Todo el mundo admite que escoger bien una lectura es importante. Pero tal vez no se da tanta importancia a cómo se lee. Sin embargo, cómo leemos puede ser tan importante como lo que leemos.
Dijo el escritor Joseph Epstein que “La biografía de cualquier literato debería ocuparse extensamente de lo que leyó y cuándo, porque, en cierto sentido, somos lo que leemos”. Eso es cierto. Condenadamente cierto. Si uno se fija lo suficiente en la cara de una persona, incluso podrá dilucidar, gracias a su mirada, si ha leído mucho o poco, y también qué clase de lecturas ha llevado a lo largo de su vida.
Pero no voy a hablaros de listas sacralizadas de libros que deben leerse. El gusto literario, a mi juicio, es personalísimo. De lo que voy a hablaros es de la liturgia en envuelve la lectura de un libro. Sin duda algo consustancial a lo que desprenden las propias letras del libro.
Por ejemplo, recordad los lugares donde os habéis refugiado para leer aquel libro tan especial. Cuando pienso en refugios para lectura no puedo evitar pensar en el que escoge Bastian en La historia interminable. O el haz de linterna amortiguado en nuestras lecturas nocturnas, cuando los padres desautorizan permanecer despiertos.
Tengo un amigo que, cada vez que se ponía a leer El señor de los anillos, encendía una pipa y echaba el humo contra las páginas del libro. Cada página, o cada dos páginas, calada y nubecillas de humo espeso, como si uno pudiera sentirse así más cerca de Gandalf y su pipa.
Se cuenta que Maquiavelo solía preparase para leer disfrazándose con ropas del período del escritor que estaba leyendo y que servía la mesa para ambos. Era sin duda una muestra excelsa de respeto por el autor.
Pero uno de los autores que mejor han trasladado la liturgia de ponernos a leer un libro especial, refugiados en nosotros mismos, lejos de las intrusiones de hermanos y amigos, transmigrando (con permiso del teólogo John Dunne) durante un breve espacio de tiempo a un punto de vista completamente diferente al nuestro, es Marcel Proust, que escribe lo siguiente en su libro Sobre la lectura:
Puede que no haya habido en nuestra infancia días más perfectos que aquellos (…) que pasamos con nuestro libro favorito. Todo aquello que tanto complacía a los demás, o eso parecía, y que descartábamos como un vulgar obstáculo para un placer divino: el amigo que venía a buscarnos para jugar cuando estábamos en el pasaje más interesante; la molesta abeja o el rayo de sol que nos obligaba a levantar los ojos de la página o a cambiar de postura: la merienda que nos habían obligado a llevarnos y que dejábamos intacta a nuestro lado (…), todas esas cosas con cuya lectura podíamos sentir cualquier cosa menos fastidio, han dejado grabado en nosotros un recuerdo tan dulce (mucho más precioso a nuestro actual entender que lo que leíamos entonces con tanta devoción) que, si por casualidad hojeamos aquellos libros de antaño, no es más que porque son los únicos calendarios que hemos conservado de los días que se fueron y confiamos en ver reflejados en sus páginas las moradas y los estanques que ya no existen.

Comentarios
Pues es verdad, se debería tener un lugar especial para leer, aunque por avatares de la vida no sea siempre esto posible. Yo soy más bien mundano en este aspecto y nada original. Suelo leer bajo la complicidad de la noche, en la cama, con la sufrida bombilla como burdo remedo de luna artificial salvo cuando llega la época estival como la que ahora mismo disfrutamos y el clima me permite bajar al parque y escoger un discreto banco para disfrutar del aire libre y la luz natural.
También creo que somos en parte lo que leemos y suelo fijarme mucho en la forma en que las personas cogen los libros con las manos, en cómo los tratan, a veces (que no siempre, pues no se debe juzgar sin conocer) con sus gestos puede uno vislumbrar si son lectores asiduos u ocasionales. Psicología de mercadillo, cierto, pero que en muchas ocasiones funciona.
Saludos!
Por dios, dime de dónde has sacado esa imagen que como sea de un producto en venta me lo compro!! xDD
La verdad estoy totalmente de acuerdo, cuando leo algo, ademas de transportarme al momento puedo sentir lo que pasa por lo que siempre busco un lugar especial, no siempre es el mismo, pero siempre hay algo que me gusta, ya sea una buena iluminacion, un cojin, una ventana, algo que hace que el momento sea mejor. Soy de las que les gusta leer grandes libros grandes, de alguna forma me siento mas llena una vez que los termino y si, cuando tiempo despues recuerdo un libro puedo acordarme incluso de lo que llevaba puesto cuando lo empeze o a que me supo el cafe que lo acompaño.
Yo intento encontrar una música de fondo que acompañe al libro pero que no distraiga (muy important, porque si no en vez de meternos en situación nos distrae). Recuerdo a mi hermana leer a Tolkien con discos de música celta y de guitarra de Andrés Segovia, o con el manga-thriller Monster de Naoki Urasawa con el disco Black Aria de Glenn Danzig de fondo. Una de las lecturas más curiosas que he hecho ha sido la de El matrimonio del cielo e infierno de Blake con el disco de Ulver dedicado a la misma obra.
"Si uno se fija lo suficiente en la cara de una persona, incluso podrá dilucidar, gracias a su mirada, si ha leído mucho o poco, y también qué clase de lecturas ha llevado a lo largo de su vida". Estos son los efectos que produce en la cara de una persona la lectura asidua de superación personal:
http://www.bardomane.blogger.com.br/drogas.jpg
Anoche me estaba leyendo Soy un gato de Soseki, tirada en el sofá, con las maletas de las vacaciones sin abrir en medio del salón y con mi amada gata ronroneando en mi regazo. Perrrfecto.
Tengo gafas de leer casi a oscuras cuando mis padres me mandaban a dormir, y yo seguía leyendo bajo las mantas, horas y horas. Tengo un libro, que siempre leo cuando caigo enferma (ya sea una simple gripe o una faringitis crónica). Tengo libros que hacen que me ponga melancólica sólo con mirarlos, porque al hacerlo recuerdo sensaciones y sentimientos de un tiempo pasado, como bien dice Marcel Proust. Hay canciones que también me hacen sentir melancolía o cierta sensación de viajar a otro momento, porque las escuchaba en mis casettes cuando las grababa de la radio, y las escuchaba una y otra vez mientras leía.
Soy de las que leen en la cama, sea la hora que sea, sean las páginas que sean. Es mi ritual. Soy de las que buscan fotos de lugares, y cojen el libro de historia del BUP para situarse. Soy de las que busan música para crear su propia banda sonora.
Me ha gustado mucho tu post. Enhorabuena!
-- editado por última vez a las 20:11
Has traído a colación un asunto importante: el libro-caldito, ese que nos conforta cuando estamos malitos, para leer en la cama y bajo muchas mantas. El mío es El Corsario Negro, será que volver a la infancia es curativo.
Un saludo
Respondí esta mañana, pero se ve que no se llegó a publicar:
Nunca había oído esa expresión: el libro-caldito, ¡pero me encanta! Porque es cierto que una buena lectura te reconforta.
El mío también es de mi infancia-adolescencia: El Ritual, de Margaret May.
Hasta los tiempos de San Agustín de Hipona, como mencionas en otro post, la lectura se llevaba a cabo en voz alta, incluso si era un ejercicio de lectura individual, y ahora van algunas ideas que he dejado en otros comentarios en blog afines y que me parecían oportunas aquí también
Y es que leer en voz alta no sólo era tradición: era una oportunidad de declamar, como se hace con el género lírico, es decir, de poder decidir la importancia y carácter de cada pasaje, párrafo, con las inflexiones de la voz La lectura no sólo era lectura: era la posibilidad de dotarles de mayor significado y personalidad a las palabras y, claro, de escuchar nuestra propia voz recitándolas, con lo que se asimilaba e interiorizaba mejor el texto -y, supongo, era más fácil memorizarlo al hacerlo propio-... Además, al ´hacer vivir´al texto, se convertía en un hecho social, se tuvieran alumnos delante o no: hacíamos partícipes a cualquiera que pasara por allí, fuera instruído o no, en el tema que estábamos abordando. Era como decir "estoy leyendo sobre esto en concreto...o ahora o luego podemos debatir sobre ello" Hemos ganado en rapidez pero perdido en profundidad en el ritual de la lectura... porque es un ritual: depende de cada persona, cada texto, exige concentración, y como vemos, de cómo entiende una cultura el hecho en sí
Pero incluso si se lee mentalmente, no hay que renunciar a unos mínimos, ya que leer por leer no suele ser muy útil ni placentero, que es otra forma de utilidad...
...Si intentas leer lo más veloz posible, incluso sin detenerte a ver el sentido general, entonces te perderás incluso los matices que enriquece una lectura -aunque sea mental- más pausada y reflexiva, sobre todo en novelas... intentar adelantar los acontecimientos, introyectar las características de los personajes o proyectarlas en personas que ya conocemos... y meditar sobre la historia y qué cambiaríamos para hacerla más redonda También ayuda, claro, el profundizar en la historia el comentarla con gente que sienta pasión por la literatura
Abrazos
En realidad de lectura en voz alta es lo más común hasta los albores de la modernidad, habiendo todavía referencias a lo extraño de la lectura en solitario incluso en tiempos de Goethe.
Personalmente sigo disfrutando de la poesía en voz alta, en sesiones de lectura que organizo con una amiga. Todo un placer...
Sí, y aún hay recitaciones de poesía, para grupos pequeños
Yo me refería a que en tiempos de San Agustín el hecho de ver a una persona leyendo en silencio cuando vino a Europa le turbó de tal manera que tuvo que recogerlo en sus memorias: no lo había visto en su vida
Hemos pasado de considerar como convencional la lectura en voz alta -para varios o para uno mismo- al otro polo: ahora lo que no es convencional es este tipo de lectura, aunque coexistan
Abrazos
¿Por qué se necesita un lugar concreto para leer? Lo importante es lo que estás leyendo no dónde lo haces. Yo lo puedo hacer en cualquier sitio, es más, recuerdo qué estaba haciendo o dónde estaba cuando leía algún capítulo que me gustó de algún libro. Puedo leer por el pasillo de mi casa, cuando estoy sentada en el water o mientras cocino, si no puedo soltar el libro que estaba leyendo sentada en el sofà. Puedo leer mientras paseo a mi perro y doy vueltas por mi barrio, saludando al vecindario. Puedo leer en el metro o en el tren, aunque sólo sea para una parada o dos, porque si no leo, qué hago? Puedo leer en las carreteras interminables de la India, haciendo quilómetros y quilómetros, mientras me emociono con la novela. Puedo leer en los aviones y en las interminables horas de espera de los aeropuertos. Puedo leer en mi terraza, apenas sin luz para que no me piquen los mosquitos, para poder soportar el calor. En fins, ¿qué importa dónde? Lo importante es que no puedo dejar de leer si el libro vale la pena.
Una delicia también el disfute de este artículo con los comentarios de los foristas, una grata reconsideración sobre la pasión que compartimos por la letra impresa.
9# El ambiente, el contexto, el placer de la inmersión. Yo la verdad, le debo una disculpa a mi vista... a veces me pongo un par de velas y disfruto leyendo con el reflejo naranja jugando sobre las hojas. Es crearte un rincón donde es más fácil sacar las palabras y transformarlas fuera del libro...
Per eso no quiere decir que un libro no quepa en cualquier lugar.
Ni que decir tiene, que mis gafas de leer son producto de utilizar velas ¡¡¡¡cuando la pila de la linterna ya no daba más de sí!!!!
Por lo demás totalmente de acuerdo contigo.
En mi mas sincera opinión, todos tenemos un lugar, un sitio, especial para leer. Algunos irán a la biblioteca donde con el silencio se aíslan perfectamente del ruido para sumergirse en el admirable mundo que posee en sus manos. Otros, preferirán el banco del parque de siempre... yo personalmente prefiero una cama, recostarme en ella y sumergirme en el libro, sentir lo que siente el personaje, llorar cuándo el llora, saltar cuando el salta, sufrir cuando casi muere, reír cuándo se salva... da igual que afuera pasen 5 camiones de bomberos, 4 ambulancias y 10 coches policía todos con las sirenas al unísono... eso da igual, porque yo no estoy aquí, yo estoy en el libro... ¡cuántas veces mi madre me ha tenido que tocar el pie, sobresaltándome, porque tenía que cenar! y sin embargo, llevaba leyendo sin parar desde las 2 de la tarde pasándose el tiempo mas rápido que lo que dura un suspiro.
Todos aquellos que leemos de forma contínua tenemos nuestro bello rinconcito de lectura, ese lugar en el que leemos siempre o en el que, sin darnos cuenta, preferimos para leer.
(por cierto y sin ánimo de estropear el comentario, ¿ué hay que hacer para poder publicar aquí? Sencillamente me gustaría, he visto que algunos sois escritores y quisiera mejorar en ésto a base de críticas. Mil gracias por la ayuda).
Desde que las bibliotecas se han convertido en un centro de ordenadores conectados a internet, resulta practicamente imposible leer sin que alguien te moleste por el simple hecho de que la mayoría de la gente va a conectarse a la red; una lastima. En cuanto al tema del articulo estoy totalmente de acuerdo, yo ahora mismo no tengo de un lugar acogedor donde leer, y lo noto muchisimo. Espero poder solucionarlo en breve.
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