¿Si regalo mis libros por Internet no ganaré dinero? (I)

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Cuando un colega escritor se encoleriza al descubrir que una de sus obras ha sido pirateada y puede descargarse gratuitamente a través de Internet, me parece estar contemplando a un granjero clamando al cielo porque una empresa, subrepticiamente, ha tomado una muestra de ADN de uno de sus cerdos para clonar cerdos a una velocidad asombrosa… hasta el punto de que puede vender mucho más barato el jamón.

El granjero aduciría que le han robado (aunque el cerdo no haya sido sustraído) y que, además, sus ganancias se verán reducidas, porque el tiempo y esfuerzo invertidos en el cerdo no llevarán los beneficios aparejados que él había estimado.

Comprendo la cólera y la indignación, naturalmente, pero no la comparto: ella nace de un error categorial muy común, esto es: acusar al que crea un modelo de negocio más rentable de que el modelo de negocio propio ya no es, comparativamente, tan rentable. (Ya no digamos los que acusan al lector de ladrón, apóstata o inmoral por descargarse el libro sin pagar… a esos hay que darles de comer aparte).

Robar es quitarle algo a alguien. Clonar una obra no es robar (como tampoco lo es encender una vela con el fuego de otra vela), si acaso lo que se “está robando” es el sistema de generar escasez artificial del producto a fin de cobrar por las copias vendidas.

Cobrar por copias es lícito cuando la creación de escasez artificial no comporta un gran trauma social, cultural o hasta tecnológico. Pero llegados a este punto, crear escasez artificial en un producto digitalizable es tan absurdo como subvencionar a los criadores de caballos porque la mayor parte de consumidores han optado por desplazarse en tren, coche o bicicleta.

El granjero debe aceptar que es hora de tomar una decisión: o cambia de trabajo o cambia de modelo de negocio a fin de que sus cerdos (o sus libros) sean económicamente rentables. Por cierto, si empleo tan insistentemente la analogía libros/cerdos se debe a un cortometraje que no debéis perderos a fin replantearos el paradigma mental sobre los derechos de autor y lo gratis: La máquina de copiar jamones:

Pero prosigamos. Cuando descubro que un autor está indignado porque alguien ha puesto uno de sus libros a disposición del planeta Tierra (o al menos las regiones donde hay Internet), le pregunto si cree que el anónimo “ladrón” se está lucrando con ello o no. La respuesta no es fácil, por supuesto, pero en muchas ocasiones el “ladrón” no tiene ánimo de lucro: por ejemplo, quienes escriben entradas en la Wikipedia no suelen ganar dinero con ello, pero lo hacen, tal vez por afición, por incrementar su reputación, por X. Si no hay ánimo de lucro, ni siquiera hay forma de pillar legalmente al “ladrón”. Tal vez, “el ladrón”, simplemente considera que la cultura debería ser libre.

Si hay ánimo de lucro, entonces el tema se torna un poco más complejo. Legalmente está infringiendo la ley. Pero ¿lo está haciendo moralmente? Mi postura es taxativamente que no. De hecho, el “ladrón” está haciendo más por el autor de lo que él sospecha: nada menos que le está desvelando modelos de negocio que él podría explotar sin menoscabar el acceso libre a la cultura y otras medidas contra la sociedad a fin de privilegiar un modelo de negocio basado en la creación artificial de escasez.

Pero claro… el “ladrón” está ofreciendo la obra del autor totalmente gratis. ¿Cómo competir con eso? Os lo desvelaré en la próxima entrega de este artículo.

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