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Sin Copyright, ¿de qué vivo?

Sin Copyright, ¿de qué vivo?
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La primera respuesta que puedo dar es: “no es mi problema”. Si alguien ha inventado la nevera (o por ejemplo las redes P2P o Internet), no es su responsabilidad que los transportistas de hielo desde las montañas sigan ganando dinero de alguna forma asociada a esa actividad.

Si una editorial o un artista no sabe ganar dinero si no es conservando el statuo quo legal que frena el avance de la cultura y la tecnología, entonces peor para él.

Si el miedo es que nos vamos a quedar sin cultura o que nadie jamás podrá vivir de su arte, entonces ese miedo es infundado: hay libros como Imagine… no copyright o Copia este libro que ofrecen algunas ideas para ganarse la vida de formas alternativas a los derechos de autor.

Entre los modelos posibles, hay algunos que podrían aplicarse YA, y otros en los que hay que ir trabajando duramente para que se implementen. Entre los que YA se pueden aplicar, pondré algunos ejemplos (en los que, obviamente, los derechos de autor continúan existiendo pero no son tan inflexibles):

El Copyleft es una forma de licencia y puede ser usado para modificar el derecho de autor de obras o trabajos, tales como software de computadoras, documentos, música, y obras de arte.

Sus partidarios la proponen como alternativa a las restricciones que imponen las normas planteadas en los derechos de autor, a la hora de crear, modificar y distribuir copias de una obra determinada. Se pretende garantizar así una mayor libertad para que cada receptor de una copia, o una versión derivada de un trabajo, pueda, a su vez, usar, modificar y redistribuir tanto el propio trabajo como las versiones derivadas del mismo.

Como se describe en CincoDías.com:

Lo gratuito no es enemigo de lo rentable:

1 La televisión pública británica ha sido una de las grandes instituciones a favor del modelo de Creative Commons para difundir algunos de sus contenidos. A mediados de 2004 anunciaba la constitución de la iniciativa llamada Creative Archive (archivo creativo) que permitirá la descarga de material de la BBC con permiso para que pueda copiarse, redistribuirse y modificarse siempre que sea sin fines comerciales. Para dar cobertura a su proyecto usará una licencia de Creative Commons.

2 Grupos musicales de todo el mundo, incluido España, han comenzado a distribuir por internet, gratuita y libremente, sus temas. Junto a pequeñas iniciativas han surgido algunos sellos que venden su música en el canal virtual usando una licencia Creative Commons, como por ejemplo Magnatune. Las descargas se distribuyen gratuitamente con el permiso para hacer copias. Quienes apuestan por el modelo aseguran que es con los conciertos como hacen dinero la mayor parte de los músicos. Por esta razón, distribuir la música libremente es una forma de hacer seguidores que acudan a los conciertos.

3 Algunas editoriales, así como autores, ya usan licencias que permiten que se copien los libros libremente, como O’Reilly en EE UU. El modelo ensayado por otras es publicar en internet gratis y con licencia de libre distribución el mismo título que en papel, como Traficantes de Sueños o Acuarela en España. El novelista de ciencia-ficción Cory Doctorw ha distribuido gratis en la red medio millón de copias de su última novela al tiempo que ha vendido unos 30.000 ejemplares en papel, por encima de lo habitual.

4 La Universidad de Barcelona tiene un programa para que sus docentes publiquen sus materiales con licencias Creative Commons. Pero es el MIT el que ha desarrollado el proyecto más ambicioso: distribuir en internet el material de varios cientos de cursos para que estudiantes y profesores de todo el mundo puedan usarlo y copiarlo.

Sin embargo, las ideas para modelos de negocio futuras incluyen, además, la supresión total y absoluta de derechos de autor: lo cual es lógico, pues en pocos años será tan fácil y barato intercambiar cultura que intentar ponerle nombre, coto, etc. desde instancias superiores será ciertamente complejo (otra cosa es que, de manera natural, la sociedad favorecerá la autoría individual: esta idea se desarrolla en Imagine… no copyright).

Uno de los posibles modelos que más me sedujo lo escuché una vez en una conferencia por el profesor Jorge Cortell en la Universidad de Valencia. Es un modelo que puede resultar un tanto difícil de concretar, demasiado fantasioso, con muchos flecos sin estudiar… pero es una idea que quizá pueda abrir la mente hacia nuevas vías en quienes piensan que la única forma de ganarse la vida es vendiendo cosas.

Para que este modelo de negocio funcione hay que sumar dos factores. Uno: imaginad el dinero que se invierte para que la cultura llegue gratis a la gente de manera física a través de bibliotecas y otros medios, cientos de edificios, millones de obras físicas acumuladas en estanterías, miles de personas para gestionarlo todo. Dos: si os garantizaran que mediante una conexión rápida y segura podríais descargaros gratis en vuestro ordenador todas las obras literarias, musicales, televisivas, cinematográficas de la historia, ¿aceptaríais pagar un pequeño canon mensual por ello al igual que pagáis una cuota a Internet?

Sumando ambos factores, resulta que tenemos una inmensa cantidad de dinero disponible. Dinero que surge de la necesidad de que la cultura llegue a todo el mundo por igual. Por primera vez, es económicamente viable crear una Biblioteca de Alejandría cerrando todas las costosas bibliotecas físicas y otras entidades obsoletas y, encima, resulta que nos sobra dinero. ¿Qué hacemos con ese inmenso dinero sobrante?

La respuesta es favorecer a los creadores de cultura más activos. La manera de auditar algo así (es una idea) sería, por ejemplo, contabilizar cuantas descargar a través de Internet tiene determinada obra. A final de mes, con total transparencia, el autor recibe un salario según ese número. Las obras con más éxito, generarán más beneficios al autor, que así se animará a crear más. Las de menos éxito, desaparecerán o seguirán existiendo simplemente porque el creador recibe compensaciones que trascienden lo económico.

Si algún día llegará o no esta forma de negocio un tanto utópica es imposible de saber aún, pero la tecnología traerá consigo nuevas ideas en quienes sean lo suficientemente sagaces para explotarlas comercialmente:

-Videoconferencias de tu autor favorito a las que acceder previo pago de una suma de dinero muy pequeña mediante Paypal.

-Patrocinio de determinadas obras por parte de marcas comerciales (por ejemplo, incluyendo en una novela que el protagonista bebe Coca Cola: esto puede resultar indigno para los artistas, pero ya se da en la mayoría de películas y series de televisión con lo que se llama “product placement”).

-Por ejemplo, Papel en Blanco no se financia vendiendo estos artículos que escribo, lo hace mediante anunciantes que se sitúan en lugares estratégicos de la pantalla.

-Las futuras técnicas publicitarias será cada vez menos invasivas gracias a los software de inteligencia emergente y, más que publicidad, será información que tú querrás leer: por ejemplo, Amazon descubre mediante tus compras qué es lo que más te interesa y, en base a ello, te informa de novedades que probablemente querrás conocer y hasta comprar. Las posibilidades son infinitas, y la tecnología emergente es cada vez más precisa.

Lo que es innegable es que, mientras los expertos en marketing se devanan los sesos, la cultura seguirá adelante, y más viva que nunca, gracias a esta particular época tecnológica que nos ha tocado vivir: hay más cantantes y escritores que nunca a pesar de que los obsoletos derechos de autor no dan para comer a la MAYORÍA de ellos. hasta donde me alcanza la memoria. Ante esa perspectiva, el futuro sólo puede ser mejor.

En Papel en Blanco | Los malditos derechos de autor (I), (II), (y III)

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