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Hace unos días, se hizo público el nuevo trailer cinematográfico de la libre adaptación de los cuentos de los hermanos Grimm. Además, el trailer es ‘red band’, es decir, que no está aconsejado para menores de edad, y en él hay superávit de hemoglobina, visceras, lenguaje obsceno y sexo. Podéis echar un vistazo al vídeo que encabeza el post.

Probablemente os parecerá un poco sorprendente haber adaptado una serie de cuentos infantiles para el consumo adulto. Pero no os llevéis a engaño: la crudeza de los cuentos de los hermanos Grimm nada tenía que envidiar a esta nueva adaptación ‘gore’.

En 1815, Jacob y Wilhelm Grimm publicaron un compendio de viejos cuentos populares que, progresivamente habían sido adaptados para niños. Comúnmente conocidos como Cuentos de los hermanos Grimm, esta colección está llena de asesinatos, infanticidios, canibalismo, mutilaciones y abusos sexuales; cuentos de hadas macabros, en toda regla, a pesar de la meliflua adaptación de Disney.

El psicólogo cognitivo Steven Pinker analiza alguna de las historias más conocidas en su libro Los ángeles que llevamos dentro. Por ejemplo, Hansel y Gretel:

Durante una hambruna, el padre y la madrastra de Hansel y Gretel los abandonan en el bosque para que se mueran de hambre. Los niños se encuentran una casa comestible habitada por una bruja, que encierra a Hansel y lo engorda con la idea de comérselo. Menos mal que Gretel empuja a la bruja a un horno encendido, y “la bruja impía muere abrasada de una forma atroz”.

O mirad Cenicienta, cuyas hermanastras, al intentar calzarse los zapatos, se cortan un dedo o el talón para que les encajen:

Unas palomas advierten la sangre y, después de que Cenicienta se haya casado con el príncipe, picotean los ojos de las hermanastras, castigándolas “con la ceguera para el resto de su vida por su maldad y perversidad”.

Para que luego digan que ahora hay un exceso de violencia en el entretenimiento para niños.

Así pues, tal vez la ficción, las novelas, incrementen la violencia de los niños (aunque no hay evidencias científicas de que así sea). Pero más daño haría en general el determinar qué se puede decir y cómo debe decirse, limitando los movimientos del autor, amordazándolo para evitar que algunas personas acaben imitando a los protagonistas de sus obras.

Tal vez las noticias puedan maquillarse para evitar determinado impacto social y emocional. Pero las novelas no son noticias. Las novelas son algo así como ventanas multisensoriales a la vida. Y la vida, lamentablemente, está llena de dolor y sufrimiento, de suicidas, asesinos, pederastas y personajes de similar ralea. Negar eso sería como negar la literatura. Y entonces sólo existiría El mago de Oz.

Y, como habéis visto, cargar demasiado las tintas contra las obras actuales quizá se deba al olvido de las obras que nos criaron a nosotros y a los que llegaron antes: obras tan o más cruentas que las actuales.

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