La lengua es la herramienta del escritor, el transductor que permite que el lector lea el pensamiento del autor. Así pues, el lenguaje influye decisivamente en el proceso de escritura pero también en el de lectura.
Y a la hora de escoger una lengua también el escritor queda supeditado a sus limitaciones. La lengua, en ese sentido, también determina el alcance de lo narrado, la profundidad de los sentimientos, el prisma multifacetado de las sensaciones.
Incluso los colores que existirán en la novela y cómo serán estos colores.
Hay sociedades a las que el color les ha preocupado relativamente poco, de modo que se han apañado con una clasificación cromática muy rudimentaria. Otras, por el contrario, han efectuado muchas distinciones finas entre tono e intensidad dentro de cada uno de los colores básicos, expandiendo de forma geométrica sus vocabularios.
Cada sociedad usa de 2 a 11 términos básicos para el color. El español usa los 11: negro, blanco, rojo, amarillo, verde, azul, pardo, púrpura, rosa, naranja y gris. Otras lenguas, como la dani, usa sólo dos: blanco y negro, como los escaques de un ajedrez.
Luego hay lenguajes que emplean 3 términos: negro, blanco y rojo.
Los lenguajes con sólo 4 términos tienen palabras para el negro, el blanco, el rojo o el verde.
Los lenguajes con sólo 5 términos tienen palabras para el negro, el blanco, el rojo, el verde o el amarillo.
Los lenguajes con sólo 6 términos tienen palabras para el negro, el blanco, el rojo, el verde, el amarillo y el azul.
Los lenguajes con sólo 7 términos tienen palabras para el negro, el blanco, el rojo, el verde, el amarillo, el azul y el pardo.
No existe tal precedencia entre los cuatro colores básicos restantes: púrpura, rosa, naranja y gris, cuando se añaden a los siete primeros.
Pero no nos hemos detenido en las 11 palabras asignadas a estas 11 longitudes de onda. Como señaló el lingüista británico John Lyons, el reconocimiento de un color en el cerebro no conduce necesariamente a un término que denota sólo la longitud de onda de la luz. Con frecuencia se inventan otros términos para incluir también otras cualidades, en particular textura, luminosidad, frescor e indelebilidad.
Por ejemplo, en hanunóo, un idioma malayo-polinesio de las Filipinas, malatuy significa una superficie parda, húmeda, brillante, del tipo que se observa en el bambú recién cortado. Marara, por otro lado, es una superficie amarillenta, endurecida, como la del bambú envejecido.
Nosotros tendemos a traducir malatuy como “pardo” y marara como “amarillo”, pero así sólo captamos una parte del significado, y quizá la menos importante.
Es lo mismo que sucede con la traducción de chloros en griego clásico. Simplemente se traduce como verde. Pero el significado original, profundo, era aparentemente el frescor o la humedad o la humedad del follaje verde.
De esta manera, concluimos que la lengua surge de la realidad que nos rodea. Para los que viven entre bambú, los colores se convierten casi en propiedades del bambú. Y, por tanto, su traductor de pensamientos en obras que luego leerán o escucharán sus habitantes, estará sesgado por esa realidad. Del mismo modo, las obras literarias que surjan de estas sociedades no sólo estarán lastradas por las cadenas socioculturales sino también por el alcance de sus mismas palabras para referirse a los colores.
Como dice Edward O. Wilson:
El cerebro busca constantemente significados, conexiones entre objetos y cualidades que atraviesan transversalmente los sentidos y proporcionan información sobre la existencia externa. Penetramos en este mundo a través de los portales limitantes de las reglas epigenéticas.

Comentarios
Si no recuerdo mal, suelen decir que los esquimales distinguen entre 20 y 30 tonos de blanco. Creo que es bastante obvio dadas las condiciones de su hábitat. Pero no llego a encajar las culturas que con "blanco y negro" ya están más que satisfechas, me parece algo muy muy extraño y difícil de comprender...
Un ejemplo más de que la lengua se adapta a las necesidades de cada pueblo/cultura. Es interesante este tema, mientras que para un pueblo un determinado objeto (o color en este caso) se puede resumir en una sola palabra, otro pueblo que le de más importancia puede tener múltiples términos para referirse a ella o a sus variaciones.
Al fin y al cabo, es inútil tener palabras que no se van a usar en ese idioma. Y lo mismo ocurre con las diversas jergas, todas adaptan el lenguaje a sus necesidades básicas, eliminando o añadiendo palabras.
Exacto, las palabras que se utilizan en una cultura reflejan a la misma. En mi blog expuse el ejemplo de "occiso" que significa "muerto violentamente".
El hecho de que una cultura, por ejemplo la nuestra, necesite de esta palabra tiene un importante interés a la hora de examinar el tipo de cultura que es. Seguro que si analizamos el lenguaje de pequeñas poblaciones/tribus no tienen una palabra para determinar a las personas que han muerto de manera violenta porque simplemente no la necesitan.
las asociaciones que el lenguaje hace con la realidad, permiten esa riqueza que tiene la literatura (tambien va asociado a las condiciones materiales donde esa lengua se desarrolla y por tanto a la idiosincracia de cada pueblo) tambien permite el eternamente vacilante ejercicio de la traduccion saludos
Cuando era pequeña me llamaba mucho la atención que mi abuela no utilizara la palabra ROJO y la sustituyera por COLORADO. Con los años me enteré de que en la posguerra era inapropiado usar el término "rojo". No es solo producto de un contexto sociocultural amplio la configuración del idioma, las circunstancias políticas pueden hacer variar a corto plazo los usos de las palabras.
lo de rojo y colorado lo he escuchado tambien en buenos aires en donde los grupos sociales de clases altas podian ser distinguidos por usar la palabra colorado en vez de rojo. saludos
Excelente artículo y muy "coloreado" además...
En mi opinión, el español usa en realidad 12 términos básicos para el color, no 11.
Tal vez se trate sólo de una percepción propia de la cultura de mi país (soy argentino, me gustaría saber qué opina gente de otros países hispanohablantes), pero me resulta muy difícil ver al cielo y pensar que es azul, en lugar de asignarle su propio color (celeste).
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