Algunas curiosidades muy curiosas sobre los libros (I)

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-Las presentaciones de libros y hasta las giras para su promoción no son una cosa de ahora, propia de los tiempos modernos y las camapañas de márketing. Durante la época del Imperio Romano los editores colocaban en las puertas de sus tiendas unas curiosas listas con los títulos de los libros que poseían en el interior, con detalladas reseñas bibliográficas de su contenido. En los mismos lugares se organizaban tertulias sobre las novedades y recitaciones o lecturas públicas hechas por el propio autor, para así aumentar las ventas. Sólo les faltaba la lista de los más vendidos.

-Uno de los primeros libros de Derecho de la historia no estaba escrito en papel sino en una columna de diorita. trata del código de Hammurabi (s. XII a. de C.). Esta forma de editar un libro puede parecer primitiva. Sin embargo, durante uno de los períodos de máxima tensión de la Guerra Fría, ante la posibilidad de una hecatombe mundial, se llegó a considerar la necesidad de grabar en acero algunas de las obras literarias más importantes de la humanidad, para asegurar su conservación.

-Viva la obra anónima y abajo el autor. En el siglo XII, se consideraba que tener la capacidad de redactar un libro podía conducir al pecado de soberbia. La actividad científica más importante que se emprendía consistía en traducir los libros que habían legado los autores de la antigüedad. Cuando la Iglesia permitió que sus monjes compusieran obras literarias –exclusivamente de tipo religioso y moralizante– obligó a sus autores a dejarlas inéditas y a redactarlas en un estilo impersonal que no permitiera reconocer al autor, para que un posible éxito de las mismas no incitara al orgullo y a la soberbia de sus creadores.

-Esto me suena a los libros de magia de la Universidad Invisible de la saga de novelas de fantasía Mundodisco, de Terry Pratchett. Resulta que en la Edad Media, los libros de los primitivos colegios tenían que ser utilizados en las misma biblioteca, así que los libros, para evitar robos, estaban fijos por medio de cadenas. Por esa razón se les denominaba “libri catenati” (libros encadenados). Si tenía lugar algún préstamo por motivos especiales, el que se llevaba el libro debía dejar en depósito otro libro, que en el caso de no devolverse el libro prestado pasaba a formar parte del fondo de la biblioteca.

Vía | Humoradas

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