Invéntate tu propia palabra

10 comentarios

Lo que se ha venido a llamar “acuñación recreativa”, es decir, inventar palabras por diversión, puede ser muy entretenido, sobre todo si estas palabras nuevas rellenan lagunas léxicas.

Muchos abordan el asunto de incorporar nuevas palabras a nuestro vocabulario con un recelo acaso excesivo, propio de quienes arrastran un montón de tópicos por bagaje. En el otro extremo, están los que niegan la importancia de mantener unas reglas lexicográficas elementales, que suelen darle patadas al diccionario a la mínima ocasión, más por incultura o desidia que por verdadero convencimiento.

Es difícil, pues, posicionarse en un punto medio sin enzarzarse en diatribas ideológicas acerbas.

Es un fenómeno curioso, pero no nuevo. Los defensores de la primera posición, que suelen ser los más doctos aunque también los menos flexibles, tienen como referente el Diccionario de la Real Academia y consideran una enfermedad venérea la invasión de anglicismos que sufre nuestro idioma. Ellos sostienen: si ya existe una forma de decir algo ¿para qué cambiarlo?

Son sin duda es el tipo más peligroso, pues también es el tipo más respetado y hasta venerado por la elite intelectual. Pero estos señores catedráticos ignoran algo: que el idioma es un organismo vivo que se pliega y se debe plegar a las necesidades cotidianas. Originalmente, por ejemplo, tildar a alguien de “as” era un insulto muy grave, pues se le estaba asociando con un “asnejón”, un “burro”; pero hoy en día nadie se siente ofendido si se le cataloga como el “as del balón”.

Los defensores de la pureza de la lengua ya han aceptado este cambio en el significado de una palabra, pero siguen siendo remisos a asumir otros, y ya no digamos a aceptar nuevos vocabularios, sobre todo si éstos provienen del ámbito de la tecnología o constituyen préstamos de otros idiomas.

A mi modo de ver, pues, los garantes de la pureza del idioma incurren en este error: no hay nada más inútil que un idioma escasamente dinámico incapaz de rellenar lagunas léxicas. Se deben conocer las acepciones de las palabras, por supuesto, y también hay ser estrictos con su uso; pero nunca hay que perder de vista la realidad social en la están inmersas las palabras. ¿Por qué tardó tanto tiempo en aceptarse el verbo chatear? ¿Para cuando MMORPG o upload?

Pero no es el fin de este artículo criticar la estrechura de miras de muchos lingüistas sino animar a los hablantes y escritores a jugar con las palabras, sobre todo con las palabras que todavía no existen. Por ejemplo, las jitanjáforas. Las jitanjáforas son palabras que no figuran en ningún diccionario del mundo y que se emplean en poesía simplemente porque suenan bien: podemos inventar la que queramos, persiguiendo exclusivamente la eufonía.

Luego están las palabras que en círculos íntimos solemos usar a modo de jerga; una jerga que sólo nuestros allegados son capaces de entender. Yo uso mucho la palabra “pirulacho” para designar algo que es divertido, trapisondo o interesante. También he acuñado palabras para alguna de mis novelas, como en Jitanjáfora, donde se emplea con normalidad el verbo “temperar”, que viene a significar el cuidar más la calidad de los conocimientos que su cantidad, el abordar cualquier asunto con objetividad, el no tomarse en serio ni siquiera lo que uno mismo propugna. O incluso, aficionado como soy a bucear en diccionarios, empleo términos en desuso, como “escible”: algo que puede o debe ser sabido.

Temperar” también es esa clase de palabras que rellenan un vacío léxico. Ser inteligente no es exactamente temperar, ni tampoco lo es ser culto, ni rápido mentalmente, ni abierto de mente, ni nada parecido. “Temperar” es, sencillamente, una actividad para la cual no existía antes vocablo alguno.

En ese sentido, Douglas Adams (autor de la desopilante Guía del autoestopista galáctico) publicó el siguiente razonamiento en The Deeper Meaning of Liff: En la vida, hay muchos cientos de experiencias, sentimientos, situaciones y hasta objetos comunes que todos conocemos y sabemos distinguir, pero para los que no existe una palabra. Por otro lado, el mundo está atestado de miles de palabras de repuesto que pasan el tiempo ni hacer nada que no sea holgazanear en señales que indican determinados lugares.

Bajo esta premisa, Adams propuso definiciones a nombres de lugares a los que nadie necesita ir:

-Shoeburyness: la sensación vaga e incómoda que nos invade al sentarnos en una silla que conserva aún el calor del trasero de quien la había estado ocupando.

-Lamlash: las carpetas que suelen haber sobre la mesa de las habitaciones de los hoteles y que contienen informaciones sobre el mismo.

Y es que, además de entretenido, resulta muy útil jugar a la acuñación recreativa de palabras. Aquí propongo una que he vivido en mis propias carnes: en cualquier reunión, tras haber soltado alguna genialidad, la decisión de guardar silencio el resto de la noche para no empañar esa genialidad con alguna obtusidad o incorrección; o sea, retirarse en el momento justo.

Aquí una relación de palabras nuevas extraídas de la columna Style Invitational del Washington Post, el libro Word Figitives, de Barbara Wallraff, y El mundo de las palabras, de Steven Pinker:

-Elbonics: las acciones de dos personas que maniobran para ocupar el mismo posabrazos en la butaca del cine.

-Furbling: andar entre una maraña de cintas en el aeropuerto o el banco aunque no haya nadie más haciendo cola.

-Phonesia: marcar un número de teléfono y, en el preciso instante en que descuelgan, olvidarse de a quién se está llamando.

-Sarchasm: el abismo que media entre el escritor sarcástico y la persona que no se entera.

-Pandephonium o ringchronicity: confusión momentánea que un grupo de personas experimenta cuando suena un teléfono móvil y nadie está seguro de si es o no el suyo.

-Parentriloquism: decir algo a tu hijo para luego darte cuenta de que le dices lo mismo que tu padre o tu madre te decían a ti.

¿Se os ocurre alguna más? Steven Pinker propone algunos conceptos muy comunes para los que no existe le mot juste: una melodía que se nos va de la cabeza; un hecho que se puede aprender cientos de veces sin que se nos quede en la memoria; o el insomnio de las primeras horas de la mañana debido a que la vejiga está llena, pero uno está demasiado cansado para levantarse, ir al baño y dormirse de nuevo.

Sigamos inventando (a más palabras, mayor variedad y riqueza en nuestro catastro léxico). Y que se fastidien los puristas.

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Comentarios

  • 1

    Avatar de Cendrero !

    Muy interesante este artículo Sergio, este tema ha acompañado a los escritores desde siempre, no es solamente algo actual. Por ejemplo, los escritores del barroco ya eran unos genios en esto de inventar palabras. Cómo olvidar la famosa archinariz de la que nos habló Quevedo... o la batalla "nabal" presente en "El Buscón".

    En verdad es todo un ejercicio, bastante entretenido, el de inventarse palabras, puede dotar a una obra de mucha originalidad y frescura.

  • Respondiendo a #1:
  • 7

    Avatar de Teresa Fernández Prieto !

    Cendrero piensa en mi, pobre lectora, el código lo es todo, tengo que conocerlo para traducir al autor.

  • 2

    !
    | 1 estrellas

    Interesante, pero temperar en Colombia significa poner a temperatura ambiente algo.

  • 3

    Avatar de Francisco Martín !

    ¿No es un poco extraño poner como ejemplo de nuevas palabras inventadas unas que han inventado personas que no hablan en español? Desde luego que no son palabras inglesas porque no pertenecen a ningún idioma en absoluto, pero han sido inventadas en un contexto que no es el nuestro y basándose en una cierta cultura que tampoco es la nuestra.

  • 4

    Avatar de kaporrazo !

    Postantropocentrismo- Dicese de las relaciones entre la naturaleza y las comunidades humanas modificadas por el impacto de la biotecnologia haciendo menos visibles las fronteras entre el mundo humano y el mundo natural.

  • 5

    Avatar de Miguel Ortiz !

    ¡Qué grandes ejemplos! Odio hacer frubling, me siento como una hormiga encerrada en un laberinto; creo que soy un experto en hacer elbonics en el cine y sufro phonesia al menos una vez a la semana. A ver si memorizo estas palabras y comienzo a difundirlas...

    -- editado por última vez a las 21:24

  • 6

    Avatar de Teresa Fernández Prieto !

    Que divertido y absurdo!! Me gusta como juego pero no me atrevería a inventar una palabra más allá del ámbito de mi familia.Me asusta un poco.Me parece que las palabras vienen de lejos, son de todos, entre todos las podemos cambiar, podemos robarlas a otros, ¿inventarlas? No se tengo que pensarlo. De todas maneras la propuesta es muy interesante.

  • 8

    Avatar de FacuRamone !

    No es por tirarme de gafapasta o algo asi, y lo digo con onda jaja (y espero no quedar como ignorante) pero, la palabra temperar si existe. Y significa llevar algo a "su punto caramelo" ya sea los pensamientos, como puede ser tocar una pieza musical perfectamente etc. Por ejemplo "el clave bien temperado" Libro de J.Sebastian Bach, y fue hecho hace...bastante jaja.

  • 9

    !
    | 1 estrellas

    Claro ejemplo de "intelectual internetero de todo a cien": argumentos ad populum, falacias organicistas sonrojantes, gramática parda y hermenéutica cultural de primaria.

    ¿Para cuándo MMORPG o upload? Para cuando distingas las diferencias entre un diccionario y una enciclopedia, por ejemplo.

  • 10

    Avatar de corintio !

    Eso de hacer publicidad de uno mismo está feo. Es como si te hubieses mandado una nota de prensa a ti mismo ._.

    Sin embargo, el libro tiene buena pinta. Dime dónde puedo encontrarlo y le echaré un vistazo.

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