Lugares de fantasía que son de verdad

2 comentarios

Lugares que excitan nuestras retinas, que nos hacen creer de nuevo que en las hadas, los unicornios y el País de Nunca Jamás. Lugares que huelen a genciana, a lavanda, a malvavisco y a cualquiera de esas flores que todos estamos de acuerdo que huelen bien. Lugares donde también ocurren fenómenos literalmente mágicos, todavía más espectaculares que los mostrados en las películas con un gran presupuesto en efectos especiales. Lugares resplandecientes, como si fueran fragmentos caídos del cielo para deleitar nuestros sentidos, con superávit belleza, con esa belleza serena y sobrenatural que nuestro acervo cultural asocia al rostro de Cleopatra. Lugares feéricos, puros e intocados. Lugares oníricos y coloristas, como si se hubieran tragado un arcoiris.

Lugares celestiales, como la Europa que percibían los habitantes de Guinea Bissau en la década de 1970 y 1980: los relatos que los aventureros (los emigrantes) narraban sobre Europa la convertían en otro mundo, un mundo que muchos asociaban al Cielo, pues allí hacía frío, un agradable frío que debía ser obligatoriamente el prometido estado de gloria que según el imaginario mandinga musulmán sucedía a la tórrida vida terrenal; por eso muchos aventureros partían hacia Europa convencidos de que viajaban a la gloria.

También los europeos percibían otros lugares con esta mezcla de misticismo y extrañamiento. Lugares mágicos como lo eran hace siglos Sudamérica. Después de que en 1492, Cristóbal Colón descubriera América, filósofos como Montaigne se sentían imantados por las particularidades de este nuevo mundo, como explica Alain de Botton en su ensayo Las consolaciones de la filosofía:

Montaigne sentía un ávido interés por estos episodios. En la biblioteca circular había varios libros sobre la vida de las tribus indígenas de América, entre los que figuraban la Historia general de las Indias de Francisco López de Gómara, la Storia de mondo novo de Girolamo Benzoni y Voyage au Brésil de Jean de Léry. Leyó que, en Suramérica, a la gente le gustaba comer arañas, saltamontes, hormigas, lagartos y murciélagos, que “cuecen y preparan en salsas distintas”. Había tribus americanas en las cuales las vírgenes exhibían abiertamente sus partes pudendas, las novias participaban en orgías en el día de su boda, los hombres podían contraer matrimonio entre ellos y los muertos se hervían y se machaban en una especie de gachas, que se mezclaban con vino y servían de bebida a sus parientes en alegres fiestas. Había países en los que las mujeres hacían el pis de pie y los hombres en cuclillas, en los que los hombres dejaban crecer el vello en la parte delantera de su cuerpo pero se afeitaban la parte de atrás. (…) los indios tupí de Brasil deambulaban en edénica desnudez sin dar muestras de vergüenza. De hecho, cuando los europeos quisieron ofrecer ropas a las mujeres tupí, éstas las rechazaron entre risitas, sorprendidas de que alguien estuviera dispuesto a cargar con alto tan incómodo.

Otros lugares surgidos de fantasías ampliamente conocidas por la gente son el parque de Stourhead, dedicado a la Eneida y a las Bucólicas de Virgilio; el Strawberry Hill, simulacro de El castillo de Otranto de Horace Walpole; los jardines de Weimar, proyectados por Goethe en memoria de Werther; el parque de Ermenonville del marqués de Girardin, protector de Rousseau, donde se levantaba el Templo de la Filosofía con seis columnas dedicadas a seis hombres que contribuyeron al saber de la humanidad, como eran Newton, Descartes, Montesquieu, Voltaire, Rosseau y William Penn.

O el Jardín de Pamplemousses, a escasos kilómetros de Port Louis, la capital de Isla Mauricio; lugar tan utópico como el dodó que habitaba en él, el pájaro endémico que los pastores extinguieron años ha (porque el dodó se había vuelto tan bueno y pacífico al no tener jamás la amenaza de depredadores que era tonto y confiado) pero que Lewis Carroll conservaría en el ámbar de la literatura en Alicia en el país de las maravillas.

Y también en esta isla de colores primarios podréis contemplar árboles surgidos de una película de dibujos animados psicotrópica, los coloristas flamboyanes, una hibridación de acacia y fresno que en vez de contener clorofila parece contener sangre. Árboles de flores rojas y follaje verde brillante flanqueando carreteras que conducen a casas dibujadas y pintadas por un niño de cuatro años. Isla Mauricio, La sonrisa del Índico, tan etérea y esquiva como la sonrisa del gato de Cheshire. Llena de árboles tan rojos que cortan el aliento. El flamboyant también se conoce por el nombre de Framboyán o Ponciana Real, aunque su nombre científico es Delonix regia. En inglés, con toda la razón del mundo, se llama de formas muy gráficas: flor de pavo real (peacock flower), llama del bosque (flame of the forest) o árbol llama (flame tree).

Los flamboyanes requieren clima tropical o parecido al tropical para sobrevivir, aunque pueden tolerar la sequía y salinidad. Están extendidos y naturalizados en el Caribe, México y la India. En los Estados Unidos crece únicamente en Florida, Hawai, Islas Vírgenes y en especial Puerto Rico. Las vainas maduras sin abrir son usadas por los nativos caribeños como instrumentos de percusión, conocidos como shak-shak o maracas.

Porque el mundo está salpicado de lugares y de cosas surgidas de la fantasía.

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Comentarios

  • 1

    Avatar de Alkar !

    Estuve en Pamplemousses (que significa "pomelos", por cierto) en Junio, es verdad que es una preciosidad. La pena es que los flamboyanes no estaban por completo en flor, es lo que tiene visitar Mauricio cuando allí es invierno.

    El dodo es omnipresente en Mauricio. Incluso aparece en el escudo nacional.

  • 2

    Avatar de nelygarcia.com !

    http://nelygarcia.wordpress.com. La ilusión siempre anhela lugares, o situaciones mágicas creadas por sus propias preferencias: cuando se consiguen siempre son diferentes. Los efectos especiales como Avatar, nos permiten vivir fragmentos de pensamiento, que habíamos leído en algún sitio, con un entorno fascinante. Cuando el lugar está en el texto de una novela, aunque el autor lo describa, los lectores crean ellos mismos el paisaje. La magia y la fantasía, se encuentra en todos los aspectos de la creatividad. Saludos.

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