¿Cuál es una de las novelas más ‘gore’ de la historia?

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En estos tiempos de corrección política galopante y de cogérsela con papel de fumar, un vistazo superficial a la ficción que actualmente se publica puede hacernos creer que estamos siendo bombardeados por imágenes de violencia sin igual, y, en consecuencia, que también la nuestra es la sociedad más violenta de la historia).

Pero ni una cosa ni la otra. No se publican ahora obras literarias más inmorales o atrevidas que antes, ni tampoco estamos viviendo en la sociedad más violenta de la historia (de hecho, cientos de estudios al respecto sugieren que la sociedad actual es la más pacífica, tolerante y moral de todas cuantas han existido). Pero centrémonos en la literatura y dejemos la antropología para otro blog.

En literatura, se podría afirmar que una de las obras más violentas y gore que se han escrito nunca es Lacelot. Toma impacto. Lacelot, una obra de caballería, tan leída en los institutos, tan reverenciada por la crítica, tan romántica y todo eso. Porque Lancelot es violenta hasta decir basta. Lancelot debería estar clasificada X.

Sé que cuesta de creer porque Lancelot trata de las leyendas de los caballeros, de damas excelsas, de escenas romantiquísimas. Y es cierto. Sin embargo, históricamente tendemos a olvidar cómo fue de verdad la vida de los caballeros. Y también hemos omitido, tal vez inconcientemente, los fragmentos de Lancelot donde esos detalles escabrosos se ponen de manifiesto.

Lancelot y otros relatos de la caballería medieval, ambientados en el siglo VI y escritos entre los siglos XI y XIII, no eran material amable, precisamente. Centrándonos en Lancelot del siglo XIII, escrita francés Chrétien de Troyes, por ejemplo, se puede afirmar que, cada cuatro páginas de la obra, aproximadamente, aparece una escena de violencia extrema, tal y como ha calculado el medievalista Richard Kaeuper.

Tal y como señala el psicólogo cognitivo Steven Pinker en su libro Los ángeles que llevamos dentro:

En cuanto a su jactancioso tratamiento de las damas, un caballero corteja a una princesa prometiendo violar, en su nombre, a las mujeres más hermosas que encuentre; su rival promete enviarle las cabezas de los caballeros a los que derrote en los torneos. Los caballeros protegen en efecto a las damas, pero sólo para evitar que sean raptadas por otros caballeros.

Si todavía estáis enarcando una ceja escéptica, permitidme que os transcriba parte del análisis que el medievalista Richard Kaeuper llevó a cabo de Lancelot:

Limitándonos a casos cuantificables, al menos encontramos ocho cráneos partidos (unos hasta los ojos, otros hasta los dientes, otros hasta la barbilla), ocho hombres derribados que son aplastados adrede por los enormes cascos del caballo de batalla del vencedor (de modo que se desmayan de dolor, una y otra vez) y cinco decapitaciones; se arrancan dos hombros enteros, se cortan tres manos, tres brazos son cercenados en distintos puntos, un caballero es arrojado a una hoguera y otros dos son catapultados a una muerte súbita. Un caballero ata cruelmente a una mujer con correas de hierro; Dios mantiene a un individuo durante años en una bañera de agua hirviendo; otro casi es alcanzando por una lanza. Las mujeres suelen ser raptadas, y en un momento dado nos enteramos de cuarenta violaciones.

Y la cosa sigue, y sigue. Pero, claro, es tan romááááántico leer cómo un caballero corteja a una dama.

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