A serbian film: ¿todavía vivimos en una época de censura medieval? (II)

2 comentarios

tijeras.jpgDejando a un lado la estética de las manifestaciones artísticas que os he referido en la anterior entrega de este artículo, empezar a dar tijeretazos censores puede ser muy peligroso. Vayamos a algunos ejemplos del mundo de la literatura.

La publicación de la novela de Hernán Migoya Todas Putas tuvo que ser retirado de muchas librerías porque los personajes (repito, los personajes) de la novela hacían apología a la violación o a la violencia de género.

También recuerdo que hace unos meses, en un debate radiofónico, la omnipresente polemista Pilar Rahola cuestionaba la moralidad de publicar obras como Lolita de Nabokov. Irónicamente, Lolita ya estuvo prohibida en su día. Como también obras de Mark Twain.

Huckleberry Finn fue y ha sido objeto de repetidas prohibiciones en las escuelas debido al uso de la palabra nigger (negrata), vocablo que en Estados Unidos ha adquirido un peso específico tan alto que incluso en los medios de comunicación se refieren a él como la palabra-n. En 1921, un tribunal estadounidense también declaró obsceno un pasaje del Ulises, de Joyce, y el libro estuvo prohibido hasta 1933. También sufrieron cortes y recortes Trópico de Cáncer, de Henry Miller, o Fanny Hill, de John Cleland.

Y es que ya lo dijo en una ocasión el escritor británico C. S. Lewis:

Una vez que te pones a hablar de sexo explícitamente, te ves obligado a escoger entre la lengua de la guardería, la de los bajos fondos o la de clase de anatomía.

Todas las obras, incluso las de ficción, transmiten tendencias. Por supuesto. Como absolutamente todas las cosas del mundo. Tratar de limar todas las aristas del mundo es un trabajo agotador y estéril: siempre habrá más aristas que limar. Y ¿quién controla al que vende las limas y las normas sobre sus usos? Controlar la realidad para que no nos haga daño tiene ese riesgo: que el que controla la realidad nos haga daño subrepticiamente.

Además, ¿podemos determinar que una idea es netamente nociva? ¿Y si existe una mínima posibilidad de que sea cierta y el prejuicio y el miedo provocan que jamás salga a la luz? La mayoría de los grandes avances de la ciencia y el pensamiento se han basado precisamente en esa destrucción de dogmas o parámetros que se creían indubitables.

Por si fuera poco, esta hipersensiblidad es más acusada en el medio catódico. Los libros no dejan de ser cosas que sólo consumen una minoría de la gente. Pero la televisión es masiva y tentacular, así que imaginaos cuánta gente puede sentirse ofendida o agredida por ella.

En la próxima entrega de este artículo profundizaré en los peligros de dar pábulo a la hipersensibilidad de diferentes grupos de personas.

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Comentarios

  • 1

    Avatar de begotorregrosa !

    Yo creo que no hay que confundir el tema con el tratamiento del tema. La literatura está llena de asesinos, violadores y pederastas. La cuestión es si se le da a ello una imagen de cierta normalidad, o si se intenta justificar algo que es injustificable, aunque se esté poniendo desde el punto de vista del enfermo, no creo que sea adecuado. No he leído "Todas putas", no puedo opinar. En Lolita al protagonista creo que no se le da una imagen de bueno, ni que eso es lo que está bien. En el libro de Sánchez Dragó en cambio, me parece fuera de lugar ciertos comentarios.

    -- editado por última vez a las 22:32

  • 2

    Avatar de hernandodesoto !

    Creo que deben existir unos mínimos -horario infantil-, pornografía sexista fuera del alcance de los niños... creo que se debe dar una oportunidad a cada cual de desarrollar su personalidad poco a poco: hoy día, parece que los niños pasan de niños a adultos con demasiada rapidez a pesar de que la adolescencia parezca durar decenios: niños pequeños con móviles y total acceso a internet, que sin tapujos cantan 'canciones de amores imposibles' cuando no saben ni lo que significa, niños que ya no hacen ruido por las calles porque ya no juegan en ella... la de tiempo que hace que no veo uno con juguetes más sociales: cometas, menos bicicletas y skates, menos juegos multitudinarios, menos de esos partidos de 25 con una pelota...

    En fin, que ya parece que estemos viviendo en las ciudades de los niños perdidos

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