Reconozco que, cuando escribo novelas o cuentos, tiendo a ser ampuloso; incluso rozo la pedantería y el esnobismo. Soy perfectamente consciente de que a veces no se me entiende. O se me puede entender de muchas formas distintas.
Pero eso no es, a mi juicio, un rasgo negativo: las novelas no siempre tienen que aportar información clara y objetiva sino estimular el cerebro del lector, favorecer la multiplicidad de interpretaciones, dar de comer a los exegetas. Perderse por las subordinadas infinitas de Marcel Proust o por el hermetismo de James Joyce puede aportar desafíos cognitivos interesantes.
Pero la cosa se pone fea cuando nos enfrentamos a un texto de no ficción: un artículo, un ensayo o una mera opinión taquigráfica por Twiter o Facebook. Es entonces cuando me pongo verdaderamente enfermo. Es algo glandular, instintivo, pauloviano: el que profiere la opinión en términos literarios pomposos o poéticos pierde para mí todo su crédito intelectual. Automático.
Pudiera parecer mi reacción análoga a las de los ex fumadores con los fumadores: acostumbran a ser más agresivos e intolerantes con el humo que los no fumadores de toda la vida. Yo, de natural denso en mi vertiente de ficción, podría entonces cargar demasiado las tintas contra la densidad en la no ficción. Pero no es así. Que yo sea un rompecabezas literario es sólo anecdótico. Porque yo no soy peligroso, los peligrosos son los otros.
Cuando se trata de entender cómo funciona el mundo real, es obligación del escritor comunicar sus hallazgos o reflexiones a los demás de la forma más accesible posible. Porque no caben interpretaciones (de hecho, las interpretaciones son por definición nocivas cuando se explican los principios de la termodinámica o los fundamentos morales de determinado credo).
Ello no imposibilita escribir con palabras cultas o técnicas (aunque habría que evitarlas también todo cuanto sea posible). Lo que resulta casi anatema es el uso de construcciones sintácticas demasiado complejas, el uso de metáforas demasiado poéticas, el guiño cultureta minoritario, los circunloquios, el dar por sentado que tu lector es tan leído como tú, etc.
Si no se siguen esas elementales normas de la claridad expositiva, entonces ya no estamos escribiendo no ficción. Y si lo estamos haciendo, es no ficción ególatra y endogámica, en el mejor de los casos. En el peor: es la simple y llana fantasmada a fin de hinchar lo que en puridad es bastante simple, cuando no incorrecto. Para ello basta leer a autores incomprensibles incluso para especialistas como Lacan o Derrida. Son ladrillos.
Y aquí llegamos al meollo del asunto: si existe una corriente ensayística tan abundante de textos herméticos es porque el hermetismo viste mucho: la reacción psicológica del lector es: si no entiendo casi nada, será porque este tipo sabe mucho. Algo parecido a lo que sucede cuando nos enfrentamos a una pieza de arte moderno consistente en un cagarro dentro de una botella: nuestra falta de reacción íntima nos puede hacer creer que no somos suficientemente cultos, y entonces recurrimos a impostar: de lo contrario pareceríamos abstemios en una orgía de borrachos (basta acudir a una galería de arte para comprobarlo).
En resumidas cuentas, el texto de no ficción latazo surge de las ansias del escritor de dárselas de profundo y de las ansias del lector de no parecer idiota. Por eso, cuando discuto con alguien y me viene con argumentos que parecen más poesías que razones lógicas, no tengo miramientos en soltar: oye, tío, no me entero, ¿me lo puedes explicar como si tuviera 5 años?
Y creo que ahí reside la mejor receta para escribir no ficción: forma para niños de 5 años y fondo para adultos. Es la mejor manera de explicar algo y que se entienda, y también la mejor manera de dejar al descubierto las inconsistencias de lo que se explica.
En la próxima entrega de este artículo expondré algunos ejemplos divertidos de esta impostura intelectual, así como el experimento realizado con un programa de ordenador llamado RACTER.

Comentarios
Creo que también en la ficción (insisto: creo) no deberia haber tanta interpretación. Ahi pienso que influye el estilo del escritor. Generalmente cuando uno escribe ficción tiende a ser claro y busca que la trama se encarge de tener escondrijos y meandros interesantes, sin embargo siempre hay una sensación de que si no enreda, complejiza, y complica la cosa y no hace un "ladrillo", está mal.
-- editado por última vez a las 18:11
Pues yo prefiero los escritos con poca descripción. No me gusta que me digan hasta el último detalle de la fisionomía de un personaje o paisaje. Prefiero tener en claro algunos elementos clave pero poco más. De hecho, valoro muchas veces más las pequeñas novelas que incluso pasan de los nombres (Léase José Saramago) y pasan directamente a los pensamientos, inquietudes y decisiones de los personajes. Sinceramente, prefiero que me dejen un pellizco para la imaginación, porque cuando leo un "señor de los anillos" termino saciado de 1000 palabras describiendo un árbol. La gracia de la literatura es que nos deja un margen a la imaginación, si queremos ser exactos, pues ponemos una foto o hacemos una película y ala, pero por favor, ¡dejadme imaginar ostia! xd
Completamente conforme con lo que dices. La verdad es que muchos ensayos y obras de filósofos importantes explican conceptos muy simples de una manera tan rebuscada que mucha gente no termina de comprender o simplemente se aburren antes de llegar al final.
Tengo en mente el evidente caso de Heidegger, un personaje con el que simpatizo en algunas ideas, pero que simplemente me duele en el alma intentar comprenderlo. Eso de leer una y otra vez, rebuscando las palabras y encontrado significado a cosas que a lo mejor no lo tienen, me pone de los nervios. ¿Y que costaba decir: "creo que esto debería enfocarse así en vez de asá"? pero claro, parece ser que el intelecto y la razón andan ligados de la expresión compleja y rocambolesca.
Como bien dices, cuando se trata de ficción o poesía, es importante tener en cuenta la belleza del lenguaje incluso más que el propio mensaje que mandamos (seamos sinceros, muchos poemas, a fin de cuentas, terminan diciendo cualquier evidencia sobre el amor, el paso del tiempo o las vicisitudes humanas). Pero cuando se trata de algo más relevante, de defender una idea, un concepto o argumentar, esa actitud poética y ambigua debería ser ilegal.
Una de las inteligencias que poseemos se basa en nuestra capacidad para comunicarnos. Eso significa que, si bien tu puedes tener en tu mente la mejor idea del mundo, ésta no te valdrá para nada si no puedes comunicarla a los demás. Y del mismo modo que hay personas que tienen ideas increíbles pero muy mal expresadas, hay personas que tienen ideas mediocres pero que, en contrapartida, son excelentes oradores. Es justo el caso contrario y, sinceramente, no se cual de los dos es peor. Porque detesto ver a los “espirituales” balbuceando falacias como si fueran evidencias con una eficacia tan exagerada que incluso asusta. Y no nos engañemos, esos si que saben transmitir un mensaje (aunque por desgracia dicho mensaje esté determinado a difundir un concepto más falso que real).
PD: No sé si seré el primero en pensarlo/decirlo, pero, ¿no estaría bien que WeblogsSL tuviera un blog de filosofía? tenemos prácticamente de todo, desde videojuegos, ordenadores, publicidad, moda, series, ciencia, literatura... ¿pero y la filosofía? con la de “jugo” que podríamos sacar a ir publicando ideas o autores para dar debate...
+1 al blog de FILOSOFÍA
Buena idea ;D
Yo creo que depende de que libro sea. Una novela, desde luego puede ser confusa o hacerte reflexionar, pero si es demasiado complicada se vuelve hermética como tú dices y ya solo lo entienden tres... Una buena novela, para mí, debe ser compleja hasta cierto punto.
En otro lado estan los ensayos, eso si que lo veo más abierto. Obviamente si quieres escribir sobre alguna matería, tienes que ver como lo quieres enfocar. Si lo haces para divulgación el uso de tecnisismos o expresiones complejas no tiene sentido, porque desde luego no estas cumpliendo tu objetivo. Pero si es un libro para expertos creo que tampoco debe uno cortarse demasiado. Un profesor de Derecho Administrativo me contesto a una pregunta que le hice sobre el excesivo uso de técninisismos en el derecho (Sobre todo en esa asignatura en concreto...), diciendome que para expertos o estudiosos del tema es mucho más fácil y corto entender un texto lleno de conceptos que desarrollar cada uno por si solo.
En conclusión, al escribir siempre tienes que pensar en los lectores a los que te quieres dirigir y su grado de soporte de dificultad claro.
Tendré más cuidado al emitir mis opiniones...La verdad es que escribimos para que nos lean y sobre todo para que nos entiendan. Escribir es fundamentalmente un ejercicio de comunicación lo que pasa que hay varios nivelesy eso no es necesariamente pedantería. Os puedo asegurar que explicar algo a un niño de 5 años es muy complejo tanto en la forma como en el fondo.
Tendré más cuidado al emitir mis opiniones...La verdad es que escribimos para que nos lean y sobre todo para que nos entiendan. Escribir es fundamentalmente un ejercicio de comunicación lo que pasa que hay varios nivelesy eso no es necesariamente pedantería. Os puedo asegurar que explicar algo a un niño de 5 años es muy complejo tanto en la forma como en el fondo.
La clave está, creo yo, en si uno escribe al servicio de la idea o de sí mismo.
Si uno cree en lo que quiere explicar y en la importancia de compartir ese conocimiento, lo hará del modo más claro que sepa. En cambio, si lo que quiere esa persona es que hablen de él, que lo alaben, que le digan lo bien que escribe o lo listo que es, lo hará con todas las florituras superfluas que pueda.
Si no, pensad: ¿Dejaría alguien un texto pomposo o ampuloso sin firmar?
¿Y dónde está la frontera de la complejidad? Una cosa es la pura metáfora poética pero también se hace necesario a veces alcanzar cierto nivel para poder llegar a un concepto o una idea concreta. La clave en mi opinión reside (en la medida de lo posible) en trazar una escalera, es decir, explicar con conceptos universales y poder llevar al lector a términos y razonamientos específicos que definen de forma particular lo que se trata de exponer.
Has dado en el clavo totalmente. Si haces un texto artístico, de ficción, estás en la libertad de hacerlo lo enrevesado y ampuloso que quieras. Se te juzgará por tu capacidad estética. Pero cuando escribes otras cosas, tienes que ser simple, claro, directo. Tienes que transmitir: este es tu principal cometido. El lector tiene que enamorarse de tu texto, tienes que ser elegante. He encontrado que los escritores en inglés suelen tener esto más en cuenta que los españoles. Puedes meter literatura y hacer un texto hermoso, con imágenes brillantes. El lector lo agradecerá. Pero no caigas en el vicio de mucho falso sabio de meter levadura en lo que escribes.
Creo que lo mas dificil al tratar de escibir, es ser preciso, y no "irse por las ramas". He ahi la genialidad a mi parecer.
¿ De verdad?
ampuloso, sa. (Del lat. mediev. ampullosus). 1. adj. Dicho del lenguaje o del estilo y del escritor o del orador: Hinchado y redundante. Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Estoy de acuerdo en las líneas generales de lo que dices, pero no cuando afirmas que "Cuando se trata de entender cómo funciona el mundo real, es obligación del escritor comunicar sus hallazgos o reflexiones a los demás de la forma más accesible posible. Porque no caben interpretaciones". Esto no es así exactamente, sobre todo en las disciplinas para que nos entendamos "de letras", porque se basan en manifestaciones culturales o sociales que no pueden medirse objetivamente como un fenómeno natural, con lo que la interpretación de esas manifestaciones es parte vital de su estudio.
Interesantísimo el post, interesantísimos comentarios de los contertulios. Yo hoy no me mojo con una opinión: en esta clase me quedo de oyente.
rozas??? tus escritos son insoportablemente pedantes
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