¿Seguro que menos es más? (y III): por qué el exceso de libros no es necesariamente malo

Sigue a

b

Tal y como os adelantaba en la anterior entrega de este artículo, la variedad de opciones, irónicamente, solo es posible en el mundo online. El físico, por cuestiones de espacio y otras (como que apenas hay información sobre el producto que estamos comprando, y las clasificaciones de las estanterías son estáticas y toscas, como lo son la de los libros), el mundo físico, digo, es incompatible con el universo de la variedad.

En el mundo virtual, justamente ocurre al contrario. Un mundo online donde no existe infinita variedad es tan contradictorio que, evitarla sería como poner puertas al campo: al campo de la infinitud online, al campo de el coste casi cero de la distribución, la copia y la información, el campo de la interconexión global, etc.

En una web, según Anderson:

Hay un número casi infinito de técnicas para utilizar la información latente y facilitar el proceso de selección. Podemos ordenar por precio, por ventas, por la fecha y por el tipo. Podemos leer los comentarios del cliente; comparar los precios con otros productos y, si lo deseamos, dirigirnos a Google para averiguar todo lo posible acerca del producto. Las recomendaciones nos sugieren los productos que han comprado “personas como nosotros” y, sorprendentemente, a menudo son acertadas. Aunque uno no sepa nada sobre la categoría, la clasificación de los productos más vendidos revelará cuál es la opción más popular, lo cual facilita la selección y suele reducir al mínimo el arrepentimiento postventa.

Naturalmente, la variedad de opciones limita las posibilidades de enriquecimiento de un autor. Cada vez más, los autores best sellers lo son por vender menos cantidad de libros. Aunque los factores que coadyuvan a ello pudieran ser la crisis económica o la piratería, lo cierto que el factor más relevante es que hay más variedad que antes, y sobre todo que la variedad tiene más capacidad de exposición que antes.

bestAntes, un superventas copaba las estanterías, los anuncios publicitarios de los medios impresos, las críticas de los semanarios, e incluso las tertulias y otra clase de espacios físicos. Ahora, por el contrario, un autor poco conocido puede tener gran proyección gracias a blogueros, Youtube, el buscador de Google, podcast, Amazon, etc.

Ahora hay más variedad y resulta más difícil hacerse millonario escribiendo. Pero, a la vez, hay más posibilidades que nunca de ganar dinero escribiendo. En cualquier caso, los beneficios de la diversidad y la abundancia son imparables, y resultan tan beneficiosos para todos (incluidos eventualmente la mayoría de los autores), que tratar de obstaculizarlos es haber olvidado en qué situación se encontraba la cultura hace apenas un cuarto de siglo.

Los agentes inmobiliarios, los planificadores financieros, los motores de búsqueda y los servicios de recomendación de Amazon hacen todos lo mismo. Cada uno de ellos sabe algo de nosotros y algo acerca de lo que es valioso. No sólo reducen el número de opciones, sino que lo hacen inteligentemente, teniendo en cuenta qué es lo que deseamos. Nos ayudan a ser nosotros mismos. De ahí el auge de los consultores de bodas, una profesión que casi no existía hace veinte años. (…) Cuanto más reflexionamos sobre lo que deseamos, más comprometidos estamos en la creación de los bienes que compramos y usamos (a través de la personalización). Y cuanto más participamos en la creación de productos y servicios, más opciones terminamos creando para nosotros mismos.

En cualquier caso, la próxima vez que alguien os diga que hay demasiados libros, podéis responderle: ¿demasiados respecto a qué? (y que su frase podría haberse pronunciado en cualquier momento de los últimos siglos con idénticos argumentos).

Los comentarios se han cerrado

Ordenar por:

3 comentarios