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Técnicamente, no existe lo gratis. Pero sí que existen de diversas formas de lo gratis, como el freemium o el pago indirecto. Tal y como os adelantaba en la anterior entrega de este artículo, si un “ladrón” está regalando vuestra obra a través de Internet, quizá esté ganando mucho dinero de muchas otras maneras: por ejemplo, mediante publicidad en el portal, obligando al usuario a ofrecer su correo electrónico, etc.

El autor podría, entonces, buscar modelos de negocio que pasaran por esos métodos u otros. Pero lo que suelen ignorar muchos autores es que los modelos de negocio disponibles para el autor original de una obra son mucho mayores que para el simple clonador de la obra.

Sí, ofrecer vuestra obra gratuitamente puede reportaros mucho dinero por el simple hecho de que vosotros habéis escrito esa obra.

Los escritores más abiertos de mente suelen aducir, entonces, que un novelista no es como un músico que ya no vende discos por culpa del mp3. El músico rentabilizar sus creaciones en los conciertos, por ejemplo. Pero el escritor sólo escribe, y si no puede vender los libros, ¿cómo se ganará entonces la vida?

Esa idea es tan asombrosamente simple que me quedo noqueado al escucharla. Primero: la mayoría de los autores que escriben no ganan lo suficiente para vivir con sus libros (de hecho, apenas ganan nada); así que tampoco habría mucha diferencia entre vender mil ejemplares (una cifra bastante media alta para un autor) y no vender ninguno.

Segundo: si el autor quejica ganaba mil o dos mil euros al mes por sus obras, por supuesto que puede rentabilizar sus obras de formas alternativas aunque no celebre conciertos: conferencias, charlas, colaboraciones en medios de comunicación, artículos de opinión, talleres de escritura, asesoría para editoriales, lectura de originales, etc.

Eso no significa que regalando tu trabajo te vayas a hacer rico. Para hacerse rico hay que pensar creativamente acerca de cómo convertir en dinero líquido la reputación y la atención que se obtiene regalando tu trabajo. Cada persona y cada proyecto precisarán de una respuesta distinta a ese reto, y en ocasiones no funcionará en absoluto (lo siento, tu obra solo existirá si trabajas de otra cosa… consuélate pensando que si no pasaras los filtros arbitrarios de calidad y comercialidad de una editorial tampoco conseguirías vivir eventualmente de lo que escribes).

Podéis leer sobre mi caso particular en el artículo que escribí a este respecto en ¡Admiradme! ¡Queredme! ¡Dadme palmaditas en la espalda! La economía de la reputación y la atención.

Cabe señalar que ofrecer un producto gratis también es un gran aliciente (al menos tal y como están las cosas actualmente en lo tecnológico) para que un lector decida comprar un libro físico. Pero sin trampas: ofrecer un libro gratis por Internet cuando ya lleva años publicado y rentabilizado no es buen negocio. Es como poner un bote de propinas al lado de un escaparte de productos gratuitos. Por ejemplo, el escritor Juan Gómez Jurado ofreció gratuitamente una de sus obras en formato electrónico porque consideró que ya había ganado suficiente dinero con ella en formato físico. Algo muy loable que quizá incremente su reputación para ser rentabilizada de otros modos.

Pero no es un modelo de negocio sólido en lo que respecta a la venta de libros en sí misma: probablemente ello no incrementó sustancialmente las ventas de esa obra liberada en particular. En la tercera y última entrega de esta serie de artículos, os hablaré de casos reales de autores que han recibido pingües beneficios por colgar sus obras gratis (a pesar de las reticencias de las editoriales).

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