelto malditos en el momento en que, para preservarlos, hay que pisotear otros derechos todavía más fundamentales: como el derecho a la información o el derecho a la privacidad. Son malditos porque son derechos que se esgrimen con mañas orwellianas. Son malditos porque sólo favorecen a una minoría de ciudadanos: los que ganan mucho dinero con un modelo de negocio obsoleto.
Luego está el asunto aparentemente baladí de que te pueden cortar Internet si creen que estás pirateando. A todas luces, es una medida insultante. Una medida que considera Internet como un juego, un capricho, un ocio que se puede suprimir como se veda el paso a una discoteca de Ibiza o se suspende un permiso de conducir por haber cometido una infracción. Es decir, una medida insultante porque denota analfabetismo digital. Cortar Internet, hoy por hoy, es delirante por dos motivos:
El primero: cada vez es más sencillo acceder a Internet, siempre habrá alternativas, Internet será como el oxígeno, y tenderá a ser universal y gratuito. El segundo, que toma más fuerza si se incumple el primero: vedar el paso a la información no es un castigo o una penalización, es un crimen. Es como prohibir que se respire. Es como prohibir el acceso a la biblioteca. Es como evitar que se lean periódicos, se escriban libros o se tarareen canciones. Cortar Internet no es una medida paliativa ni un escarmiento, es una injusticia.
El segundo punto tiene que ver con la idea de que la cultura se protege gracias a los derechos de autor. Si hay protección, puede existir la explotación comercial. Si hay explotación comercial, el autor puede vivir de la cultura que genera, y eso incentiva que haya más creadores.
Esta idea, en apariencia razonable, es falaz por infinitos motivos que implican disciplinas tan diversas como las neurociencias, la genética, la historia o la política. Por de pronto, la mayoría del tiempo en que el ser humano ha sido creador y consumidor de arte y cultura, no han existido los derechos de autor. Sin embargo, no conocemos ninguna época histórica en la que no haya existido creación y difusión artística y cultural por ese motivo.
El ser humano crea arte por razones que trascienden lo económico. No es el lugar para profundizar en ellos, así que sólo los mencionaré de pasada: el autor crea para obtener estatus, para realizarse, porque está codificado en sus genes, porque somos seres esencialmente meméticos, por el simple deleite estético. Y hasta el momento, desde el inicio de esa supuesta protección de los derechos de autor, la mayoría de autores no vivían de su trabajo. De hecho, ni siquiera alcanzaban al salario mínimo interprofesional.
En la siguiente entrega de este artículo, mencionaré otros tantos puntos a tener en cuenta.
En Papel en Blanco | En defensa de los ciudadanos en Internet

Comentarios
Hola a todos. Para quienes no me conozcan, soy Juan Gómez-Jurado, escritor y periodista. He escrito tres novelas, las cuales son bestsellers internacionales. Estoy, por tanto, en el lado más comercial de la industria librera, supongo.
Vaya por delante Sergio que no estoy de acuerdo con limitar las libertades de las personas ni, por supuesto, con cortarle Internet a nadie, y me pelearé con quien haga falta para impedirlo. Dicho esto, creo Sergio que tu artículo no es más que un montón de palabrería buenrrollista y muy desencaminada.
Dices que los derechos de autor "Son malditos porque sólo favorecen a una minoría de ciudadanos: los que ganan mucho dinero con un modelo de negocio obsoleto".
Eso es incierto. Convengo contigo que el cambio de modelo debe llegar, y que la industria cultural debe reformarse. Hablaré ahora de la industria del libro, que para eso esto es un blog de literatura y los comentarios sobre música y cine aquí no tienen cabida alguna. Dicho lo anterior, los escritores ven protegido su trabajo gracias a los derechos de autor. Somos los que menos ganamos de la industria del libro, pero ahora imagínate que no cobrasemos por tu trabajo. Yo al menos no podría escribir novelas. Habrá quien pueda tener a la vez un empleo alternativo, cuidar de una familia y escribir. Yo no. Dedico cada minuto de mi tiempo a la investigación, documentación y redacción de mis libros. Eso es lo que los hace tener la calidad que tienen, sea esta mucha o poca.
"Cortar internet es delirante", dices. Totalmente de acuerdo. Eso si, los motivos que esgrimes son absolutamente incorrectos.
"la mayoría del tiempo en que el ser humano ha sido creador y consumidor de arte y cultura, no han existido los derechos de autor". Tampoco democracia, ni igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ni penicilina. Creo que el argumento cae por su propio peso. " Sin embargo, no conocemos ninguna época histórica en la que no haya existido creación y difusión artística y cultural por ese motivo". El ser humano crea, es una válvula de escape, un derecho y una prerrogativa de nuestra condición. Sin embargo también cocina, y juega al fútbol, y pilota aviones. La propia naturaleza social del desarrollo de esas actividades hace que los individuos que destaquen en su desempeño reciban un premio social, tanto de fama como económico. Los mejores médicos ganan más dinero, igual que los mejores cocineros, etc. Por el mismo motivo, los mejores escritores ganan más dinero. Podríamos debatir hasta la nausea aquí si Zafón es mejor que Vila-Matas, y en caso contrario por qué Zafón vende más que Vila-Matas. (Por el bien de la discusión, no vayamos por ahí porque si la industria prima determinados modelos no tiene nada que ver con los derechos de autor).
"desde el inicio de esa supuesta protección de los derechos de autor, la mayoría de autores no vivían de su trabajo. De hecho, ni siquiera alcanzaban al salario mínimo interprofesional"
Sergio, Cervantes murió pobre, solo y olvidado a pesar de que su Quijote era un éxito de ventas. Si mantuvo algo de dignidad en los últimos años de su vida fue gracias a que un noble le mandaba algún saquito de escudos para que fuera tirando -a cambio de las pertinentes alabanzas-. Si extrapolamos el modelo a hoy, podríamos tener a Saramago recibiendo cheques de Julián Muñoz o de Paco el pocero en lugar de visitando a Hadar.
En resumidas cuentas: benditos derechos de autor, que pagan la hipoteca de mi casa, me permiten crear historias que de otro modo no existirían y me permiten ser libre para criticar en mis columnas a quien me de la gana, decir la verdad sin miedo a que mañana no pueda comer. Y bendito Papel en blanco que nos permite mantener esta discusión.
Si tenemos que criticar algo, que sean los males de la industria, no los derechos de los que gozan los profesionales que dedican su vida a la creación. Lo contrario sería esclavitud y volver al siglo XII. Como supongo que a ti no te apetecería ser un siervo de la gleba, no me toques los... derechos.
Y malditos los que se atrevan a chaparme el Internet, no te jode.
Juan Gómez-Jurado ha dicho todo lo que tenía que decir. Me parece una de las exposiciones más lucidas sobre el tema que he leido hasta el momento.
Decir que nunca se ha vivido de escribir me parece un argumento LAMENTABLE y más en un blog de literatura. Bien que te gusta leer,no ? Y que pretendes que la gente deje sus oficinas y dedique su tiempo libre a escribir novelas que te entretengan? ¿No tienen derecho a vivir de lo que de verdad les gusta? Quizás es que no lo consideras una profesión. Es que clama al cielo.
Totalmente de acuerdo con Gómez-Jurado, el artículo es un montón de palabrería y demagogia. Cualquier Ley, por el simple hecho de serlo, limita las libertades de las personas, además de que en casos puntuales perjudica a los inocentes, pero es inevitable la existencia de las mismas para evitar el mal comportamiento de las minorías. Descargar gratis música, libros, películas y juegos es pirateo; vamos, robar, por mucho que nos sintamos muy modernos, muy 2.0, argumentando lo contrario. Ya que somos tan demagogos ¿por qué no regalar pan? ¡que se joda el panadero! y ahora que lo pienso, me gusta el coche de mi vecino, mañana se lo "cojo prestado" Total, el tío tiene mucha "pasta"...
interesante
Gracias por vuestros comentarios, sobre todo a Juan Gómez-Jurado. Como avisé al principio del post, son puntos de vista muy personales, expuestos de una forma visceral y algo deslavazada. Sin embargo, existe una interesante bibliografía al respecto que, en la tercera parte de esta serie, ofreceré. Entre otras cosas, esta bibliografía aclara la razón por la cual el pan no se puede regalar y sí las obras intelectuales y cuáles son las diferencias entre ambas cosas (esto va por jc01).
De todas maneras, el post cumple su función, que es remover un poco las ideas. Con eso me doy más que satisfecho.
Saludos a todos.
interesante
#1 Juan Gómez-Jurado:
Gracias por tu extensa réplica, como ya dije anteriormente. Ahora que tengo un poco de tiempo, voy a intentar responderte punto por punto (de una forma superficial, si quieres ahondar en los argumentos te recomiendo la lectura de los libros que recomiendo en la tercera parte de este artículo, en cuyas páginas abogados expertos en derechos de autor diseccionan muchas de tus objeciones).
“Dicho lo anterior, los escritores ven protegido su trabajo gracias a los derechos de autor. Somos los que menos ganamos de la industria del libro, pero ahora imagínate que no cobrasemos por tu trabajo.” Dices que consideras oportuna una reforma de la industria cultural, pero que no toquen tus derechos de autor porque, aunque pocos, te proporcionan un beneficio suficiente como para vivir de lo que escribes a tiempo completo. Esa reforma se está dando, y llegará lo queramos o no: simple supervivencia de los que buscan hacer negocio. Pero, sin embargo, en esa reforma te niegas en redondo a modificar los derechos de autor y no te planteas otra forma de retribución de tus obras. No te lo planteas porque, aunque da para poco, da lo suficiente. Pero olvidas que este caso, tú caso, es un rara avis. La mayoría de escritores no tienen tres bestsellers internacionales. La mayoría de escritores, gracias a los derechos de autor, no suficiente para vivir de lo que escriben. Que exista Dan Brown o que existas tú, no invalida esa realidad estadística.
En ese escenario, el actual, ¿no te parece asombroso la cantidad de escritores que existen, la cantidad de libros que se editan? Si escribir no da para comer en la mayoría de los casos, ¿por qué escribe la gente? Es obvio: por motivos que trascienden lo económico. Por eso planteé la hipótesis de que, aunque no se cobrara nada por escribir, seguirían existiendo artistas. Pero yo no quiero eso, por supuesto. Lo que quiero es que el pastel se reparta de manera más equitativa. Que la mayoría de lectores del mundo no lean sólo a 10 autores. Que los beneficios no se pierdan en los intermediarios. Que los autores vivan de su trabajo.
Para alcanzar ese nuevo escenario, en absoluto utópico a tenor del desarrollo tecnológico actual, existen tantos modelos de negocio disponibles que incluso se han escrito libros enteros con ellos. Modelos de negocio que no dan tanta importancia ni a los derechos de autor ni a la autoría. Pero también modelos de negocio en los que los derechos de autor existen pero se recortan en su duración. O incluso modelos en los que se mantienen los derechos de autoría pero no de propiedad intelectual. Todos estos modelos no interesan, porque dejarían de privilegiar a los que tienen ahora la sartén por el mango.
interesante
“Cortar internet es delirante", dices. Totalmente de acuerdo. Eso si, los motivos que esgrimes son absolutamente incorrectos.” Como comprenderás, no puedo rebatirte nada sobre esta afirmación porque sólo me dices que mis motivos son incorrectos sin más. En todo caso, este punto tampoco es importante.
“"la mayoría del tiempo en que el ser humano ha sido creador y consumidor de arte y cultura, no han existido los derechos de autor". Tampoco democracia, ni igualdad de derechos entre hombres y mujeres, ni penicilina. Creo que el argumento cae por su propio peso.” No consigo detectar por qué el argumento cae por su propio peso. Si elaboras una lista de cosas que antes no existían y ahora sí sobre y que consideras indiscutiblemente positivas, entonces es tu argumento el que cae por su propio peso: por supuesto, ahora hay cosas que son buenas y que antes no existían. Pero… también a la inversa: ahora hay cosas que existen que son malas y que antes, cuando no existían, nadie necesitaba que existiesen. Tú mismo dices a continuación que el ser humano crea por inercia o por premios sociales. Eso es un incentivo. Si falta el económico, pueden darse otros. Por eso hay escritores que no reciben ningún premio pero que continúan creando. El económico es uno más.
Creo que tu argumentación se basa en casos puntuales y, sobre todo, en tu caso. Obviamente es difícil creer que lo que te da de comer es un modelo incorrecto: me sorprendería que Bisbal o Manu Tenorio no estuvieran al lado de la SGAE. Pero debemos evitar que los árboles nos impidan ver el bosque.
Por otro lado, soy perfectamente consciente de que las ideas que defiendo son de difícil digestión porque van en contra del marco social en el que vivimos. Parece inaudito que la eliminación de los derechos de autor mejore la sociedad actual, y mucho más que mejore las condiciones de los artistas. Y lo sé porque a mí me lo parecía antes de que me interesara por primera vez en este asunto (un asunto tan diabólicamente técnico y sutil que probablemente sepan explicar mucho mejor que yo abogados expertos en el tema como Lawrence Lessig o David Bravo. Así que, de momento, ya me sentiría tremendamente satisfecho si al menos se cambiaran radicalmente los modelos de negocio actuales. Lo otro… ya llegará. O no.
No puedo estar más de acuerdo. Cuando pienso que el noventa y tantos por ciento de las obras que existen y que pertenecen a nuestro patrimonio carecen de Copyright, me pregunto ¿qué están defendiendo desde le ministerio de cultura? Aunque sabiendo que la ministra González-Sinde defiende la no existencia de contenidos sin derechos (hizo un lío tremendo con los derechos de Mozart que, en mi opinión demuestra que no sabe de lo que habla).
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