El futuro del periodismo 2.0: profesionales VS Amateurs

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No hay día en el que no me llegué la luctuosa noticia del despido de un puñado de periodistas de algún medio de comunicación. El periodismo, junto a los empleos derivados de la burbuja inmobiliaria, parecen ser los más vinculados a la crisis económica. Eso es así.

Sin embargo, el árido panorama del periodista profesional no es, en exclusiva, un efecto de la crisis, que ha llevado aparejado un decremento de los ingresos de publicidad. Lo que está en crisis en el periodismo, sobre todo, es el modelo de negocio.

La gente, ahora, puede consumir la información que antes adquiría pagando de forma totalmente gratuita a través de blogs y periódicos digitales. El Huffington Post, incluso, contrata a periodistas que no reciben ningún sueldo por su trabajo, tal y como se lamentaba el autor de The Cult of the Amateur Andrew Keen.

Lo que sucede, en el fondo, es bastante simple, y ya está ocurriendo en todos los ámbitos de la creación, desde el cine hasta la televisión o la radio: a medida que un mayor número de personas crea contenidos por razones no monetarias, crece la competencia para aquellas que lo hacen por dinero. Eso no significa que no te puedan pagar por publicar algo, sino que lo publicado compite casi de igual a igual con lo gratuito.

Y en muchas ocasiones, lo gratuito, lo amateur, vence a lo profesional: echad un vistazo a la Wikipedia, que ya posee un índice de errores inferior a la Enciclopedia Británica. O determinados blogs de información política o científica, que superan con creces cualquier medio tradicional (incluso sacándoles los colores, como Malaprensa).

Los periódicos, pues, van a tener que reinventarse de un modo tan radical como lo han hecho hace unos años los sellos musicales (y lo que les queda). Los periodistas que reciban la carta de despido serán aquéllos, mayoritariamente, que trabajan para empresas que no han sabido encontrar un modelo de negocio alternativo en un mundo donde abunda la información.

Llegados a este punto, uno se pregunta entonces si vale la pena pasar por la facultad de periodismo. A juicio del experto en nuevas tecnologías Chris Anderson, la respuesta es que sí (al menos valdrá la pena hacer periodismo, aunque no se pase necesariamente por la facultad), tal y como explica en su libro Gratis:

Habrá más, no menos, porque el talento para hacer periodismo va más allá de los acreditados ámbitos de los medios de comunicación tradicionales. Pero ganarán menos, y para muchos de ellos no va a ser en absoluto un trabajo a jornada completa. El periodismo como profesión va a tener que compartir la palestra con el periodismo como vocación. Mientras tanto, otros podrá utilizar sus conocimientos para enseñar y organizar a los aficionados para que realicen un mejor trabajo en sus propias comunidades, convirtiéndose en un editor/orientador más que en un escritor. En ese caso, rentabilizar lo Gratis (pagar a gente para lograr que otra gente escriba por compensaciones no monetarias) puede que no sea en enemigo de los periodistas profesionales. En lugar de ello, puede que sea su salvación.

Ejemplos de periodismo ciudadano están surgiendo por doquier, sobre todo en los lugares donde la circulación de información tradicional está obstaculizada por administraciones y lobbys.

Uno de los casos más espectaculares de periodismo ciudadano es el de Corea del Sur, creado en el año 2000 por OhmyNews, donde 50 periodistas y jefes de redacción profesionales seleccionan, editan y complementan los artículos escritos por más de 40.000 aficionados, desde alumnos de la escuela primaria hasta catedráticos.

Tal y como podemos leer en La economía Long Tail:

Estos voluntarios envía entre 150 y 200 artículos por día, lo cual representa más e dos tercios del contenido de OhmyNews. A cambio, reciben un pago mínimo: si la noticia aparece en primera plana (donde sólo aparece una pequeña fracción de esos artículos), el autor cobra aproximadamente 20 dólares. ¿Por qué lo hacen? Porque “están escribiendo artículos para cambiar el mundo, no para ganar dinero”, dice Oh Yeon Ha, el fundador del sitio.

Lo que permite un mundo con herramientas de creación, edición y distribución baratas y fáciles de usar es que la información abunde. La inteligencia emergente ordenará dicha información de un modo práctico, como sucede con Wikipedia o Menéame. En otros casos, será necesario que profesionales y eruditos jerarquicen la información o le añadan un plus de verosimilitud. En otros casos, existirán profesionales cuyos contenidos, habida cuenta de su profundidad e investigación, podrán rentabilizarse monetariamente, ya sea directa o indirectamente. A este respecto, tal vez os interese leer mi caso personal en ¡Admiradme! ¡Queredme! ¡Dadme palmaditas en la espalda! La economía de la reputación y la atención.

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