Todos los libros del mundo acabarán siendo gratis, lo queramos o no (y IV)

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Como os adelantaba en la anterior entrega de esta serie de artículos, lo gratis no es necesariamente de peor calidad que lo de pago, aunque psicológicamente nos parezca lo contrario. De hecho, diversos experimentos evidencian que las cosas que siempre han sido gratis nos parecen mejores o peores en función de sus cualidades intrínsecas (como sucede con el producto estrella gratuito de la Red, Google). Pero si un producto era de pago y de repente deja de serlo, convirtiéndose en gratuito, tendemos inconscientemente a considerarlo de peor calidad.

Es decir, que nuestros sentimientos respecto a lo gratis son relativos, no absolutos.

Hay periódicos que han pasado a ser gratis y automáticamente ha disminuido su número de lectores. Sin embargo, The Onion, uno de los periódicos más prestigiosos de Estados Unidos, nació gratis y sigue siendo gratis, así que continúa teniendo gran número de lectores.

Obviamente, el abaratamiento de los costes que implica lo digital reduce los márgenes de beneficio. O mejor dicho: convierte industrias de miles de millones de dólares en industrias de millones de dólares. Pero la riqueza no desaparece, sino que se redistribuye de maneras que son difíciles de contabilizar. Por ejemplo, y solo es un ejemplo simple: un mayor acceso a la cultura y la información crea sociedades más preparadas y, en consecuencia, más proclives para generar puestos de trabajo en los que sean más importante las ideas que la mano de obra. Un país puede incrementar su PIB gracias a estímulos como ése. Y, finalmente, la riqueza se distribuye en más personas.

De nuevo, según Chris Anderson en Gratis:

La cuestión es que las ideas son el último producto abundante que se propaga a coste marginal cero. Una vez creadas, las ideas desean propagarse lejos enriqueciendo todo lo que tocan. Pero en los negocios, las empresas hacen dinero creando una escasez artificial de ideas a través de la ley de propiedad intelectual. Para eso existen las patentes, los derechos de autor y los secretos comerciales: son esfuerzos por retener el flujo natural de ideas en la población en general durante el tiempo suficiente para hacer beneficios. Fueron creados para dar a los inventores un incentivo económico para crear, una licencia para cobrar un ingreso monopolista durante un tiempo limitado, para que puedan obtener un beneficio por el trabajo que les costó la idea. Pero en última instancia, las patentes expiran y los secretos se hacen públicos; las ideas no pueden ser retenidas para siempre. Y cuantos más productos estén hechos de ideas más que de material, más rápidamente se podrán abaratar. Esta es la raíz de la abundancia que conduce a lo Gratis en el mundo digital, que hoy abreviamos como la Ley de Moore.

Frenar la propagación de ideas en el mundo digital es una tarea inabarcable. Más pronto que tarde, pues, nos veremos obligados que repensar modelos de negocio que creíamos intocables, modelos que seguramente implicarán la supresión o la flexibilización de los derechos de autor, las patentes y demás sistemas para crear escasez artificial. Modelos, en definitiva, que se basen en lo gratis y todas sus posibles ramificaciones.

Si os apetece profundizar un poco más sobre la gratuidad del libro, os emplazo a leer un Bonus Track que he publicado posteriormente, aclarando algunas dudas: Libros gratis, ¿por qué no?

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