El agotamiento de los nombres en un mundo mejor interconectado: títulos de libro, de personas, de sitios y otras cosas repetidas (y III)

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Seguimos con esta serie de artículos con esta tercera y última parte acerca del agotamiento de los nombres en un mundo cada vez más global.

Tal y como señala James Gleick en su libro La información:

En mundo ha tenido desde hace mucho tiempo espacios de nombres basados en la geografía y otros basados en un determinado nicho económico. Se podía ser Bloomingdale´s con tal de no vivir en Nueva York; o se podía ser Ford con tal de no fabricar automóviles. (…) Encontrar nuevos nombres en ese espacio se ha convertido en un reto. (…) El Gremio de Actores de Cine tiene su propio espacio de nombres: solo se permite en él una Julia Roberts. Los espacios de nombres tradicionales se solapan unos a otros y se fusionan entre sí. Y muchos están llenos hasta los topes.

Con los fármacos ocurre tanto de lo mismo, con el agravante de que nuestra salud está en riesgo. La metadona se administra contra la dependencia de los opiáceos, pero el metadato es un medicamento usado contra el trastorno por déficit de atención. El Taxol se usa para tratar el cáncer, y el Taxotere, para un tipo de cáncer distinto.

Los médicos temen tanto los errores por similitud de apariencia como los errores por similitud de sonido: Zantac/Xanax; Verelan/Virolon. Los lingüistas inventan medidas científicas de “distanciamiento” de nombres. No obstante, se han aprobado medicamentos llamados Lamictal, Lamisil, Ludiomil y Lomotil.

El solapamiento de nombres y el agotamiento de los nombres no son fenómenos nuevos, pero jamás antes en la historia se había producido a semejante escala. Cuando Carl von Linneo inventó la taxonomía para clasificar los animales y las plantas que pueblan el mundo, se vio en la tesitura de ponerle nombre a 7.700 especies de plantas y a 4.400 de animales. Actualmente, hay casi 300.000, con contar los insectos, que son varios millones más.

El agotamiento de nombres no sería un problema si no existiera una herramienta de comunicación tan efectiva como Internet. Antes éramos islas, luego fuimos continentes. Ahora somos un planeta. Y probablemente, no tardaremos en ser una galaxia.

Nadie sabe qué pasara entonces. Por mi parte, si tengo un hijo, escribo un libro o planto un árbol, lo bautizaré con un nombre que no aparezca reflejado en el DNI de un centenar de personas.

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