Como se prometía en la anterior entrega de esta serie de artículos, transcribiremos ahora El mundo de las palabras, del psicólogo cognitivo Steven Pinker:
Los historiadores convienen en que existió un hombre llamado William Shakespeare que vivió en Stratford-on-Avon y en Londres a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII. Pero durante siglos se ha dudado de que ese hombre compusiera las obras que se le atribuyen. Quizá suene esto igual que la teoría de que la CIA hizo estallar el World Trade Center, pero así lo creyeron seriamente Walt Whitman, Mark Twain, Henry James y muchos estudiosos contemporáneos, y esta idea se basa en toda una serie de hechos condenatorios. Las obras de Shakespeare no se publicaron mientras vivió, y en aquella época la autoría no se registraba tan minuciosamente como ahora. El propio hombre no tenía estudios, nunca viajó, tuvo hijos analfabetos, en su ciudad se le conocía como hombre de negocios, no se le hizo panegírico alguno cuando falleció, y en su testamento no dejó libro ni manuscrito alguno. Incluso los famosos retratos no se pintaron mientras vivió, y no hay razón para pensar que se parecieran al hombre en cuestión. En aquellos tiempos, escribir obras de teatro era un trabajo de dudosa reputación, de manera que es posible que el verdadero autor, que, según diversas teorías, puso ser Francis Bacon, Edgard de Vere, Christopher Marlowe y hasta la reina Isabel, quisiera mantener en secreto su identidad.
Lo relevante de esta teoría de la conspiración no es si Shakespeare existió o no realmente. Lo importante es imaginar qué pasaría si se demostrara sin ningún género de dudas que Shakespeare no fue no autor de Hamlet. ¿Qué implicaciones acarrearía una afirmación como ésta?
Obviamente, Shakespeare caería en el descrédito. Pero ¿Hamlet perdería algún tipo de virtud? En absoluto. Hamlet nos parecería una obra igualmente interesante. Hamlet se tornaría anónimo, y entonces no adoraríamos a Shakespeare, sino la obra en sí. Con esto se trata de demostrar que la estructura de producción editorial entorno a la obra de Shakespeare no se resentiría. ¿Ocurriría algo diferente si los libros contemporáneos dejasen de estar firmados por una persona, si ya no se produjeran presentaciones oficiales del autor de la obra frente a un público expectante? Visto lo expuesto, es difícil decantarse pero ¿realmente es tan importante mantener una falacia para preservar un negocio, en este caso la venta de libros?
Pero existe otra razón para que los autores sean tan o más importantes que las obras que escriben y que los consideremos seres especiales y poco comunes. Las vacas sagradas también existen debido a que tenemos un grave problema a la hora de operar con números grandes. No hay que olvidar que nuestros cerebros se forjaron hace miles de años, en otras circunstancias muy distintas a las actuales, y que nuestro estilo de vida es muy exiguo en comparación.
Los homínidos de los que descendemos vivían en un mundo del que podían ser expulsados en cuanto bajasen la guardia: el número de individuos era escaso y las condiciones de supervivencia, difíciles. Así que sólo se reproducían los hombres que tuvieran esto muy en cuenta: los hombres y mujeres que gustasen de practicar sexo y reproducirse y los hombres y mujeres que tuvieran mucho miedo de extinguirse, mostrando dolor y preocupación cuando alguien cercano moría o enfermaba.
Antes, también, los homínidos convivían en comunidades pequeñas, de 40 o 50 individuos, por lo general, y todos los integrantes de estas comunidades tenían funciones importantes para la supervivencia general de la comunidad: si uno de ellos moría, era preocupante; si morían 20, la comunidad probablemente sucumbiría al completo. (Por eso hoy en día nos siguen llamando la atención las cifras de víctimas en accidentes de tráfico aunque, porcentualmente, no supongan un menoscabo importante para la supervivencia de la especie; al menos nos llaman excesivamente la atención por la incidencia mediática en la noticia si lo comparamos con la cifra de muertes por accidentes en los cuartos de baño, mucho mayores que las de tráfico).
Así pues, si el entorno mediático es el apropiado, la vida de diez personas nos puede importar más que la vida de diez mil. Porque diez personas son computables por un cerebro criado en comunidades pequeñas, pero diez mil escapa a nuestra imaginación.
Vertemos más lágrimas y furia por la historia individual de una asesinada con cobertura informativa importante que por la noticia de las decenas de muertes por hambruna que se suceden durante los segundos en los leemos estas líneas. Del mismo modo, prestamos más atención al logro de una persona (o un número asequible) que el logro de una sociedad por haber favorecido un ambiente concreto para que dicha persona plasmara ese logro.

Nada nuevo en esta tercera parte, Sergio. Fuese quién fuese realmente Shakespeare, el caso es que hubo un genio, y solo uno, que escribió esas obras, y por supuesto el mérito es de él, y no de "una sociedad por haber favorecido un ambiente concreto para que dicha persona plasmara ese logro". Te invito a leer el post que he escrito al respecto de esta polémica abierta contigo en mi blog, más que nada para que tú también tengas derecho a réplica allí: http://hectorvelasco.wordpress.com/
Todavía queda un artículo más de esta serie, pero intento responderte más personalmente dado tu interés, Héctor:
La pregunta principal que deberías responderme es si tú confías en la meritocracia. O, en otras palabras, si tú crees que la gente brillante triunfa por el hecho de ser brillante y nada más. Mi postura al respecto, después de haberme zampado algunos libros sobre memética, psicología cognitiva y sociología, es que el éxito no simpre está relacionado con el talento. Pero lo más importante es que el éxito sólo lo reservamos para una minoría debido a un defecto en nuestro cerebro, que viene de serie, herencia de nuestros ancestros, por el cual somos incapaces de imaginar la gente que existe en el mundo.
Si yo te digo que somos 6 mil millones de habitantes, por ejemplo, aunque creas lo contrario, eres incapaz de procesar realmente esa cifra. Nuestro cerebro sabe que eso son muchos individuos, pero los computa como un todo, una nebulosa difusa, no particularizando. Por esa razón, resulta contraintuitivo para nuestro cerebro que existan, por ejemplo, miles de autores tan o más brillantes como X autor brillante. Porque nuestra lógica mental impone que hay un genio, dos, un puñado a lo sumo. Pero esto es improbable que sea así por la simple matemática (somo más de los que te imaginas) y por otra cuestión bastante reciente llamada "memética".
Según la memética, todos nosotros somos excelentes imitadores de los demás. De hecho, las bases de nuestro lenguaje, nuestra expresión artística, las corrientes ideológicas, las modas, la música, etc. surgen de la interacción memética. Los memes sería como los genes, pero a nivel informativo, a nivel cultural. En ese sentido, la originalidad no es tal sino la combinación de memes que el autor ha recebido de los demás. Por ello, un autor, en realidad, lo único que hace es copiar parcialmente el mundo memético en el que está inmerso. Y también, por ello, en un ambiente memético con miles o millones de individuos, lo estadísticamente lógico es pensar que existen muchos más individuos que han combinado los memes de la misma forma que el autor brillante.
Sin embargo, las estructuras sociales que nuestros cerebros incapaces de imaginar grandes poblaciones han originado para valorar el genio no permiten, por su propia esencia, que muchos genios aparezcan simultáneamente: ello menoscabaría el genio escogido, reduciría las ventas, complicaría las discusiones sobre crítica de arte, etc. (Internet, afortunadamente, está debilitando estas estructuras sociales, cada vez descubrimos más autores en todas las áreas que son igualmente brillantes; pero las estructuras psicológicas permanecen individualmente, porque, como dije antes, están codificadas en tus genes heredados de homínidos que se desarrollaron en sociedades de pocos individuos).
Siento habértelo resumido tanto (incluso temo que haya quedado un poco ininteligible), pero el tema es demasiado extenso y compete diversas disciplinas. La de la memética, por ser la más compleja, te recomiendo la lectura de un libro que te inicia en el tema: "La máquina de los memes" de Susan Blackmore. Sobre nuestra incapacidad para contar grandes números y que ellos nos afecten emocionalmente, "El hombre anumérico" de John Allen Paulos.
Un saludo y nos vemos en la última entrega de esta serie de artítulos.
Todo eso está muy bien, Sergio, desde el punto de vista de la memética. En mi opinión, quizás hubieras debido empezar por ahí: según la memética, esto y lo otro. Mis comentarios a tu serie de artículos parten de mi experiencia e ideas personales, no a la teoría de uno y del otro. No quiero decir que sea tu caso, pero hay gente que lee a un autor, con unas teorías determinadas, y las aplica a su discurso como si fueran suyas. Por ejemplo, hay quién lee a Schopenhauer y empieza a decir que sí, que al genio no le queda otra que vivir en soledad, sin pararse a reflexionar si él realmente piensa así, o si es que se está dejando influir por su lectura reciente. Con esto quiero decir: por mucho que Susan Blackmore y la memética digan lo que quieran, no hubo varios Cervantes por ahí sueltos en el siglo XVII, escribiendo libros tan geniales como el Quijote, pero que no nos llegaron. Eso es obvio en cuanto uno lee el Quijote. Eso está al abasto de muy pocos. Si hubo mentes presuntamente tan brillantes como la suya, pero en cambio no crearon nada, entonces simplemente no lo eran.
Hola... Soy Ayelén, de Argentina, llegué a esta página empujada por mi curiosidad inagotable, por mis ansias de conocer, de aprender, y estuve leyendo algunas de tus notas. Tengo 26 años, un libro editado, ciertas experiencias traumáticas que me han dado el argumento para esa obra, y transito una etapa de apertura mental que me ha hecho buscar, leer, oír otras ideas, teorías, respuestas. Así me topé con tu opinión acerca de "convertirse en escritor". Me motivaron tus palabras, sólo quería que lo sepas. Mucha suerte. Saludosss
Angel, supongo y espero que sea yo quién te haya inspirado. No queda muy claro en tu comentario; pero, teniendo en cuenta que Sergio considera que las obras se escriben colectivamente, ya que nos quita el mérito a los escritores, que las creamos con mucho esfuerzo y sacrificios, y que lo único que pedimos a cambio es que se reconozca nuestro mérito (eso los que consiguen creaciones interesantes, los otros ni siquiera pueden pedir eso), entiendo que seré yo quién te habrá inspirado.
Perdón, era Ayelén
Ah, aquí confundes términos. Me ha llamado la atención esto último:
/Vertemos más lágrimas y furia por la historia individual de una asesinada con cobertura informativa importante que por la noticia de las decenas de muertes por hambruna que se suceden durante los segundos en los leemos estas líneas. Del mismo modo, prestamos más atención al logro de una persona (o un número asequible) que el logro de una sociedad por haber favorecido un ambiente concreto para que dicha persona plasmara ese logro./
Te lo explico, ¿vale? Lo que nos interesa es aquello que tiene una carga narrativa. Hablaré por mí para que no pueda rebatírseme al menos esta pequeña aportación: me la trae flojísima las miles de personas que mueren en las guerras por el tántalo, en Iraq o en donde sea. Según cómo, también me la va a traer floja las muertes individuales por mucha cobertura mediática que tengan, si no han sido bien relatadas. Somos sujetos narrativos. Dame algo que valga la pena leer. En el fondo hasta me da igual si es ficción o realidad. Es una buena historia la que puede llegar a nuestras pasiones.
Así que sí, efectivamente me fijaré más en los logros de un individuo. Pero al igual que sé sobre la sangre que se derrama por allí a lo lejos, también soy consciente de la importancia contextual de todo aquel que se cruza en el camino de aquel que idea una obra magna, ¿sabes? Pero coño, no vamos a empezar a derramar una lágrima por cada soldado muerto, ni voy a empezar a soltar una alabanza por cada tipo o tipa que tenga una pizca de responsabilidad indirecta sobre el resultado de una obra. Es puro espíritu práctico y, como siempre, tu te vas hacia ideologías idealistas que se quedan en eso: algo ideal que resulta totalmente anti-pragmático.
Por cierto, ya corroboré que te refieres a memética. He investigado el tema meses ha, pero bajo el fenómeno de internet (http://www.dipity.com/tatercakes/Internet_Memes/em...). Quizá para cuando leas esto ya habrás intentado puntualizarme que sí querías decir memética y no mimética. No te contestaré a eso. Puedes darte por contestado aquí.
Por lo demás, creo que te equivocas. Incluso en un número cuasi infinito, siempre se generarán estructuras a lo Campana de Gauss, ¿sabes? Así que sí, siempre podrán extraerse unas vértices correspondientes no a miles de personas, sino a un puñado. Además, dejas de lado consideraciones problemáticas, como la definición exacta del genio. Hablas sobre hipotéticos señorones de igual genialidad que los genios actuales. ¿Pero exactamente cómo estás asegurando que los actuales realmente corresponden a la idea atempoal de genialidad y no son simplemente fenómenos pasajeros?
Soy partidario de lo opuesto, Sergio: creo que estructuras como internet fecilitan, sí, el quizá duplicar la cantidad de genios percibidos. Pero se está abriendo una compuerta que deja salir un auténtico río de mierda en el que flotan unas contadas perlas. No sé qué prefiero, la verdad. Porque con tanta mierda ya va a ser difícil hasta encontrar las perlas que per se hubiésemos tenido sin la necesidad de tamaño medio.
atemporal*
(últimamente la erre me falla un poco)
facilitan*
(joder, debería pegarle un repaso entero, pero estoy con algo de fiebre y en breves me voy a la cama)
#10 Corintio: no tengo nada que objetar a tu pragmatismo. Lo que trato de expresar en el artículo es que nuestro cerebro es incapaz de entender de forma profunda cuántas estrellas hay en el universo. De igual modo, considera imposible que existan miles de escritores tan o más excelentes que los que ha cultura y él mismo ha entronizado (ni siquiera hablo del genio colectivo aquí, sino de personas que han quedado olvidadas porque no "caben" en la estructura social del éxito).
Tal vez pueda desarrollar mejor este punto en la próxima y última parte de esta serie de artículos. Paciencia.