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La lengua está viva, es multiforme y multicapa. A pesar de que algunos pretendan encorsetarla, la lengua evoluciona y se adapta a la realidad; incluso condicionando la propia realidad.
Lo mismo sucede, por tanto, con la literartura. No hay diques para ella. Caudalosa y ingobernable, como debe ser, es capaz de adoptar la forma que más nos apetezca.
Hay autores que no solo han jugado con las palabras sino también con las letras, sobre todo en poseía. Como aquel extraño poema en latín del alemán Christianus Pierus titulado Christus crucifixus, cuyos mil versos estaban compuestos por palabras que empiezan por C (Currite, castalides. Christo comitante camanae...)
Abracadabra es una palabra hebrea que incluye tres palabras: padre, hijo y espíritu santo.
Escribir del prisionero consiste en escribir utilizando palabras sin letras con salientes superiores o inferiores (evitando letras tales como q, t o f) para utilizar el mínimo papel posible. También hay quien escribe utilizando sólo una vocal, o con palabras que empiezan siempre por la misma consonante (“Sábado. Siniestros sonidos surcaban sombríamente Salamanca. Sintiéndose solitario, Sergio, sentado sobre su suntuoso sofá, suspiró, sopló, salpicó saliva….”), o suprimiendo una letra determinada, o alternando rigurosamente vocales y consonantes, o haciendo que una determinada letra esté en todas las palabras del texto.
Está la escritura pivote, dónde cada palabra empieza con la última letra de la anterior (“El león no obedece. Es sutil, lánguido, obsesivo…”). Está la escritura creciente, dónde cada palabra tiene una letra más que la anterior (“Y si tío fuma nunca tendrá dolores, espasmos terribles…”)
¿Conocéis idiomas como el Kaluli o el Kobon? Estos lenguajes son muy raros, están en peligro de extinción, y tienen la particularidad de que son capaces de transmitir paquetes de información. Uno de estos paquetes es el de contar, numerar con el cuerpo.
En Papúa Nueva Guinea, que es donde los lingüistas han hecho el agosto con estos lenguajes, las palabras que denominan los números son los nombres de las partes del cuerpo. Este rollo macabeo podría ir soltándolo un hombre mientras acaricia la piel desnuda de una mujer que se halla tendida en una cama King Size con dosel. Iría palpando levemente, etéreamente, con una pluma de avestruz o de ángel, ya puestos, su meñique, que es la parte del cuerpo que es Kobon designa el número uno.
“Y ahora voy a contarte toda entera, amor”, le susurraría el amante al oído de la amada. Qué bonito. Le rozaría el anular, el dos; luego el corazón, el tres; el índice, el cuatro; el pulgar, el cinco; la muñeca, el seis; el antebrazo, el siete; el interior del codo, el ocho; el bíceps, el nueve; el hombro, el diez. Y, para contar más, se debe emplear la clavícula y el hueco que hay sobre el manubrio del esternón, la incisura yugular.
El campo de las paradojas semánticas lógicas también es amplísimo. Dicen en el libro Platón y un ornitorrinco entran en un bar que existen dos tipos de palabras: las que se refieren a sí mismas o autólogas, y las que no o heterólogas.
Algunos ejemplos de autólogas son “Corto” que es corta en sí misma, “Polisílabo” que también lo es en sí misma, etc. “Monosilábico” es una palabra que tiene mucho más que una sola silaba, así que es heteróloga. La pregunta que plantean es: ¿la palabra “Heterólogo” es autóloga o heteróloga? Si fuera autóloga, entonces es heteróloga…y si fuera heteróloga, es autóloga.
Los errores en la literatura, en la lengua, en la traducción también son necesarios. Cambian y enriquecen la imaginación. Provocan realidades espontáneas que difícilmente se habrían materializado siguiendo a rajatabla normas y valores. En el cuento de La Cenicienta de Perrault, el famoso zapato hubiera tenido que ser de “vaire” (un tipo de piel) y no de “verre” (cristal). Pero ¿a que queda mejor siendo de cristal?
Asi es la lengua y la literatura. Tiene mil formas. Tiene mil aplicaciones. Y así deberá ser siempre, por mucho que los dictadores de la lengua y la estética se empeñen en cortarnos las alas.
Vía | Vivir es una casualidad
Comentarios
interesante
...provocador!
Aunque buen castellano, chaval, destilo, el fundamento gramatical ha impedido jalonar kilométricas lexicografías, menguando, nada ñoñamente, opciones paralelas que revolverían, sutilmente, tu última vacilación-web, xenofóbica* y zalamera.
(*) centrada únicamente en la lengua castellana ;)
-- editado por última vez a las 09:54
interesante
Antes de que se me funda completamente el karma con los votos negativos: Estos trucos o singularidades del lenguaje que explica Sergio, tienen una característica adicional: a veces no siempre se pillan a la primera, máxime si no los estás buscando (=sientes la flecha que te hiere pero no aprecias el labrado artesanal de su madera).
Mi comentario anterior era un simple guiño al tema del artículo con dos propósitos:
1-> Utilizar un "abc[ch]grama" completo, otra de estas ingeniosas singularidades (la inicial de cada palabra corresponde a una letra del alfabeto, sucesivamente desde la A hasta la Z).
2-> Mostrar lo complicado que es dar sentido a una construcción de este tipo pero conseguir dárselo.
Mi deseo de utilizar la "Ch" y las pocas posibilidades de la "X" se encargaron de que pareciese un exabrupto salido de tono, a pesar de que podía llamarle "Chaval" por nuestra diferencia de edad y de que incluí una amortiguación de la peyoratividad de "xenofóbico" refiriéndolo a la lengua y guiñando!
Muy creativo tu comentario Melojo, yo te doy un voto positivo. Siempre habrá alguien que lo malinterprete, pero no te preocupes por ello.
Por cierto, es un placer verte por aquí, se necesitan buenos comentaristas como tú.
Lo mismo digo y ¡gracias! sobre todo porque tú me trajiste aquí
Interesante entrada, y al respecto, tengo varias dudas circunstanciales: ¿cómo la lengua condiciona la realidad?, ¿y quiénes son esos "dictadores de la lengua"? ¿Que un error propiciara algo presumiblemente afortunado implica que los errores, así, en general, sean necesarios? En vilo me hallo.
César Noragueda
interesante
César, me haces demasiadas preguntas y no tengo mucho espacio para responderlas. Si quieres puedo recomendarte algunos libros sobre cada uno de los temas. Pero para no hacerte un feo, intento responder de manera sucinta:
1. La lengua condiciona la realidad en tanto en cuanto empleamos palabras para darle atribuciones. Psicológicamente solemos asociar esas atribuciones con la realidad. Ese truco se emplea a menudo en los discursos políticos.
2. Los dictadores de la lengua están en todos los ámbitos: desde los críticos literarios hasta las asociaciones varias que quieren imponer el uso de determinadas palabras y censurar otras. Y en literatura, sobre todo, aún debe existir menos control sobre lo que es correcto, bello y demás.
3.Los errores son necesarios porque los fundamentos de la creatividad se basan en disociaciones irracionales o en mezclar cosas que lógicamente nunca mezclaríamos. Así es como funciona una buena sesión de brainstorming, por ejemplo, donde las palabras "error" o "sinsentido" no se contemplan. Así pues, un poco de caos, un poco de error, siempre es bueno para favorecer y ensanchar los horizontes de cualquier expresión artística.
Un saludo.
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