De cómo las novelas han salvado el mundo: abolición de la esclavitud, malos tratos, sufrimiento ajeno y otras tragedias (I)

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Los grandes cambios sociales solo se producen cuando la gente común es capaz de indignarse con la situación que se pretende modificar. Por ejemplo, de poco sirvieron las reflexiones de pensadores e intelectuales de la época para combatir el racismo: hasta que no hubo un grupo suficiente de personas que sintieron empatía por otras etnias, no se impuso la moda de evitar el racismo.

Cuando hablo de moda no lo hago de forma peyorativa: la mayoría de opiniones que tiene la gente sobre asuntos complejos suelen ser superficiales. De este modo, la gente no opina una u otra cosa tanto por reflexión profunda como por lo que se respira a su alrededor. Como una moda, como un meme. Los pensadores e intelectuales solo influyen a otros pensadores e intelectuales… hasta que un grupo de personas lo suficientemente inteligente o perspicaz recoge el legado de estos pensadores y lo codifica de tal modo que pueda cristalizar en todas la capas de la sociedad.

En ese sentido, las novelas son los grandes transformadores del mundo. Porque las novelas inciden más en el pensamiento de la gente común que miles de páginas de sesuda disquisición.

La lectura es una tecnología muy apropiada para adoptar perspectivas (hablamos exclusivamente de lectura porque, a diferencia del cine o el teatro, la lectura es capaz de llegar más adentro de la psique que cualquier otra tecnología, como ya os expliqué en La literatura no es sólo un pasatiempo).

Así pues, con la generalización de la lectura, también se expandió la empatía hacia situaciones o personas que en principio parecían excluidas de la compasión general. Es lo que postulaba el filósofo Peter Singer, gran defensor de una ética hacia los animales, en su libro The Expanding Circle, donde sostiene que, a lo largo de la historia, los individuos han ampliado el abanico de personas cuyos intereses valoran como propios. (Tal vez en unas décadas o siglos, la expansión empática alcance a cada vez más especies animales).

Tal y como lo explica el psicólogo cognitivo Steven Pinker en Los ángeles que llevamos dentro:

Cuando sabemos cómo piensa otra persona, observamos el mundo desde la posición estratégica de esa persona. No sólo captamos visiones y sonidos que no podríamos experimentar directamente, sino que entramos en esa mente ajena y compartimos temporalmente sus actitudes y reacciones. (…) Es fácil suponer que el hábito de leer las palabras de otras personas nos puede habituar a entrar en su mente, con todos sus placeres y aflicciones. Introducirse siquiera por un instante en la perspectiva de alguien que se está poniendo negro en la picota, apartando desesperado leños ardientes o retorciéndose bajo doscientos latigazos podría hacer que la persona reflexionara sobre si alguien debe jamás sufrir tales crueldades.

En ese sentido, la alfabetización no solo mitiga el provincianismo sino que permite consumir ideas sobre mundos hipotéticos, como los que conciben las ficciones satíricas: que transporta al lector a un lugar donde puede observar sus propias insensateces. De ese modo, el lector puede cambiar mucho más su perspectiva que tras una colección de arengas o sermones. A la gente le gusta que le cuenten historias, sobre todo si son historias sobre ellos mismos, convenientemente deformadas para sacar a relucir alguna arista que debería limarse.

El instante crucial en el que la lectura empezó a generar un mayor grado de empatía en la gente común, hasta el punto de que podríamos afirmar que el mundo empezó a ser salvado gracias a la literatura, tuvo lugar a finales del siglo XVIII. Fue el instante en el que la novela se convirtió en un entretenimiento de masas. En Inglaterra y Francia se publicaban entonces casi 100 novelas nuevas al año.

Y a diferencia de la épica anterior que contaba las proezas de héroes, aristócratas o santos, las novelas reflejaban las aspiraciones y las desgracias de la gente corriente.

Pero ¿qué novelas fueron exactamente las que salvaron el mundo? ¿Y de qué lo salvaron? Las respuestas a estas cuestiones las encontraréis en la siguiente entrega de este artículo.

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