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Como os adelantaba en la anterior entrega de este artículo, colgar tu obra gratis en Internet puede ser rentable si ya dispones de una copia física de pago en el mundo real. Suena contraintuitivo, pero hay diversos casos que afianzan esta idea.

Sobre todo casos en los que se ha sabido gestionar adecuadamente tanto las formas como los tiempos (sobre todo si el autor ya dispone de determinada cuota de reputación y atención). Pablo Coelho, por ejemplo, colgó su libro El alquimista en Internet totalmente gratis. Su editorial, HarperCollins, lanzó un berrido similar al del granjero del que os hablé en la primera entrega de esta serie de artículos.

Coelho le hizo una peineta a la editorial, creó un blog falso, Pirate Coelho, escrito aparentemente por un fan, y colgó allí su obra. Debido al éxito de ventas del libro físico tras la iniciativa, HarperCollins admitió que se había equivocado (al menos un poco) y aceptó colgar mensualmente un nuevo libro de Coelho en su propia página Web (aunque sólo durante un mes cada uno y en un formato que no permitía la impresión).

El fin último de un escritor es ser leído. El dinero viene después. Esta frase es de Coelho, y probablemente es la primera frase que leo de él que no me parece boba, superficial, tautológica o dirigida a indigentes emocionales. A lo mejor es que me conviene y no soy capaz de detectar sus defectos, pero es una frase que también es del agrado de muchos expertos en nuevas tecnologías y economía, como el editor de la revista Wired Chris Anderson, que ofrece más ejemplos del poder de lo gratis en su libro titulado, precisamente, Gratis:

Incluso autores mucho menos conocidos pueden utilizar lo Gratis con eficacia. Matt Manson, que escribió The Pirate Dilemma (El dilema pirata) recurrió a un modelo para libro electrónico ponga-usted-mismo-el-precio (con el cero como una opción). Una vez superado el proceso de control, el precio por defecto es PayPal es de 5 dólares. De las casi 8.000 personas que se bajaron el libro, en torno a un 6 por ciento pagó por término medio 4,20 dólares. Ello supone un par de miles de dólares en ganancias directas, pero el autor estima que la atención que obtuvo así le supuso unos 50.000 dólares en honorarios de conferencias.

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