Existen escritores que aseguran que están vivos, pero una vez leídos sus textos, uno empieza a dudarlo seriamente.
Escribir, en el fondo, es bastante fácil. Sólo hace falta darle a las teclas. Hasta un mono podría hacerlo. De hecho, con la suficiente cantidad de monos encerrados en una gran habitación, todos tecleando aleatoriamente, es posible que con los años aparezca por casualidad una obra respetable.
Otra cosa es si lo que uno lee, luego, le suscita alguna emoción o simples deseos de cerrar el libro y hacer otra cosa más enriquecedora.
Así pues, una vez superado determinado umbral de conocimientos lingüísticos, todo lo demás es cuestión de opinión. Si uno es capaz de hilvanar algunas frases, ya es escritor, digan lo que digan los popes intelectuales que quieren encorsetar el arte mediante reglas intocables.
Si uno escribe que no se entiende, incluso, puede abrir nuevas corrientes artísticas, como lo hizo el dadaísmo. Todo es discutible, todo es arte, todo es bueno y malo.
Tanto es así, que no dudo que pronto aparecerán los escritores no humanos. Libros surgidos de la casualidad, de un ordenador que sigue determinadas directrices o de una Inteligencia Artificial que incluso sabrá emular los sentimientos humanos.
Ser escritor, señores, ya no pinta tanto como antes. Hoy cualquiera puede serlo. Desde un mono hasta un Spectrum. Incluso, algunos autómatas seguro que lo hacen mejor que determinados bestsellers.
En ese sentido, es fascitante hasta dónde se remontan los primeros automáticas escritores. Algo así como un Dan Brown pero sin corazón, como el hombre de hojalata de El mago de Oz. (Bueno, quizá Dan Brown tampoco tenga corazón).
En la Europa del siglo XVIII y XIX se originaron criaturas extraordinarias de una complejidad mecánica considerable: autómatas y androides de Vaucanson, androides de Jaquet-Droz, cabezas parlantes del Abbé Mical, falsos autómatas y máquinas parlantes del Baron Von Kempelen, el autómata con reloj de los Maillardet, el autómata androide de Kintzing, el autómata escritor de Von Knauss, el autómata falsificado de Robert-Houdin, autómatas “pigmeos” de Stèvenard, etc…
El escritor autómata escribía, literalmente; aunque sin demasiada originalidad (como algunos bestsellers, claro).
Hacia 1772, después de seis años de duro trabajo, el virtuoso relojero suizo Pierre Jaquet-Droz presentó un pequeño autómata capaz de escribir sobre el papel con una apariencia casi humana. Compuesto por más de 6.000 piezas, el autómata asombró a los más importantes mandatarios del momento y recorrió las cortes europeas durante meses, hasta el punto de que llegó a encargarse una réplica para el emperador chino.
El mecanismo de Jaquet-Droz era capaz de escribir con una meticulosidad que ya quisieran muchos calígrafos humanos. Al movimiento de la pluma le acompañaban algunos gestos muy humanos, como el hecho de que siguiera el texto con los ojos, mojara la pluma en el tintero o la sacudiera ligeramente para no manchar el papel. A veces, el autómata levantaba la vista y se quedaba un instante con la mirada perdida, como si estuviera sumido en un arrebato de inspiración.
El autómata podía escribir cualquier frase en cualquier idioma, gracias un complicado mecanismo interior dotado de una rueda que permitía seleccionar los caracteres y el orden en que debía escribirlos. Se dice que durante aquellos años Jaquet-Droz paseó a “El Escritor” por toda Europa y se sirvió del autómata para hacer una pequeña burla de las teorías de Descartes, ajustando el mecanismo para que escribiera la frase “Pienso, luego existo”. Como un Terminator literato, vamos.
Hoy día, “El Escritor” se conserva en junto a otros autómatas ideados y fabricados por Jaquet-Droz en el Museo de Arte e Historia de Neuchâtel, en Suiza.
Escribir, como véis, no es tan difícil. La mayoría de escritores son, somos, simples autómatas alimentados por una nube de memes generada entre todos. Pero como la gente se resiste a creerlo, muchos de nosotros puede vivir en mansiones gracias a las ventas de nuestros libros producidos en serie.
Pobres ingenuos.

Comentarios
Muy cierto... Irónicamente cierto...
interesante
Estoy de acuerdo con este articulo en buena parte. Es muy objetiva esta afirmación: "Una vez superado determinado umbral de conocimientos lingüísticos", ya escribimos. Pero escribir BIEN para hacer una bella obra de arte, ya es diferente. No depende todo de la subjetiva opinión o modas de cierta epoca (parafraseando a Nietzsche: "Las modas van y vienen, se trata de una vieja comedia"). No podemos dejarselo todo a los subjetivos gustos, opiniones o modas, pues ellas tienden adolecer de prejuicios, parcialidades, sesgos, discriminaciones o decadencias (asi como hay modas decadentes, hay artes y artistas decadentes). Si llevamos este subjetivismo al extremo (solipsismo, locura), seria el "aurea mediocritas" de los que no se esfuerzan, "La rebelión de las masas", el triunfo de la chusma mediocre que dice por ejemplo que el regueton es igual o mejor que "El anillo del Nibelungo" de Richard Wagner, simplemente porque a ellos les gusta el regueton y no les gusta Wagner (confunden gusto con conocimiento). No me extiendo más, porque creo este articulo es como una continuación de esa serie de "...Hamlet es una porqueria..." y ahí ya hice mis comentarios aclaratorios.
interesante
De acuerdo contigo, Yunni, no es lo mismo gusto que conocimiento. Tal confusión esconde un deseo de reconocimiento individual y de aceptación social, algo un poco paradójico. El cultivarse de forma libre, caótica, democrática, huyendo de parámetros establecidos sí me parece de exquisito gusto, se tenga el que se tenga.
Me considero griego en lo clásico, esto es, en el afán de debatirlo todo, de ser político a nivel también de buenas conversaciones, de ésas en las que es más importante lo que dice el otro/los otros porque mi opinión ya la conozco, como decía Bernard Shaw.
Y hablando de modas, "la moda es un espanto tan grande que tenemos que cambiarla cada seis meses" Oscar Wilde. Bravo por el cambio, no nos aburramos.
Por cierto, gracias, Yunni por incluirme como experto. Un honor y un placer
Como digo más abajo, espero leerte y que me leas, de la mejor manera.
Abrazos
Bueno, quizá a la Literatura con sus autores le ha pasado lo que al Cine con los actores: cada vez hay más, antes parecía ser una actividad reservada a unos pocos, o más específicamente el reconocimiento social a esta labor...
Celebrémoslo: la Literatura, como el Cine, se democratiza... o se encarniza por la competencia? Ummm En todo caso se amplía su variedad, ya no hay unos vectores tan fijos...
Aunque simpre habrá quien se preocupe por fijar y seguir un legado "más clásico", creo que es positivo: ojalá escribamos todos en no poco tiempo con la dedicación de un autor
Menos ego y más variedad
Espero leerte pronto
Espero que me leas en breve
De la mejor manera posible
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