La novela con las palabras más cultas, rebuscadas y altisonantes que has leído nunca

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Cuando era adolescente y soñaba con convertirme en escritor, una de las tareas que consideré imprescindible para lograr mi hazaña pasó por leerme en diccionario, de la primera a la última página (sí, lo sé, los adolescentes tenemos ideas muy locas).

Curiosamente descubrí que la tarea no era tan tediosa como imaginé, hasta el punto de que me lo leí dos veces. Aprendí muchas palabras nuevas, redefiní otras que ya creía conocer, y también llevé a cabo listas de palabras rarísimas que, por su escaso uso, me entusiasmaban. Como si fueran especies biológicas en peligro de extinción. Uno de mis sueños, entonces, fue que algún día escribiría una novela donde aparecieran todas esas palabras, a fin de rendirles tributo. Es más: ¿por qué no escribir una gran obra donde figuraran absolutamente todas las palabras del diccionario, hasta las más cultas, rebuscadas y altisonantes?

Esa idea parece haberla recogido parcialmente Jesús Carrasco (Badajoz, 1972), que en su primera novela, Intemperie (Seix Barral), ha pretendido emplear el lenguaje más complejo posible, tal y como demuestra el siguiente fragmento de su obra:

Buscó en los serones una trenza de albardín que había sobrado del redil y la ató a la retranca. Luego fijó el otro extremo a una piedra caída del castillo y tiró del ronzal. El animal se movió, y la albarda se deslizó por sus cachas hasta caer al suelo.

Una precisión léxica rayana en la obsesión. Todo un desafío para los traductores a las lenguas de los 13 países que han contratado los derechos de publicación del libro. Una obra que entrenará fabulosamente vuestro cerebro, como ya os expliqué en Leer a los clásicos es mejor para tu cerebro que leer a los contemporáneos.

Sueño con el día en que pueda escribir en una novela “goleta”, “balandro”, bergantín”, “falúa”. Sueño con ese día, pero soy de secano. Quiero decir que hay palabras que empleo sólo por la propia sonoridad, y a pesar de ello el lenguaje no es una pantalla que interrumpa la visión de la historia.

Con todo, Intemperie se puede leer. Al menos, eso aseguran mucho de los que lo han hecho, que además han alabado el estilo de Carrasco. La sinopsis de Intemperie es la siguiente:

Un niño se escapa de casa y escucha, dentro de su escondite los gritos quienes le buscan. Una noche se cruzan con un viejo cabrero y, desde entonces la vida de los dos cambia por completo. En el mundo en que viven la moral ha huido y el niño tendrá la oportunidad de decantarse por la razón y la justicia o seguir los ejemplos violentos que vivió desde que nació y que le hicieron escapar.

Por cierto, ¿os gustaría conocer algunas de las palabras que coleccioné de adolescente como si fueran mariposas disecadas? Tal vez os sirvan par abordar el libro de Carrasco con más… soltura:

  • Perspicuo: dícese de la persona que se explica con claridad.
  • Trastesado: endurecido. Dícese especialmente de las ubres de las hembras de los animales cuando tienen abundancia de leche.
  • Estevado: que tiene las piernas torcidas en arco.
  • Eviterno: que tiene principio pero no fin.
  • Sumidad: ápice o extremo más alto de una cosa.
  • Prognato: que tiene las mandíbulas salientes.
  • Escible: que puede o debe saberse.
  • Virago: mujer varonil.
  • Embaular: comer con ansia, engullir.
  • Zalema: reverencia humilde.
  • Almuerza: porción de algo que cabe en manos juntas en forma cóncava (se echó varias almuerzas de agua en el rostro).
  • Atrición: pesar de haber ofendido a Dios, no tanto por el amor que se tiene como por las consecuencias de la ofensa cometida.
  • Apodíctico: argumento irrefutable.
  • Ortología: arte de pronunciar bien.
  • Onicófago: que se come las uñas.
  • Acerico: almohadilla para clavar alfileres.
  • Acmé: mayor intensidad de la enfermedad.

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