Llevaba un tiempo dudando cuando tocar el manido tema de la relación entre los escritores y su compromiso político, hasta que ayer supe por una noticia de El País que Vargas Llosa publica Sables y utopías, una recopilación de artículos, cartas y escritos con el denominador común de tocar el tema del escritor como referente social. Luego encontré en este blog un post de mi compañera Juliana Boersner y ya me animé del todo. Realmente es un asunto que me apasiona, un debate del que nunca escapo, sino todo lo contrario, me esfuerzo en crearlo: ¿Deben los escritores ser social y políticamente comprometidos?
En el mundo literario hay para todos los gustos. No quiero entrar en maniqueísmos pero está claro que, como en todo debate, es conveniente comenzar presentando las dos posturas más polarizadas. Por un lado están los que opinan que un escritor debe participar en el debate público y aún más: inducirlo y dirigirlo. Por otro tenemos a los que reniegan de tal responsabilidad y creen que un autor debe sólo responder ante su obra y nada más.
Del primer grupo me gustaría destacar al ya mentado Mario Vargas Llosa. Hace mucho que dejó clara su postura con su famoso e interesantísimo debate epistolar con el recientemente fallecido Mario Benedetti (que encontraréis al final del post). El peruano decía entonces, entre muchas otras cosas:
En América Latina un escritor no es sólo un escritor.
Y hace unos días en la presentación del libro citado más arriba afirmaba:
Los intelectuales hoy no sienten la necesiad de comprometerse; creen que los sistemas políticos ya garantizan por sí solos la democracia, pero no es así... en América Latina todo está por hacerse, la democracia no está allí para quedarse. En ese contexto, el intelectual tiene la obligación de intervenir en el debate cívico. El debate fundamental es el de las ideas.
Queda pues más que clara su postura. Por el otro lado, me parece muy oportuno recordar la opinión que manifestó Arturo Pérez-Reverte durante su intervención en los diálogos Diversidad e identidades de los lenguajes narrativos, dirigidos por Carlos Fuentes durante el Forum Barcelona 2004:
Mi móvil es contar historias, transmitir mi interpretación del mundo bajo mi punto de vista, que unas veces es el de la novela y otras el personal (...) Escribo, entre otras cosas, porque me pagan y el lector me lee porque quiere; yo no quiero ser el referente de nadie (...) Yo soy un leal mercenario de mí mismo, de mis aficiones, amores y odios (...) La literatura es algo complejo y ambiguo en relación con la responsabilidad moral (...) Un escritor comprometido debe ser consecuente y necesita explicarse demasiado, y aquello que un lector medianamente culto no puede entender, no existe (...) También hay muchos grupos de poder que quieren apropiarse de escritores, y eso es utilizar mediáticamente a los escritores y los lectores (...) A menudo son los lectores los que proyectan el compromiso en la obra del autor (...) Hay perfectos hijos de puta que son extraordinarios y muy recomendables como escritores.
No hace falta decir que entre estos opuestos hay un sinfín de pareceres. Yo creo que los dos tienen mucha razón. Estoy de acuerdo con el español en que lo importante es cómo se enfrenta el lector a la obra y que los grandes grupos de comunicación intentan aprovecharse del tirón de los autores más reconocidos o exitosos. Pero voy más allá: ya no es que los lectores muchas veces saquemos conclusiones y lecturas que las obras no tienen, es que muchas veces caemos en juzgar a los escritores por lo que dicen y hacen y no únicamente por lo que escriben. Algo que, en mi opinión, debemos evitar; Camilo José Cela me parece un gilipollas redomado, un ególatra acomplejado que colaboró con la dictadura franquista, pero me he leído tres veces La Colmena y no puedo sino admirarlo por ella.
Pero a la hora de juzgar las palabras de Vargas Llosa hay que tener en cuenta que su debate con Benedetti se refiere al caso particular de Latinoamérica. Y comprendo que sea beligerante y que, además de opinar, llegue a exigir a sus compañeros literatos compromiso político-social. Entiendo que el escritor peruano crea fundamental la participación activa de la élite artística e intelectual en la construcción democrática del continente porque considero (con mis ojos europeos) que la democracia latinoamericana aún está en muchos casos muy verde. Por lo tanto me parece que Vargas Llosa hace muy bien pretendiendo que los más cultos se comprometan en la vertebración de una sociedad libre, justa e igualitaria.
Ahora bien: cada uno que haga lo que quiera. Uno puede esperar que aquellos que son más sabios que la media se involucren en busca del bien de sus contemporáneos, pero no debe ser una exigencia. Además, no siempre la implicación de determinados grupos sociales es positiva porque la capacidad de crear opinión es un arma peligrosa en las manos equivocadas.
En Papel en blanco | Los escritores, la obra de arte, el compromiso y la libertad
Más información | Debate epistolar Benedetti-Vargas Llosa (compuesto por Ni corruptos ni contentos, de Mario Benedetti, Entre tocayos I y II, de Mario Vargas Llosa y Ni cínicos ni oportunistas, respuesta final del primero) extraído del blog literario Cuchillos cachicuernos.

Comentarios
A este respecto, recomiendo la lectura de 'La traición de los intelectuales', un ensayo de Julien Benda.
César Noragueda
interesante
Muchas gracias por tu recomendación, César.
Creo debe haber un poco de todo. No me parece adecuado para nada que la literatura se vea politizada en exceso, ya que suelen aparecer obras de nula calidad y demagogias varias: obviamente cualquiera que coja una pluma para defender una ideología en vez de para crear una obra de arte empieza mal, y también es evidente que no todo el que escribe está al nivel de Vargas Llosa; al menos, para mí lo es.
Por otro lado, tampoco me parece muy recomendable que todos los representantes del arte (creo que la cuestión no se limita simplemente a los escritores) vivan en su torre de marfil ajenos completamente a la realidad en la que viven.
En fin, mi opinión es que debe haber ambos tipos de artistas, y tampoco hay que perder de vista el hecho de que muchas veces, por muy comprometida que haya sido la literatura, al final sus intentos de mover a la sociedad quedan en nada. Las personas no se dedican a leer libros cuando carecen de educación básica, cuando les falta el dinero para comer o cuando les caen bombas a la derecha y el ejército del tirano de turno les acecha por el otro lado.
Un escritor es ante todo un ciudadano, y como tal está -quiéralo o no- comprometido con la sociedad, a no ser que viva en una torre de marfil separado de todo y de todos. Estar comprometido no puede significar necesariaamente ser partidista. Es más, su voz crítica debe estar, en virtud de su libertad, por encima de las luchas partidarias, aunque -cuando sea necesario- debería optar con todas las consecuencias. Su compromiso es con la persona humana y sus derechos; con la libertad y la justicia. Desde ahí entiendo la tarea del escritor.
pos supuesto........... totalmente d acuerdo con este post no m ha dado tiempo a leerlo entero pero si
interesante
Ramón: entiendo lo que dices, pero no estoy totalmente de acuerdo.
Que un escritor como ciudadano sea un individuo social no quiere decir que esté comprometido socialmente como escritor. Es decir: puede ser que como escritor no aporte nada a la sociedad y sólo se limite a entretener.
Ojalá todo escritor (u otro artista) estuviera comprometido "con la persona humana y sus derechos; con la libertad y la justicia", pero se me ocurren muchos que no lo están...
Es muy difícil a la hora de escribir, preguntarte esto y darte una respuesta, pero siendo latina entiendo la postura de Vargas llosa. A pesar de que a veces siento y temo que mi voz no sea completamente escuchada, creo que me parece horrorosa la idea de esconderme un día en mi casa y ver como mi mundo se cae a pedazos. En mi país, como en la mayoría de los países latinoamericanos la dictadura aún deja cicatrices imborrables, pero también nos recuerda que gracias a que los escritores y artistas se volvieron voceros de las atrocidades los que vendrán no tendrán que sufrir por ello. Les recuerdo también que sin importar las ideas, sean partidistas o no, los primeros en los que una dictadura o un régimen autoritario ponen su mirada; es en ellos, por ser voceros de ideales de paz, amor, bien y mal, por entregar sueños y cultura. Quieran o no alejarse de su condición de vocero no es una opción que ellos mismos puedan elegir, quienes los eligen son los lectores, el pueblo. Muchos autores, quizás sin saberlo, ya fueron escogidos como tales, quizás sin saberlo ya movieron masas y encendieron corazones, sólo con una frase. Por cierto que es necesario aclarar algo que quizás para muchos sea desconocido fuera de latino América; el hecho de que no es lo mismo una visión, político partidista y una visión política. Una visión política es algo casi natural, todos los humanos la tenemos y a veces sin proponérnoslo, la visión política te transforma en un actor social. Un ejemplo sería que como escritor; un día sin darte cuenta vieras a tu vecino empobrecido por su nueva cesantía en un tiempo de crisis y decidieras escribir sobre la situación pues te ha corrompido tu parte más sensible. Sin darte cuenta tus otros vecinos y tus amigos desean levantarse luego de haber leído tu obra y exigir mayores remuneraciones y seguros de cesantías más altos, etc. Llevando esto a la realidad, pensemos en una J.K Rowling que quizás ustedes no lo sepan, pero que sin tener una posición partidista o política definida, en países de latino América no sólo causo revuelo por la magia y los hechizos, si no por el mensaje conmovedor de un niño pequeño que sin entender bien había sufrido la muerte de sus padres tras un allanamiento de su casa, una cosa muy recurrente en tiempos de dictaduras. Otra historia que capta la atención es la de Neville Longbotton el joven que perdió a sus padres en el margen de la locura. En Latinoamérica muchos jóvenes aún viven con el constante temor de haber visto a tíos a posibles padrinos, amigos de familia e incluso padres haber enloquecido, cambiado, ser frustrados o simplemente ser obligados a vivir al margen de la ley, luego de haber luchado años contra un régimen fascista. Tenemos en esta novela a un Voldemort sin rostro, pues les digo; en Latinoamérica más de un chico le puso un rostro conocido; el de su dictador de infancia que muchas veces amenazó su vida sin represalias. Esta historia, quizás sin que la misma autora se lo propusiera, nos invitaba a luchar a defendernos y a sentirnos bien cono nosotros mismos y nuestras vidas golpeadas por historias parecidas, a sentirnos reconocidos en un espejo. Por último sólo porque los escritores tienen una voz muy fuerte que es pagada por sus seguidores les pedimos que consideren la posibilidad de escribir y usar su voz en favor de ellos, de los que no tiene voz y muchas veces se ven avasallados sin poder quejarse.
interesante
Gracias por tu comentario, animazul.
La próxima vez utiliza saltos de párrafo, por favor, porque escrito así todo del tirón se hace más difícil la lectura.
Un saludo.
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