Para los que escriben rarito: la pedantería en la no ficción (y II)

5 comentarios

Esto se demostró de forma espectacular con la publicación en 1985 de una colección de poemas e historias cortas tituladas The Policeman´s Beard is Half Constructed. La gracia del libro es que fue elaborado por un programa de ordenador cuyo acrónimo era RACTER.

Para componer las historias y los poemas, RACTER escogía palabras sucesivas al azar de su diccionario. Si la palabra escogida se adecuaba gramaticalmente, RACTER la dejaba y pasaba a la siguiente palabra de la oración. Pero si no se adecuaba, entonces RACTER eliminaba la palabra y buscaba otra.

Las frases que producía el programa eran desatinos sin significado, pero un lector humano con suficiente imaginación podía extraer de ellas significados recónditos. Hasta el punto de que el libro recibió comentarios positivos en los periódicos de mayor tirada.

No quiero que en el ambiente quede suspendida la idea de que rechazo de plano todo lo que haya sido escrito con cierto toque poético o sugerente. Por ejemplo, disfruto como un enano leyendo las a veces crípticas reseñas cinematográficas de la revista Fotogramas, sobre todo a Jordi Costa y Antonio Trashorras, los más proclives a introducir neologismos, préstamos lingüísticos, palabras inventadas y una avalancha de erudición enciclopédica que sólo una minoría versada en la cultura popular puede descifrar.

A veces, de esos tejidos casi inextricables pueden entresacarse imágenes que llegan muy adentro, hasta la médula, por la vía emocional y también racional. Sin embargo, no considero estas piezas paradigmas de no ficción. Más bien son pequeñas obras de arte que, de forma subsidiaria, aportan una opinión sobre una película. Más que críticas acostumbran a ser metacríticas, o florituras para salpicar de sorna tal o cual director de cine.

Con esto quiero decir que la línea que separa lo que debe ser la no ficción clara y la no ficción basada en formulaciones más o menos bellas no está definida. ¿Tal vez la línea venga más definida por las intenciones del texto o el tema tratado? Es entonces cuando al línea queda bien dibujada: si el autor pretende hacer una disección de un tema complejo o espinoso en un ensayo de 200 páginas, la forma no debe prevalecer sobre el fondo. En caso contrario, el ensayo existirá, pero no será un ensayo de pensamiento sino una obra de arte (lamentablemente, a día de hoy aún se conceden premios de ensayo a textos más culteranos en las palabras que en el mensaje).

La esencia de la comunicación, en ese sentido, se quiebra.

Usar lenguaje abstracto para explicar algo es muy tentador, porque entonces el texto posee belleza intrínseca. Vestir ideas simples con lenguaje oscuro transmite muchas más sugerencias al lector, hasta el punto de que lo leído puede llegar a significar cualquier cosa, dependiendo de la idiosincrasia del lector. Pero si pretendemos que las ideas circulen democráticamente entre la gente (las ideas sirven para algo cuando entran a formar parte del cerebro de mucha gente), entonces debemos evitar la tentación de dárnoslas de reyes del mambo.

Tal vez la anécdota más divertida a este respecto sea la narrada por el físico Richard Feynman cuando se tuvo que enfrentar a un artículo escritor por un sociólogo un tanto pedante:

Empecé a leer el maldito papel y mis ojos se salían de las órbitas: ¡No podía entender nada de lo que allí decía! Tenía ese sentimiento de desasosiego de “No estoy a la altura de las circunstancias”, hasta que por último me dije a mí mismo: “Voy a parar y a leer despacio una frase, de forma que pueda meditar qué demonios significa”. Así que me detuve (al azar) y leí la frase siguiente muy despacito. No puedo recordarla con toda exactitud, pero se parecía mucho a esto: “El miembro individual de una comunidad social suele recibir su información por canales visuales simbólicos”. Lo leí una y otra vez, y acabé traduciéndolo. ¿Saben lo que significa? “La gente lee”.

Vía | El miedo a la ciencia de Robin Dunbar

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Comentarios

  • 1

    Avatar de Aylos !

    Recuerdo un pequeño experimento en donde colocaron una brocha con pintura en el cuerno de un rinoceronte y le hicieron "pintar" un cuadro abstracto. Evidentemente, el rinoceronte simplemente se movía de manera aleatoria, sin ningún sentido ni talento artístico. No obstante, ese cuadro fue expuesto más tarde bajo el nombre de un artista importante y todos los "expertos", que no tenían ni idea de que esa obra había sido creada por un maldito rinoceronte, comenzaron a analizarla. Que si los trazos simbolizaban la ansiedad del artista, que los colores representaban el mundo idílico que no podían alcanzar, la textura de la obra era exquisita... total, que al final se llevaron un buen "ZAS" cuando les dijeron que lo había pintado un rinoceronte. Lo importante de todo esto es que llegamos a la misma conclusión que con RACTER. Y si una marca prestigiosa saca un producto horrible, la gente lo defenderá porque pertenece a la marca, relacionando la idea de que el producto es bueno porque pertenece a la marca y no que la marca es buena por la calidad de sus productos (una cosa va antes que la otra).

    Por otro lado, recuerdo que, cuando tomaba apuntes en asignaturas "complicadas", siempre teníamos al profesor soltando gaitas de todo tipo para explicar conceptos relativamente sencillos. Por eso me identifico con esa anécdota de Feynman, porque cuando el profesor dice con 23 palabras cultas lo que tu puedes resumir en 5 coloquiales.

    Y el ejemplo más claro que tengo en mi vida sobre el mal uso de la comunicación es con Matrix. La película en si, pasó por la taquilla y los hogares de muchas personas como "tiene efectos muy chulos pero la historia es un bodrio". ¿Realmente la gente cree que la historia de Matrix es mala? No, en realidad la gente no comprendió de lo que iba y, por lo tanto, terminaron creyendo que era una aventura surrealista con el único pretexto de mostrar unos efectos especiales muy logrados. Pero luego de eso, algunas veces me he molestado en explicar a la gente su argumento con palabras muy simples que cualquiera puede comprender y, sinceramente, todo el mundo quedaba en plan "joder, no sabía que iba de eso" xd. ¿Conclusión? Hablar de una manera empalagosa y culta puede parecer una bella manera de expresarte, pero creo que, cuando se trata de comunicarse, lo mejor es tirar por la eficacia en la transmisión del mensaje.

  • Respondiendo a #1:
  • 4

    !
    | 1 estrellas

    Me ha hecho gracia lo de Matrix. Creo que tienes mucha razón y yo mismo había pensado lo mismo. Pero es un riesgo obvio poner alegorías religiosas y filosóficas (manidas y superficiales, pero ya es más de lo que el género ofrece) en una película de acción. La gente no fue a ver Matrix porque hablara de Platón y del Nuevo Testamento, sino porque había peleas, balas y cámara lenta. No culpo a la gente por no profundizar en una película con envoltorio tan palomitero.

  • Respondiendo a #1:
  • 5

    Avatar de hernandodesoto !

    "Cuando trates de explicar algo, hazlo de manera clara y sencilla, y déjale la elegancia al sastre" o

    "Cuando alguien no puede explicar algo de manera sencilla es que no lo ha entendido demasiado bien"

    Las dos son de Albert Einstein, que, al parecer siempre estuvo en contra de la impostura

    Muchas veces hay gente que lo único que comunica son sus ganas de destacar, sea cual sea el mensaje. La otra cara de la moneda es que lo conveniente es no poner barreras al empleo de todos los registros: vulgar, culto y coloquial, que cada uno tiene su interés. Igualmente triste me parece, por tanto, complicar más los complejos temas a tratar que el hecho de renunciar a un léxico más preciso para no dar a nuestros interlocutores una imagen de resabiado.

    La solución, y esta vez la cita es del Oráculo de Delfos: "nada en demasía" a lo que habría que añadir: "el buen artesano no desprecia por entero ninguna herramienta porque sabe cómo y cuándo emplearlas"

    Abrazos

  • 2

    Avatar de garcilasoes !

    Hola; con respecto a la primera parte de este hilo, lo cierto es que este problema, si es que se puede llamar así, me ha pasado a través de la traducción de obras críticas.

    Por ejemplo, leyendo algunas obras de Gaston Bachelard, me he encontrado escollos en la que tuvo que ser una traducción sencilla y práctica de un genio de una teoría filosófica. Y todo, por el intento de darle un toque filosófico-literario que no hace falta que tenga por el fondo que tiene.

    Uno puede pensar que es normal encontrar dificultades a la hora de traducir una lengua por el posible cambio de realidades y de identidad. Y es una aspecto que comparto hasta cierto punto, sobretodo en literatura. Sin embargo, hay que observar y analizar la gran diferencia que existe entre esas traducciones, hechas en este caso por traductores hispanoamericanos y españoles (las obras de Gaston Bachelard que tengo son del Fondo de Cultura Económica). Parece que leo dos Gaston Bachelard, uno al que no entiendo y otro al que sí y que, no obstante, dicen lo mismo.

    Yo me pregunto, ¿hay que llegar hasta ese punto para querer diferenciarse en la traducción, llegando a hacerlo en obras que no necesitan sino una traducción, repito, sencilla y práctica?

    Por el otro lado, en cuestión de obras que pretenden la divulgación, no dejo de pensar en el factor didáctico. No comprendo qué pretenden los grandes estudiosos enrevesando una lengua para explicar una obra. Ante eso, deberían aprender de Juan Bautista Avalle-Arce, o Rafael Lapesa, como ejemplo de "mucho fondo con forma sencilla". Para lo otro ya tenemos la propia literatura.

    Un saludo.

  • 3

    Avatar de Teresa Fernández Prieto !

    "La gente lee" y cuanto más lee más capaz es de descifrar los mensajes sencillos o crípticos de un texto. Y en eso estamos, más vocabulario, más comprensión, más conceptos. Hay que elegir: Quevedo o Gongora.

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