Dábale arroz a la zorra el abad. Eso es un palíndromo. Reconocer, he ahí otro palíndromo, el más largo que yo conozco. Es decir, que los palíndromos son oraciones o palabras que, leyéndose del derecho y del revés, ponen lo mismo. No hay que confundirlos con el bustrofedón, que consiste en redactar alternativamente un renglón de izquierda a derecha y el siguiente de derecha a izquierda. O los anagramas, ay los anagramas, ese juego de combinatoria de letras capaz de metamorfosearlo todo.
A primera vista, todos estos juegos de artificio literario son muy esteticistas e ingeniosos, pero carecen de sustancia. Es decir, un 10 en plasticidad pero un 0 patatero en narración (en términos generales). Sin embargo, estos rompecabezas de palabras tienen o pueden tener más sustrato de lo que parece.
Los palíndromos, por ejemplo, si los extrapolamos a la música, entonces se convierten en algo muy canónico, como la Ofrenda musical de Bach al minueto y trío de la sinfonía nº 47 de Haydn, llamada justamente Palíndroma. Tal y como explica Piergiorgo Odifreddi en Elogio de la impertinencia:
Los informáticos, además, han estudiado la complejidad del proceso de reconocimiento de un palíndromo, y se han percatado de que el número de operaciones necesarias para verificar su corrección “a ojo”, o sea, yendo adelante y atrás sobre la palabra y controlando símbolo por símbolo, crece con el cuadrado de la longitud: duplicando la longitud de un palíndromo, cuadriplican las operaciones que el cerebro (electrónico) debe hacer para controlar su simetría bidireccional. Lo cual explica, quizá, por qué cuanto más crecen los palíndromos, más aburridos los consideramos.
Los anagramas también son importantes para las matemáticas: mediante su uso pueden representarse todos los grupos abstractos del álgebra, que son el instrumento esencial para las teorías de las ecuaciones, por un lado, y de las partículas elementales, por el otro.
Además, el estudio de los anagramas entra en el llamado análisis combinatorio, al cual se han dedicado el Ars magna (¡un título que es el anagrama de anagrams!) de Lulio y el Arte combinatoria de Leibniz: es decir, los protoevangelios de la que hoy se ha convertido en la lógica matemática, que estudia justamente las propiedades y combinatorias de los lenguajes, tanto naturales como artificiales.
Sobre los oxímoron se han producido investigaciones neurocientíficas recientes. Ya sabéis: el oxímoron es usar dos conceptos de significado opuesto en una sola expresión, que genera un tercer concepto. Muerto viviente, silencio atronador, noche blanca y monstruo hermoso.
Según un estudio que investigadores del Basque Center on Cognition, Brain and Language (BCBL) de San Sebastián, un oxímoron, así como otras figuras retóricas, generan una intensa actividad en el área frontal izquierda del cerebro, una actividad que no se produce cuando se trata de una expresión neutra o de una incorrecta.
En un experimento, los investigadores ofrecieron varias listas de frases incorrectas, neutras, oxímoron y pleonasmos (vocablos innecesarios que añaden expresividad), empleando el mismo sustantivo como sujeto: la palabra ‘monstruo’. Después, se les mostraron estas listas a personas de entre 18 y 25 años y se midió su actividad cerebral cuando las procesaban por medio del electroencefalograma.
Los resultados muestran que cuanto menos natural es la expresión más recursos requiere para ser procesada en la parte frontal izquierda del cerebro: en el caso de los oxímoron, como ‘monstruo hermoso’, 500 milisegundos después de percibirse la expresión se midió una intensa actividad cerebral en la parte frontal izquierda del cerebro, un área íntimamente relacionada con el lenguaje que los seres humanos tienen muy desarrollada en comparación con otras especies.
Tenedlo en cuenta la próxima vez que juguéis con el lenguaje.

Comentarios
Don Sergio, oxímoron en plural es invariable o, como mucho, se escribe oxímoros.
Saludos.
Toda la razón, Pedro. Muchas gracias.
Si grabamos una frase que constituye un palíndromo y luego la pasamos al revés, se entiende la misma frase.
Saludos
Me encanta jugar con los oxímoros. Muy en cuenta los tengo a la hora de escribir canciones.
Qué buen artículo.
"dábale arroz a la zorra el abad", primer palíndromo que me enseñó mi padre, buen artículo, Sergio. Siempre me han gustado los oxímoron, realmente captan la atención del lector o del interlocutor, aunque, como todo, en exceso cansa: hay autores que en sus libros o canciones los usan en demasía, como si no hubiera más recursos. Otros oxímoron, por populares o extendidos, pierden toda la gracia y resultan cansinos, como el "rey campechano". Por otro lado, voy a acuñar el término palíndromo a ciertas personas, sería algo así como "personas a las que, les escuches como les escuches, siempre dicen lo mismo", metiendo en esa categoría a varios políticos, bastantes de hecho, empezando cómo no por Rajoy.
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