La obsesión de lo políticamente correcto: la rueda del eufemismo

14 comentarios

Miembros, miembras, negros por hombres de color, oh, my God por Oh, my Gosh. La obsesión por dulcificar las palabras para así mostrar mayor respeto o exhibir un pensamiento más puro es el pan de cada día.

Sin embargo, este ejercicio es un tanto estéril porque se basa en una mentira comúnmente creída: que las palabras modelan nuestra mente.

Actualmente existe una gran presión para sustituir determinadas palabras que se consideran raciales o de connotaciones despectivas por palabras más neutras y eufemísticas. La idea que subyace a esta estrategia es que las palabras y las actitudes son tan inseparables que podrían predisponer las actitudes de las personas.

Una idea que de ningún modo ha sido autentificada, y que además resulta infructuosa a la hora de cambiar a la sociedad. Por ejemplo, en 1994, Los Angeles Times prohibió en sus publicaciones unas 150 palabras de este tipo: inválido, minusválido, hijastro o Canuck (canadiense en sentido peyorativo). En el ámbito público español, la palabra “negro” ha sido sustituida por “persona de color” o incluso por “miembro de la diáspora africana”. En Estados Unidos, la palabra nigger (negrata) es casi un crimen. Pero ello no enmienda el problema del racismo ni del desprecio, ni tampoco de los estereotipos, como expresa Steven Pinker:

Los lingüistas conocen bien el fenómeno, al que se podría denominar “la rueda del eufemismo”. La gente inventa palabras nuevas para referentes con una carga emocional, pero el eufemismo se contamina pronto por asociación, y hay que encontrar otra palabra, que enseguida adquiere sus propias connotaciones, y así sucesivamente. Así ha ocurrido en inglés con las palabras para denominar los cuartos de aseo: water closet se convierte en toilet (que originariamente se refería a cualquier tipo de aseo corporal), que pasa a bathroom, que se convierte en restroom, que pasa a lavatory.

Esta obsesiva sustitución de términos demuestra que las palabras no son las que modelan la mente de las personas, sino los conceptos. Podemos bautizar un mismo concepto con diferentes nombres, pero el concepto permanece, y acabará invadiendo al nuevo nombre.

Mientras la gente tenga una actitud negativa, por ejemplo, hacia las minorías, los nombres para designarlas cambiarán incansablemente sin que la actitud cambie. Ser machista o no serlo, pues, no depende de si empleamos lenguaje sexista. Tampoco si empleamos palabras racistas. Sabremos que hemos conseguido respetarnos mutuamente cuando los nombres permanezcan inmutables.

Vía | La tabla rasa de Steven Pinker

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Comentarios

  • 1

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    | 1 estrellas

    Por artículos como estos, amo este blog.

    O sea, que por lo que he entendido, las actuales palabrotas eran antiguos eufemismos.

  • 2

    !
    | 1 estrellas

    Yo también lo amo. Siempre hay artículos interesantes, y me gusta mucho el estilo de él.

  • Respondiendo a #2:
  • 10

    Avatar de Yunni !

    ¡Ja ja ja, señorita Delgado ¿A quien ama, al blog o al señor Parra? (es solo broma, por favor no se vaya a molestar).

    He notado que a los españoles politicamente correctos les molesta referirse a nosotros como sudacas. A mi, por el contrario me resulta curioso: Pues suena como a una tribu indigena de aqui de suramerica.

  • 3

    Avatar de canelamad !

    Creo que no hay palabras racistas ni machistas, hay intenciones en el uso. A veces parece que la corrección política viene dada por una especie de defensa maniática, como si difuminando la palabra, se escatimara el concepto. Tengo un amigo negro que detesta que le llamen "morenito", dice no tener ningún problema con ser negro. Ahora, hay palabras que pueden resultar terriblente ofensivas si se usan mal, como en el malhadado caso de Sánchez Dragó que se refería a las lolitas que "le sedujeron"[!!!] como "las muy putas", independientemente de lo improbable que suena, una mujer que tiene relaciones sexuales con otra persona sin que medie intercambio monetario, no entra en la definición de puta. La palabra, sin embargo, es correcta, para definir el oficio de las meretrices y no entiendo el recurrente eufemismo de "trabajadoras del sexo" en este caso.

    Es fácil renombrar la realidad, lo difícil es cambiarla.

  • 4

    Avatar de lvm !
    lvm | 2 estrellas

    En el afán de ser "Políticamente Correctos", nos estamos cargando el español.

    Me explico, hay palabra que recoge el diccionario de la RAE, y que mucha gente, no se atreve a utilizar, en especial, los políticos, medios de comunicación, etc.

    ¿Por qué se ofende a un ciudadano de Senegal, si le le llama negro?. ¿Por qué se ofende a una persona, procedente del Magreb, si se le llama moro?

    Por no mencionar, la moda de españoles y españolas, compañeros y compañeras, hasta llegar al absurdo y ridículo miembros y miembras.

    Tenemos una de las lenguas, más ricas del mundo y no nos atrevemos a usarla, como es debido, por miedo a ofender.

    Afortunadamente, creo que sólo tienen, este absurdo y ridículo problema, un grupo de gente muy concreto, porque en la calle, a un negro se le llama negro y a un moro se le llama moro, y no pasa nada.

    Parece que el pueblo llano, tiene más sentido común, que los que nos gobiernan, que por un voto, son capaces de lo que sea.

    Los votos se ganan trabajando por el país, y no dando patadas al diccionario.

  • Respondiendo a #4:
  • 6

    Avatar de zereal !

    Sí y no, me explico:

    Argumentas que un ciudadano de Senegal no debería recibir como despectivo el nombramiento de "negro" en referencia a él. ¿Es que "Negro" define su ciudad de origen? ¿O es acaso su color de piel lo que define?

    Moro, en nuestro idioma, sí que define el origen del referido.

    Hay que saber para qué son usadas las palabras, es el uso de ellas el que define al que las pronuncia.

    Hasta luego, "blanco" ;)

  • Respondiendo a #6:
  • 7

    Avatar de lvm !
    lvm | 2 estrellas

    Está claro que los ciudadanos de Senegal, Sierra Leona, Costa de Marfil, Congo, Camerum, Burkina Faso, Mali, etc., son mayoritariamente negros y llamarlos negros, en ningún caso, debe ser un insulto.

    Tampoco es insulto llamar gitano a una persona de raza gitana, aunque su piel sea blanca y tenga ojos azules.

    Llamar a las cosas por su nombre, no debería considerarse insultante, lo que ocurre es que somos unos hipócritas, y preferimos curarnos en salud, aunque sea pisando nuestra propia lengua.

  • 5

    !
    | 1 estrellas

    Ha sido un placer leer este artículo, Sergio, de verdad. Pero los comentarios también son de agradecer. Qué bueno haber llegado a la página ;) A mi juicio sí son las palabras las que modelan las mentes, sólo que movidas por una fuerza mayor que son las actitudes y los conceptos, siempre buscando el mal menor para la mayoría. Así, en lugar de decir 'gabacho" digo "francés". Sobre todo cuando es algo público. No podéis olvidar, y espero que tampoco negar, que las palabras tienen connotaciones. Véase el ejemplo de arriba. Y sobre todo los políticos y los medios deben saber y saben cuándo referirse a un mismo hecho como "violencia" y cuándo conviene hacerlo como "terrorismo". Y ambos podrían ser correctos. Pero el significado es muy diferente. Y al lector/espectador/oyente le ayuda a comprender los hechos según el prisma que al medio/partido político le interese. Las palabras sí modelan aunque temporalmente, y efectivamente éstas dependen de los conceptos, que no varían.

  • 8

    Avatar de Teresa Fernández Prieto !

    las palabras moldean la realidad. Los conceptos son el esqueleto y las palabras su vestido.

    ¿Que me decís de la palabra gordo? Es uno de los insultos por antonomasia sin embargo debiera ser un adjetivo que sólo(yo todavía lo pongo con tilde)define una realidad, un atributo que no es insultante en si mismo pero que en nuestra sociedad donde impera el Culto al cuerpo es algo innombrable.

    AH! aquí viene el tema de la connotación, el sentido, la intención del hablante o escribiente...En esa intención está el problema y hemos de reconocer que las palabras pueden ser dardos que hieren, pueden ser bálsamo que cura, pueden ser.....Ay! las palabras...

  • 9

    Avatar de H3CNO !
    H3CNO | 2 estrellas

    Estoy completamente con lvm #4 a pesar de que, naturalmente, yo también hago el ejercicio hipócrita de usar "hombre de color" (salvo en confianza, claro).

    Me parece absurdo que para referirte a un enano esté mal visto decir "el enano" cuando, por ejemplo, no conoces su nombre . Me parece estúpido tener que decir "el de la chaqueta azul" para que me contestasen "¿quién?¿el enano?

    Creo que el problema es que damos por sentado que el referido debería estár acomplejado (el enano, el negro, el gitano) y al utilizar el eufemismo lo único que hacemos es reforzar la obligatoriedad de su acomplejamiento.

    A nadie le importa que se refieran a él mismo como "el alto", "el delgado", "el rubio", "la pelirroja", "el valenciano"... Pero ya no es tan agradable "el gordo", "el calvo", "el tartamudo". Y mucho menos "el cojo", "el de las greñas", "el canoso", "el enano"... Porque son atributos que se consideran defectos y hay que eludir nombrarlos. Si eludimos decir negro estamos dando por sentado que es un defecto. Y no deberíamos darlo por sentado, pues realmente todos los negros son negros y no se trata de ningún defecto sino de una pigmentación adaptada mejor a determinado ambiente.

  • 11

    interesante

    Avatar de empresaurio !

    En la comunicación social creo que lo importante siempre es la intención, a la que se supedita el lenguaje, medio para conseguir un fin: manipular, encubrir, engañar, trivializar, relativizar, suavizar, ayudar, aliviar y, sobre todo, guardar las apariencias y quedar bien. Ya sólo hablamos con franqueza con nuestros allegados. Y no siempre.

  • 12

    !
    | 1 estrellas

    Muy a proposito con la invitacion al concurso de poesia, al leerlos en esta muy divertida palestra, pues me salio al tiro estas rimas que hay les dejo... Coincido con los oyentes al revelar el secreto que se guarda en el concreto del verbo del escribiente. A el le parece prudente: que negro debemos llamar solo al que a desayunar tenemos siempre presente, mas para evitar dolor si hablas de un desconocido, evitando parecidos, llamale hombre de color. Mas si es de la Andalucia o de la costa de enfrente no importa que por tu mente moro llames a su usia, pero si en la algarabia de gordo tratas a alguno recibiras del moruno una increpacion discreta: -no se meta con mi dieta y no sea inoportuno! Lo cierto es que hay que tener adjetivos “reservados” solo para ser usados politicamente bien.

  • 13

    !
    | 1 estrellas

    Que a cualquiera se le va un hay, por un aji, o por un ahi...venga que aqui en USA no usamos maquinas con acento....

  • 14

    Avatar de hernandodesoto !

    Bueno, no sólo importan las palabras que empleemos sino el tono con que lo empleemos: uno tono distinto ya denota discriminación, la mayor parte de las veces negativa. Destacar en demasía la raza o el origen de una persona obviando el resto de cualidades podría ser también discriminación: pasa de tener nombre, apellidos, una personalidad y una historia única a ser únicamente el miembro de un colectivo, representando lo que de bueno y malo se le ocurra al que alberga estereotipos más o menos obtusos.

    Pero claro, también podemos caer en el otro extremo: pasar de llamar a alguien negro -por convención, que no por realidad: las únicas personas que he visto con la piel negra son víctimas de quemaduras de tercer grado, aunque sí que he podido ver a docenas de personas procedentes de África con la piel en varios tonos de marrón- a llamarlo ´de color´ es, sencillamente, ridículo. ¡Ni que los que no lo son fueran transparentes!

    Abrazos

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